Los cigarrillos electrónicos son ya una realidad en la sociedad, no nos vamos a detener en hablar de los riesgos que tiene consumirlo para la salud, pero si nos centramos cómo están confeccionado y a explicar por qué suponen un problema para el medio ambiente. Y lo hacemos haciéndonos eco del proyecto de Chris Doel, un ingeniero eléctrico de 27 años de Warwickshire, en Reino Unido, que lleva tiempo empeñado, casi podemos decir que obsesionado, en demostrar el desperdicio que suponen estos vapeadores desechables. El año pasado desmontó 500 vapeadores que se habían tirado a la basura, lo hizo para extraer sus baterías de litio, y construir con ellas, una batería capaz de generar electricidad para toda su casa, durante unas ocho horas. Pero después asumió un reto mayor, meter esa batería en un coche eléctrico. Y logró ponerlo en marcha y recorrer con él un trayecto de dos horas, 29 km.
El batería de un vapeador para mover un coche
El cierto que esta batería no puede mover cualquier coche, el resto era encontrar uno que no necesitara mucha energía, porque la realidad es que los coches eléctricos actuales se abastecen de baterías de gran tamaño y potencia, muy alejadas de los 2,5 kWh que había conseguido reunir con los cigarrillos electrónicos tirados a la basura por los usuarios. La solución se la aportó un compañero de trabajo, que le propuso para llevar a cabo el proyecto, el el G-Wiz, un microcoche de 2007 que Top Gear llegó a calificar como «el peor coche del año», donde miraras por donde los miraras, todo eran deficiencias. Pero era un coche al fin y al cabo, homologado y válido para la circulación.
El G-Wiz alcanza una velocidad máxima de 80 kilómetros por hora y tiene espacio para dos adultos y dos niños, aunque su gran ventaja para este proyecto es que funciona con batería de 48 voltios, muy lejos de los 400 voltios de un Tesla, por ejemplo. Eso encajaba a la perfección con el pack de baterías de vapeadores y le ahorraba a Doel, tener que pasarse años recolectando más pilas para poder alcanzar el voltaje necesario.
La burocracia para validar el proyecto
Lo primero, tuvo que pagar el coche, 800 libras, unos 936 euros, sin batería, en un concesionario situado al norte de Londres, y después, tuvo que contratar un seguro de unos 700 euros para que pudiera conducirlo legalmente y poder grabar las pruebas y mostrar los resultados en su canal de Youtube sin que eso supusiera delatarse ante las autoridades. Claro, al explicarle a la aseguradora el proyecto, que iba a sustituir la batería original por una batería confeccionadas con las propias batería de 500 cigarrillos eléctricos, no supieron en un primer momento qué contestarle, claro, nadie se había encontrado con esa petición, ni nada para el estilo, hasta ese momento.
Y luego tocaba montar las baterías, montar el cableado para que todo funcionara, y no fue fácil, cinco horas cada días y doce horas cada día del fin de semana, completamente dedicado a la causa. Y claro, en ese tiempo había más cosas que hacer, una carcasa robusta para prevenir posibles cortocircuitos y los derivados incendios, y completar en paralelo el papeleo legal y la ITV necesaria para homologar el vehículo.
Riesgo de incendio
De hecho, los cigarrillos eléctricos contemplan una elevada posibilidad de incendiarse, es más, en Reino Unido está prohibida la venta de los vapeadores desechables de un solo uso. Pero eso no ha evitado que se sigan vendiendo y que siga habiendo incidentes con ellos. De hecho, la empresa Suez, encargada de gestionar plantas de residuos en el país, ha contabilizad más de 330 incendios en este último año provocados precisamente por estos dispositivos, porque sus baterías explotan, y todo, porque se desecharon de forma incorrecta.
Pero volviendo al proyecto de Doel, logró hacerlo funcionar, y logró registrarlo en Youtube, tenía razón, 2 horas y media en circulación, 29 km, demostrando el desperdicio energético de estos dispositivos.
Pero la cosa no quedó ahí, porque tras completar la prueba, retiró las baterías que había montado en el G-Wiz y las sustituyó por dos módulos de batería de Tesla, junto con un software especial que engaña a los módulos para que crean que están instalados en un Tesla Model 3. A día de hoy, este se ha convertido en su coche diario.
Pero el fin de todo esto, va más allá del desperdicio energético con los cigarrillos electrónicos. Como explica, este es solo un ejemplo más del desperdicio energético general con los pequeños dispositivos de usar y tirar en general, se mal gastan, no se agotan por completo, y además son un peligro. Si él solo pudo hacer eso en seis meses, un reciclaje adecuado de estos dispositivos podría suponer una auténtica revolución en el sector de la energía.









