Es normal que, con la nueva movilidad eléctrica, la mayoría de conductores de todo el mundo, exigimos rendimientos lo más similares posibles a la movilidad de combustión interna, al fin y al cambio, los cambios llevados a cabos responden a una obligación ambiental, a cambios de normativas de los gobiernos, con la vista puesta en la reducción de las emisiones y de la contaminación. Sin embargo, la tecnología que rodea al coche eléctrico está poco madura si la comparamos con los más de 100 años que lleva evolucionando la movilidad con los motores de combustión tradicionales.
Así que es normal que dicha movilidad esté unos cuantos pasos por detrás, si bien es cierto que no ha partido de cero, le quedan años de evolución, lo que no quiere decir tampoco, que no haya dado ya pasos importantes, sobre todo en la última década. Y lo que más preocupa de esta nueva movilidad, a conductores y fabricantes, son las baterías, las cuales, han evolucionado una barbaridad en los últimos años, aunque son muchos los que siguen desconfiando de ellas.
Porque la mayoría de los conductores siguen convencidos de que después de años, estas baterías, que son muy caras de mantener dado los materiales de los que está compuesto. Creen que con el paso de unos cuantos años, pierden, sobre todo, autonomía y tardan más en cargarse, los dos aspectos que siguen echando para atrás a millones de conductores de toda Europa para comprar un eléctrico, pero nuevos estudios demuestran que estas creencias están ancladas en una realidad pasada que nada tiene que ver con la actualidad. Así lo avala la investigación de Arval con de 24.000 certificados de salud de baterías en coches eléctricos e híbridos enchufables vendidos en 11 países europeos.
Las baterías mantienen la capacidad
Así, en líneas generales, después de recorrer 160.000 kilómetros, las baterías eléctricas, ya sea de coches híbridos o de eléctricos 100%, se mantienen con una capacidad por encima del 90%. Si reducimos los kilómetros a los 70.000 km, la capacidad de la batería se mantiene en un 93%.
El estudio se ha realizado con 30 marcas de coches y de baterías diferentes, tanto vehículo 100% eléctricos (dos tercios del estudio) como vehículos híbridos enchufables. El estudio también ha evidenciado que los resultados son mejores cuando los vehículos analizados son mejores, evidenciando que, a medida que pasa el tiempo, mejora la tecnología, como no podía ser de otra manera.
Estos datos y estos estudios son mucho más importantes de lo que se podía imaginar, porque uno de los problemas que tienen los coches eléctricos en la actualidad, están relacionados con el mercado de ocasión o de segunda mano. La mayoría de los consumidores desconfía de estas opciones de mercado, no se fían, pero estudios como el realizado por Arval, abre la puerta a que muchas personas se abran a este mercado.
El estudio, por tanto, confirma que la degradación de las baterías de los vehículos híbridos y 100% eléctricos es lenta y estable, nada que ver con el pensamiento general de la gente. La pérdida inicial es habitual, pero de muy poco impacto, cerca del 1% cada 25.000 km, pero en lo que autonomía y tiempos de carga se refiere, la pérdida apenas las percibe el conductor, sobre todo, porque no es habitual que quien lleva un vehículo, apure la batería al 1% para recarga, sobre todo en los eléctricos. Más bien, el uso diario y rutinario siempre suele ser el mismo, y el pequeño desgaste que pueda sufrir la batería, ni mucho menos altera este uso cotidiano.
Europa y el estado de la batería
Pero para que el consumidor gane confianza respecto al mercado de segundo mano y el estado de las baterías, Bruselas está preparando una normativa para que haya mayor transparencia con el estado de las baterías. Para ser más concretos, la normativa Euro 7 va a introducir el denominado SOCE, siglas de “State of Certified Energy”, una certificación estandarizada que debe mostrar la capacidad real de la batería y su historial de uso con total precisión.
Para el próximo 2027, todos los coches nuevos tienen que mostrar en el salpicadero, el estado certificado de la batería, y cada vehículo debe contar con lo que sería, un pasaporte de batería, que debe constar de información sobre la capacidad, ciclos de carga y cómo evoluciona con el paso del tiempo.
La intención de la Unión Europea, es, por tanto, poner punto y final a uno de los mayores temores que rodea al coche eléctrico, el estado y la evolución de las baterías, y que frena un mercado tan importante para la economía de cada país, y por tanto de la Unión europea, como el mercado de segunda mano del automóvil. Y estudios como el realizado por Arval son clave para mejorar esta confianza. Porque los coches eléctricos, la tecnología que les rodea, la de las baterías y las de otros aspectos, como el lógico, evoluciona.









