El Circuit de Barcelona-Catalunya abre este fin de semana sus puertas a la F1, y los dos españoles de la parrilla llegan con los deberes hechos y las expectativas ajustadas. Fernando Alonso y Carlos Sainz saben perfectamente lo que se van a encontrar en Montmeló, y ninguno de los dos ha intentado disimularlo.
Barcelona mide a los coches en todas sus áreas, no perdona las debilidades y hace tiempo que dejó de ser un circuito amable para quien llega con problemas sin resolver.
Para Sainz, el fin de semana en casa tiene ese punto agridulce de siempre. La ilusión de correr delante de su gente choca con una realidad que el FW48 de Williams no ha conseguido esconder en lo que va de temporada.
«Me hace ilusión ir a casa, como siempre. Pero sabemos que Barcelona no es territorio Williams y tendré que dedicarlo a trabajar en la configuración del coche para encontrar una o dos décimas extra que nos aporte más opciones», explicó el madrileño. El tipo de curvas de Montmeló, largas y de velocidades medias, no juega a favor de un monoplaza que todavía está lejos de su versión ideal.
El histórico del equipo en Cataluña lo dice todo: desde 2018, con un quinto de Bottas y un octavo de Massa, Williams no ha sumado un solo punto en este circuito.
Sainz llega con confianza a Barcelona pese al golpe de Mónaco
Mónaco dejó un sabor amargo en el camino de Williams. Sainz estuvo cerca de pasar a la Q2 con una vuelta antológica, rozó el muro en el momento menos oportuno y se quedó fuera de los puntos en una carrera donde rivales directos como Racing Bulls terminaron quinto y sexto y Alpine perdió un podio por sanción a Gasly.
Aun así, el madrileño no se fue del Principado con la cabeza baja. «Mi año es muy bueno y hubiésemos sumado en Montecarlo. Hago buenas clasificaciones, gran ritmo de carrera y me toca continuar así. Los resultados seguirán llegando», dijo. Tiene razón en lo que apunta: el nivel ha estado ahí casi siempre, el coche no siempre le ha acompañado.
En Barcelona tendrá que exprimir cada sesión, como viene haciendo desde que llegó a Grove. El circuito le es familiar, conoce cada curva de memoria y eso puede marcar alguna diferencia en la zona media de la parrilla, que es donde se va a mover Williams este fin de semana.
Aston Martin y Alonso llegan a Montmeló sin novedades y con pocas opciones de sorprender
Si en Williams hay cierta fe en que el trabajo puede dar algo, en Aston Martin el planteamiento es otro. El equipo asume el mal momento, mira al largo plazo y espera que las mejoras del verano cambien la situación.
Mientras tanto, el AMR26 llega a un circuito que no le va a hacer ningún favor. Pedro de la Rosa lo resumió sin rodeos: «No te vas a poder esconder. Es un circuito que te mide el efecto del chasis, la aerodinámica, mecánica y motor. Es muy exigente. Pero tenemos la tranquilidad del buen trabajo, aunque todavía no se ve y es mejor no hablar mucho».
Fue en Montmeló donde el AMR26 rodó por primera vez en los test de pretemporada, generando una expectación que la temporada ha ido desinflando carrera a carrera. El coche sufre en demasiadas áreas y la batalla de Aston Martin apunta a ser casi exclusiva con Cadillac en la parte baja de la tabla.
El único punto del año llegó en Mónaco, gracias a Alonso, que volvió a demostrar que sigue siendo capaz de sacar lo que el coche no da.
Fernando Alonso llega a Barcelona con ese vínculo especial que tiene con la afición catalana, la misma que lo vio nacer como fenómeno en 2003 con los colores de Renault inundando las gradas.
Ahora el contexto es distinto, el coche es otro y los objetivos son más modestos, pero Alonso sigue siendo Alonso. Más de cuarenta clasificaciones seguidas por delante de Stroll lo confirman. En Mónaco volvió a estar donde no debería estar con ese AMR26, y en Barcelona intentará repetirlo.









