La industria del automóvil avanza hacia la movilidad eléctrica, y aunque la gasolina y la combustión interna tienen aún para rato, en unos cuantos años los vehículos propulsados por energía eléctrica serán los que ocupen nuestras carreteras. La industria se mueve hacia el futuro, a una velocidad más lenta de que lo cabría esperar, pero al mismo tiempo, poniendo todos los recursos sobre la mesa para liderar un futuro que está pisándonos los talones.
Dado como está la industria, muchos fabricantes están mirando al pasado para avanzar hacia el futuro, hacia los motores más desarrollados de la historia para poder entender como con tan poco presupuesto, se lograron fabricar motores que recorrieran miles de kilómetros manteniendo una fiabilidad extraordinaria. Porque por el momento, el único fabricante que puede presumir de motores eléctricos de gran fiabilidad, aunque sea para la movilidad híbrida, el Toyota.
Por ejemplo, su bloque 2AR-FXE, un motor de gasolina 2,5 litros fabricado para vehículos híbridos y que lleva casi 20 años demostrando su eficiencia, llama la atención precisamente por eso, por su fiabilidad, la que le ha llevado a ser el elegido de miles de personas y profesionales como taxis, flotas o simplemente, usuarios que están obligados por diferentes motivos a realizar miles de kilómetros. Por eso, estos motores han sido objeto de estudio.
El ciclo Atkinson
La resistencia del motor térmico ha sido uno de los grandes quebraderos de cabeza de ingenieros y fabricantes desde que surgieron los primeros motores híbridos. Porque un motor tradicional de gasolina se encendía y estaba pensado para mantenerse funcionando el tiempo que hiciera falta, pero con la movilidad híbrida, eso cambiaba por completo.
Con el avance tecnológico, con la movilidad urbano, ahora un motor se apaga y se enciende constantemente, y cada arranque sigue suponiendo un momento crítico ya que aún no existe una lubricación al completo de todos los componentes internos y las tolerancias térmicas no alcanzan el punto óptimo.
El 2AR-FXE no fue una adaptación a la nueva movilidad, fue un desarrollo específico pensado para la realidad híbrida, y lo diferencial con los motores tradicionales fue el ciclo Atkinson, y a diferencia del ciclo Otto, este lo que hace es mantener abiertas las válvulas de admisión durante más tiempo, durante la compresión. Así, dicha compresión se hace más efectiva, menor, y una expansión más larga de gases de combustión. Para explicarlo de manera más sencilla, se aprovecha mucho mejor cada explosión dentro del motor, pero al mismo tiempo, se generar menos temperatura interna y disminuye el esfuerzo mecánico ya sea en los pistones, en las bielas y en otros componentes.
Eso sí, se pierde algo de potencia pura, pero es ahí cuando juega su papel el motor híbrido, ya que la parte eléctrica aporta el par instantáneo que el motor térmico ya no realiza. Lo que hoy es algo obvio, por aquel entonces no lo era tanto, que esta combinación fuera efectiva a la hora de reducir el estrés mecánico y aumentar la eficiencia sin que se perjudicara la experiencia de conducción.
La ingeniería de Toyota
Más allá de la arquitectura del 2AR-FXE, las soluciones térmicas del motor son parte del éxito y lo que ha generado gran admiración, porque ahora, vistas con el tiempo, son muy acertadas, y más teniendo en cuenta el proyecto innovador que era por entonces.
Una de las soluciones más importantes fue la de incorporar una bomba de agua eléctrica, ya que este sistema permitía controlar el flujo de refrigeración con independencia del propio funcionamiento del motor, lo que aportaba temperaturas más estables, un menor desgaste de los componentes cuando se arrancaba el motor, y por tanto, una gestión térmica más precisa, clave en los híbridos ya que el motor se activa y se desactiva constantemente.
Otro elemento fue la cadena de distribución, frente a las correas tradicionales, ya que reduce el mantenimiento y soporta ciclos mucho más prolongados. Y por último, Toyota evitó el sobrealimentación agresiva o configuraciones de elevada carga específica, así, el trabajo del motor no se veía tan sometido.
Gran rendimiento
Toyota ha logrado con esto fabricar uno de los motores híbridos, por no decir el motor híbrido más efectivo desde que nos acompaña la movilidad híbrida. Toyota fue de los primeros fabricantes en dar el paso, lo hizo a finales de la primera década de los 2000, y a partir de ahí, ha seguido evolucionando sobre una ingeniería que fue un éxito desde el principio, pero que no ha dejado de evolucionar en estos casi 20 años. No solo fue una de las marcas pioneras en apostar por esta nueva movilidad, lo hizo con gran conocimiento, y eso le ha llevado a ser una de las marcas preferidas en el mundo profesional que depende de vehículos para llevar a cabo su actividad.
Su liderazgo es indiscutible, su evolución también, y muchos esperan ya a que terminen de apostar por la movilidad eléctrica 100%, porque aunque parecen estar tomándoselo con carga, muchos creen que, simplemente, no han tenido la necesidad de dar el salto, pero por detrás, seguro que están preparando una revolución tecnológica que ya está cerca de ver la luz.









