La mayoría solo miramos las novedades del mundo del motor en los coches personales, pero lo que muchos no se paran a pensar es que la evolución tecnológica va mucho más allá y ya afecta a otros muchos sectores. Y donde se están produciendo cambios impensables es en los camiones, donde la movilidad eléctrica supone un desafío mucho mayor que en la movilidad personal. Pero esto no solo va de autonomía, también del entorno en el que se mueve el vehículo, y ahí los camiones pueden experimentar un cambio radical gracias a un invento chino.
Pensemos en un camión minero tradicional. Si quiere dar la vuelta en una zona de carga estrecha, necesita mucho espacio y mucho tiempo, en una maniobra lenta que además genera puntos ciegos peligrosos para el resto de vehículos de la mina y para el propio personal. Pues bien, China ha dado con una solución que podría cambiarlo todo: un camión eléctrico y autónomo capaz de moverse de lado, como un cangrejo, y de girar sobre su propio eje sin desplazarse, algo que no puede hacer ningún otro camión hasta la fecha.
Hablamos del Shuanglin K7. Puede alcanzar las 248 toneladas de peso bruto a plena carga, transporta hasta 158 toneladas de material y, además, cambia toda su batería en menos de cinco minutos, de modo que puede estar trabajando prácticamente sin parar.
Lo han desarrollado el grupo Shuanglin y la Universidad de Tsinghua, y se presentó el pasado 18 de abril en Shanghái. Una prueba más de que los chinos, como no podía ser de otra manera, quieren llevar la electrificación al mundo del camión, con desarrollos mucho más ambiciosos y complicados que los de un turismo.
El nuevo Shuanglin K7
Mide 13,79 metros de largo, 5,7 de ancho y 5,2 de alto, así que pequeño, lo que se dice pequeño, no es. Para hacerse una idea, pesa alrededor de 100 toneladas incluso vacío. Y aun así se mueve de una forma que ya querría más de un coche de calle.
No hay ningún camión en el mundo, y menos de minería, capaz de desplazarse así o de girar sobre sí mismo sin cambiar de posición. Son maniobras tan útiles como impensables hasta hace poco: sobre el papel se habían planteado, pero una cosa es pensarlas y otra llevarlas a cabo. Resultan especialmente valiosas en los pasillos estrechos de una mina y en las zonas de carga con poco espacio, donde cada metro cuadrado cuenta.
Para lograr esta capacidad se ha aplicado una tecnología con nombre propio: el módulo de esquina con dirección por cable y tracción eléctrica distribuida, y el K7 se ha convertido en el primer vehículo del mundo en incorporarla.
Se trata de un único módulo compacto instalado en cada rueda, que integra el motor de tracción, el freno, la dirección y la suspensión, y elimina por completo la columna de dirección mecánica tradicional. Cada rueda gana así un control independiente y preciso sobre su tracción, su frenada y su ángulo de giro. Los propios ingenieros lo comparan con un cubo de Rubik rodante.
Cuatro ruedas que giran 90 grados
Con esta arquitectura, las cuatro esquinas del Shuanglin K7 giran de forma independiente hasta 90 grados, lo que permite que el camión se mueva en diagonal, lateralmente o gire sobre sí mismo en su propio espacio, sin necesidad de retroceder ni encadenar varias maniobras. Y son justo esas maniobras las que marcan la diferencia en los pasillos estrechos de las minas y en las zonas de carga donde cada metro importa.
De hecho, presume de un radio de giro mínimo de apenas 12 metros para semejante mole, una velocidad máxima a plena carga de 29 km/h y una distancia de frenada de emergencia inferior a esos mismos 12 metros. La caja de carga, por cierto, tiene una capacidad de 100 metros cúbicos.
Cero emisiones y conducción autónoma para minas a cielo abierto
Al ser eléctrico, el Shuanglin K7 no genera emisiones durante su funcionamiento, y monta un sistema de conducción autónoma de nivel 4, el escalón más alto antes de la autonomía total, entrenado específicamente para operar con seguridad en las duras condiciones de la minería de roca dura a cielo abierto. Según sus creadores, aguanta incluso temperaturas de hasta 40 grados bajo cero.
Ese cerebro autónomo se apoya en una red de sensores y en una cartografía del terreno con inteligencia artificial. Y hay un detalle pensado para la seguridad: gracias a la redundancia electrónica del sistema, aunque una parte falle, el camión conserva hasta el 70% de su capacidad de acarreo, la red de seguridad necesaria para desplegar flotas sin conductor en explotaciones enormes.
Sumada la frenada regenerativa, que recupera hasta el 85% de la energía cinética, y el cambio de batería en cinco minutos, el resultado es un vehículo diseñado para no parar nunca. Sus creadores calculan que esta apuesta por la automatización puede elevar la eficiencia del transporte en torno a un 35%.
El objetivo final del proyecto es claro: sustituir a los camiones diésel tradicionales, más caros de operar y de mantener a largo plazo, por una alternativa eléctrica capaz de igualar o superar su rendimiento en las condiciones más exigentes del sector minero. Otra cosa será verlo trabajar de verdad en una mina, que es donde tendrá que demostrar que todas estas cifras se sostienen fuera del escenario de una presentación.









