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Hace 60 años Chrysler regaló a 200 familias un coche cuyo motor tragaba gasolina, gasóleo, queroseno o aceite de cacahuete: justo lo que Europa busca hoy… y luego los aplastó casi todos

Hace 60 años Chrysler regaló a 200 familias un coche cuyo motor tragaba gasolina, gasóleo, queroseno o aceite de cacahuete: justo lo que Europa busca hoy… y luego los aplastó casi todos

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Por: Javier Rodríguez

Publicado: 01.06.2026 09:00

La industria del automóvil está cambiando por completo en los últimos años, todo gracias a la nueva era eléctrica que surge con el objetivo de poner punto y final a las emisiones del motor de combustión, y así reducir la contaminación y mejorar el medio ambiente. Hasta llegar a la electrificación total, el mercado está ahora dominado por soluciones intermedias mientras esta nueva mecánica sigue mejorando y acercándose a las prestaciones que ofrecía la gasolina, dando como solución motores térmicos y eléctricos en un mismo vehículo, los llamados híbridos, que aprovechan lo mejor de cada una de ellas, movilidad limpia por ciudad, y rendimiento en carretera, principalmente.

Y aunque la combinación de dos motores parezca cosa del siglo XXI, lo cierto es que no lo es, ya surgieron soluciones híbridas en los años 60, con Chrysler, que fabricó un vehículo con funcionaba con gasolina, gasóleo, queroseno, alcohol y con aceite de cacahuete. Este era el Chrysler Turbine Car, un proyecto revolucionario que terminó muriendo por problemas de precio, por las regulaciones y por la decisión de las propias empresas involucradas. Pero con el tiempo, se reconoce como una solución que se adelantó a su tiempo, ya que las ventajas que ofrecían son precisamente lo que se persigue en la actualidad para la movilidad europea.

Chrysler y su tecnología revolucionaria

Fue cuando los años 50 llegaba a su fin, cuando el mundo estaba viviendo la «era del jet», símbolo del futuro, algunos fabricantes se preguntaban si sería posible aplicar su tecnología a la carretera. Y Chrysler apostó directamente por ello, ya que conocía esa tecnología al haber construido motores de turbina durante la Segunda Guerra Mundial. Y de ahí salió el Chrysler Turbine Car, un coupé de color bronce metálico diseñado por Elwood Engel y fabricado, de forma artesanal, por Ghia, una firma italiana. Se fabricaron 55 unidades entre el 63 y el 64, por un precio de 300.000 dólares por vehículo, un precio que es desorbitado a día de hoy, mucho más por aquel entonces.

Y lo más llamativo era su mecánica, con una turbina de gas A-31 de cuarta generación, de 60 piezas, muchas menos que la de los motores tradicionales, de unas 300, lo que reducía considerablemente el mantenimiento y simplificaba el funcionamiento.

El Chrysler Turbine y el combustible

Y lo revolucionario no era solo la turbina, que no es poca cosa, era el combustible que utilizaba. Esta turbina podía funcionar casi con cualquier líquido que fuera inflamable, ya fuera gasolina, diésel, queroseno, combustible de aviación, alcohol, aceite de soja o aceite de cacahuete.

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El motor tenía una potencia de 130 CV, con 576 Nm de par motor (425 lb-ft), y una conducción suave y un sonido que recordaba mucho al de un reactor de avión. Fue entre los años 64 y 66 cuando Chrysler lanzó un programa de prueba que consistía en ceder de forma gratuita 45 vehículos de forma gratuita a conductores, durante tres meses, a cambio de información sobre la experiencia a bordo.

Y aunque el resultado fue un éxito, lo que vino a continuación hizo que todo saltara por los aires.

Chrysler y el fin del proyecto

Los obstáculos para la comercialización pronto evidenciaron que el futuro de este coche sería su desaparición. Primero por lo económico, porque la inversión prevista era de alrededor de 1.000 millones de dólares, como decimos, es esa época esa cantidad era mucho más de lo que supone hoy en día, que sigue siendo mucho.

Por otro lado, pese a que el motor era fiable, gastaba mucho combustible. Y justo en ese momento, surgieron nuevas normativas ambientales y las emisiones de óxidos de nitrógeno de las turbinas suponía un elevado problema. Y después, para rematar, surgió una cuestión fiscal en relación con la importación de los vehículos fabricados por Ghia en Italia. Por tanto, si se sumaban estos aranceles a los elevados precios de producción, suponía unos costes muy, pero que muy elevados. Así que lo mejor, fue destruir los vehículos que habían fabricado.

De los 55 coches construidos, casi 45 fueron aplastados, eso sí, después de retirar los motores y darles otro uso. A día de hoy, hay 9 ejemplares, solo varios en posesión de Chrysler, mientras que el resto está en museos y alguno, en colecciones privadas, por ejemplo, Jay Leno, presentador, tiene uno.

Por tanto, la movilidad híbrida actual, tal y como la conocemos y la entendemos en Europa, aunque parezca una novedad del siglo XXI, es una tecnología que, en cierta manera, ya existió en los años 60. El Chrysler Turbine Car fue un coche revolucionario, adelantado a su tiempo y que combinaba varios combustibles, como ahora la gasolina y lo eléctrico. Simplemente, no tenían la capacidad para que esta tecnología fuera eficiente, más bien, todo lo contrario. Pero dejó una rendija abierta que ha servido de inspiración para la movilidad actual, en su camino hacia la electrificación total.

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Javier Rodríguez

Javier Rodríguez

Javier Rodríguez es periodista de motor con más de 15 años de experiencia en medios de comunicación de referencia. Formado en la Universidad Antonio de Nebrija, desarrolló gran parte de su carrera en Atresmedia, donde durante casi una década fue redactor y coordinador de Onda Cero — uno de los grupos de comunicación más importantes de España —, cubriendo actualidad, análisis y grandes eventos del sector. Especializado en automoción y Fórmula 1, combina el rigor periodístico con un profundo conocimiento técnico del mercado del automóvil: electrificación, normativas europeas, tendencias de consumo y la irrupción de los fabricantes chinos en Europa son algunos de los temas que más domina y que más le apasionan. Ha colaborado también con El Independiente y otros medios digitales. En Autonoción es el referente de la actualidad diaria: desde los últimos movimientos en la parrilla de la F1 hasta el análisis de qué coche encaja mejor con la realidad del conductor español. Si hay un reglamento técnico que leer, una ficha de homologación que descifrar o una cifra de consumo que no cuadra, Javier lo tiene claro antes que nadie.

Contacto: info@autonocion.com
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