El mundo de la automoción ha cambiado por completo en los últimos años. La electrificación, la llegada del comercio chino y la subida generalizada de precios han apretado a los fabricantes, a unos más que a otros. Y entre los que peor lo están pasando está Mitsubishi, la marca japonesa, con una gama envejecida y viendo cómo sus rivales modernizaban la forma de fabricar coches mientras ella se quedaba atrás.
Ante ese panorama, algunas marcas habrían tomado medidas drásticas en la dirección previsible. Mitsubishi ha tomado una, pero muy distinta de lo que muchos esperarían: ha decidido fabricar en su propia planta robots humanoides que, en los próximos años, ayudarán a montar los coches de la marca.
Para ello se ha aliado con Highlanders, una startup japonesa de robótica, con el objetivo de producir robots en serie a partir de 2027. La meta es fabricar 1.000 unidades al mes en su planta de Kioto, la misma donde hoy ensambla motores.
Y el motivo de fondo no es tanto una cuestión de números rojos como de brazos: Japón pierde cerca de 900.000 trabajadores al año por el envejecimiento de su población, y la escasez de mano de obra se ha convertido en el gran quebradero de cabeza de su industria. A eso se suma la oportunidad de dominar una tecnología nueva y abrir una futura vía de ingresos.
Mitsubishi y los robots humanoides
Hyundai, Toyota, BMW y Renault son marcas que han apostado fuerte por los robots humanoides para mejorar la productividad en las fábricas, al tiempo que los ven como una nueva fuente de ingresos. Mitsubishi sigue esos mismos pasos, con los mismos objetivos: producción propia y venta a terceros.
Para hacerse una idea de la escala, Hyundai, propietaria de Boston Dynamics, anunció a comienzos de año que desplegaría humanoides a escala de producción en sus plantas, con una fábrica capaz de ensamblar unos 30.000 robots al año. Y Morgan Stanley ha tasado el mercado mundial de robots humanoides en unos 5 billones de dólares para 2050, cuando calcula que podría haber más de mil millones de unidades en funcionamiento.
Eso sí, conviene no perder la perspectiva: hoy el mercado lo dominan las empresas estadounidenses y, sobre todo, chinas, con Unitree vendiendo humanoides por menos de 5.000 dólares. Japón llega algo por detrás, y esta alianza es precisamente su intento de plantar bandera con un ecosistema propio de «IA física».
La startup Highlanders y el robot N
Highlanders se fundó en mayo de 2023, surgida de la Universidad de Tokio y con sede en el barrio tokiota de Toshima. Cuenta con apenas 46 empleados y está especializada en robots humanoides y cuadrúpedos de tipo perro, en la misma línea que Boston Dynamics, el socio de Hyundai en este terreno. Ambas compañías han explicado que su colaboración busca avanzar hacia una sociedad en la que personas y robots trabajen codo con codo, generando nuevo valor en la fabricación industrial.
En el corazón del acuerdo está el robot humanoide N, ya en su cuarta generación. Su nombre juega con la forma del número romano IV y con las iniciales de «Nippon» (Japón), «Ningen» (humano) y «Negai» (deseo). Está diseñado con una altura y un peso cercanos a los de una persona, para poder manejar herramientas pensadas para humanos, y monta una mano de cinco dedos, varios sistemas de visión, un conjunto de micrófonos y una GPU de última generación.
Todo ello se gobierna mediante lo que llaman «IA física»: una red neuronal profunda que controla las articulaciones de todo el cuerpo y que, al caminar, genera el siguiente movimiento unas 100 veces por segundo. En la presentación, Highlanders mostró también su modelo de IA de base, bautizado como Kepler v1.0.
Durante la rueda de prensa conjunta, el prototipo N, con un cuerpo negro brillante vestido con una camiseta blanca, caminó de forma algo rígida por el escenario antes de retirarse a un lado, una demostración que deja claro que la tecnología avanza rápido pero aún está en una fase temprana.
1.000 robots al mes
La producción del robot N arrancará a comienzos de 2027 en la planta de Kioto, aprovechando edificios que ahora están sin uso, y la marca aspira a alcanzar una capacidad de 1.000 unidades al mes en la segunda mitad de ese año. El consejero delegado de Mitsubishi Motors, Takao Kato, ha subrayado que la escasez de personal es un desafío urgente y que esta tecnología tiene margen para muchas tareas dentro de las fábricas.
De hecho, Kato ha señalado que la línea de montaje de motores de Kioto es una firme candidata para el primer despliegue, porque acumula mucho trabajo manual en espacios pequeños, justo el tipo de tarea donde hasta ahora era difícil sustituir a una persona por una máquina.
La idea es empezar con unas pocas decenas de unidades en sus propias fábricas, ir acumulando datos y experiencia, y crecer después hasta las varias centenas. Desde la directiva reconocen que aún es pronto para concretar la expansión, ya que todavía están comprobando si el modelo N será realmente adecuado para el trabajo. Por eso las primeras tareas serán sencillas, como el transporte de piezas dentro de la planta, además del montaje de motores y labores logísticas.
Ambición e inversión
Highlanders todavía no tiene músculo suficiente para los proyectos que maneja: lleva poco tiempo operando y sus instalaciones son relativamente pequeñas. Por eso llevaba tiempo buscando un socio industrial que le permitiera escalar, y en Mitsubishi lo ha encontrado. Su consejero delegado, Hiroya Masuoka, ha explicado que la compañía está centrada en tareas de manipulación de materiales y, muy especialmente, en trabajos que suponen un riesgo para los empleados, priorizando las funciones donde los robots pueden ir relevando a los operarios más expuestos al peligro.
Mitsubishi da así un paso importante de cara al futuro. Ya ha invertido en Highlanders, aunque no ha desvelado cuánto, y ha adelantado que su intención es ampliar esa participación más adelante. Por ahora, eso sí, el foco está en poner en marcha el proyecto en sus propias plantas, y queda por ver si esta tecnología acabará llegando a sus aliados de siempre, Nissan y Renault, con los que forma alianza. La jugada, en cualquier caso, es tan arriesgada como reveladora: un fabricante de coches que, para seguir haciéndolos, se pone a fabricar también a quienes los montan.









