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Le acaban de dar el mayor premio científico de China por ayudar a inventar la batería moderna, y ha aprovechado para soltar la bomba: hay que dejar el litio y pasarse al sodio porque el país importa las tres cuartas partes del que gasta

Le acaban de dar el mayor premio científico de China por ayudar a inventar la batería moderna, y ha aprovechado para soltar la bomba: hay que dejar el litio y pasarse al sodio porque el país importa las tres cuartas partes del que gasta

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Por: Autonoción Redacción

Publicado: 13.07.2026 13:20

El litio ha sido y es aún a día de hoy el oro blanco, el rey de las baterías. Es el metal más liviano y con mayor potencial electroquímico lo que, hasta la fecha, le ha convertido casi en irremplazable para el almacenamiento de energía. Sin embargo, poco a poco otros componentes están ganando peso en lo que a baterías y almacenamiento de energía se refiere y hasta el propio «padre de las baterías de litio en China» se ha desmarcado.

Chen Liquan es el héroe que construyó el imperio del litio en el gigante asiático y ha recibido el máximo galardón científico del país. Ha aprovechado esa plataforma y foco para lanzar un mensaje estratégico: el futuro de la batería no es el litio, sino el sodio.

No ha sido una bomba lanzada al aire sin más, ha dado razones clave que sustentan esta opción. La principal ha sido la la abundancia. Y es que el sodio es un elemento hasta 400 veces más abundante que el litio y se extrae fácilmente (incluso del agua de mar). Además, tiene un costee más reducido y una gran resistencia térmica soportando rangos de temperatura extremos lo que las hace muy seguras en comparación con el litio.

El movimiento de Chen Liquan no es un simple arrebato de prudencia; es el reflejo de una necesidad global urgente: la búsqueda de una verdadera soberanía energética. Hasta ahora, el mundo ha entendido la transición ecológica como un cambio de cromos geopolíticos, sustituyendo la dependencia del petróleo de Oriente Medio por la dependencia del litio americano o australiano. Pero la verdadera revolución energética que exige el siglo XXI no puede depender de abrir costosas e invasivas minas terrestres en la otra punta del planeta. Debe basarse en lo que nos rodea, en lo que es común, barato e inagotable.

La respuesta a las guerras energéticas del futuro ya no se esconde en yacimientos remotos, sino en elementos tan cotidianos como la sal de mesa que sazona nuestras comidas o el agua del océano que baña nuestras costas. Si la ciencia es capaz de extraer energía limpia de la abundancia marina, las cadenas de suministro globales dejarán de ser armas geopolíticas.

Un problema de dependencia estratégica

El litio, el «oro blanco», es la base de la revolución de los vehículos eléctricos, pero su distribución es geopolíticamente problemática. China es el mayor productor de baterías del mundo, pero su dependencia del litio importado supera el 75% . En 2025, las importaciones de concentrado de litio crecieron un 39,4% interanual. Esta dependencia extrema expone a la industria automotriz china a constantes tensiones geopolíticas y a la volatilidad de precios en los mercados internacionales, algo sobre lo que Chen lleva años advirtiendo a las autoridades de Pekín.

«Una nación no puede mantener el liderazgo industrial simplemente replicando o dependiendo de tecnología y minerales del exterior», apunta. Para proteger las cadenas de montaje de vehículos frente a los bloqueos de comercio internacional, la solución obligatoria y de seguridad nacional es el sodio. El gigante asiático controla el refinamiento y la manufactura, pero si los países productores de litio cierran el grifo del mineral en bruto, las fábricas chinas se detendrían en cuestión de semanas.

El sodio: la solución enfrente de nuestras narices

El sodio es 400 veces más abundante que el litio y se puede extraer del agua de mar o de salares. Su coste en carbonato es 200 veces menor. Este recurso ofrece también ventajas estratégicas ya que permitiría al gigante asiático tener un control total sobre la cadena de suministro, reduciendo su vulnerabilidad exterior.

Aunque el sodio tiene menor densidad energética que el litio (lo que hace que las baterías pesen más o duren un poco menos), lo compensa con creces por su viabilidad económica, su rendimiento superior en climas de frío extremo (donde las baterías de litio suelen perder hasta un 30% de su eficiencia) y su nulo riesgo de sufrir fugas térmicas catastróficas. Gigantes chinos de la industria como CATL ya han tomado nota y están construyendo sistemas masivos de almacenamiento para redes eléctricas urbanas y flotas completas de vehículos utilitarios propulsados enteramente por sodio, demostrando que para trayectos urbanos diarios esta química es más que suficiente.

El plan en marcha

La apuesta por el sodio no es teórica; Chen lleva años trabajando en ella a través de la empresa que cofundó, HiNa Battery. Ya han desarrollado la primera batería de sodio para vehículos, el primer sistema de almacenamiento de energía a gran escala (100 MWh) y tienen plantas de producción en funcionamiento.

Su equipo ha logrado superar los problemas históricos del sodio (menor densidad energética) gracias a innovaciones en materiales que han llevado la densidad a 165-180 Wh/kg, comparable a las baterías de fosfato de hierro y litio (LFP).

En 2026, la empresa está instalando su sede central y una gran planta de integración (2 GWh) en Wuhan, con el objetivo de fabricar baterías para camiones pesados y sistemas de almacenamiento estacionario.

El fin de las ataduras mineras

La transición energética ya no consiste en sustituir un combustible fósil (petróleo) por otro mineral escaso y centralizado (litio). El mensaje de Chen y los avances en la cadena de producción marcan un punto de inflexión histórico a nivel global. No se trata de que el litio vaya a desaparecer por completo de la noche a la mañana, ya que seguirá siendo vital para la electrónica de consumo premium y los vehículos de larga autonomía.

Se trata de que el sodio se convertirá en el complemento indispensable y el colchón de seguridad geoestratégica del planeta. Es un aviso ineludible al mundo: la próxima gran batalla de la ingeniería energética no se librará solo en los mapas de las minas terrestres, sino en la capacidad de innovar utilizando los recursos inagotables que siempre hemos tenido delante de nuestros ojos.

EL GARAJEvia El Garaje

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