La movilidad está cambiando por completo, y mientras la mayoría de marcas apuesta por la transición hacia el coche eléctrico, aún quedan fabricantes que siguen confiando en la combustión, diésel incluido. Los hay muy radicales, que ni quieren oír hablar de electrificación. Pero no es el caso que nos ocupa hoy.
Porque aquí hablamos de todo lo contrario: uno de los compactos de siempre en Europa, el Opel Astra, que en su puesta al día para 2026 hace algo cada vez más raro en el segmento, poner sobre la mesa una gama con absolutamente todo, para que sea el cliente, y no la marca, quien elija con qué quiere moverse.
Y en esa baraja hay una carta que sorprende a estas alturas: sigue habiendo diésel. Uno solo, eso sí, pero ahí está. Opel lo mantiene porque el gasóleo todavía supone en torno al 15% de las ventas del Astra en Europa, una cifra pequeña pero suficiente para no jubilarlo. Junto a él conviven el eléctrico, el híbrido enchufable y el microhíbrido de 48 voltios. Cuatro formas distintas de mover el mismo coche.
El Astra mantiene el diésel
Basta con echar un vistazo al catálogo de compactos en España para darse cuenta de que el Opel Astra es de los pocos que aún se atreve con el diésel. Y ojo, que esto no va de un simple retoque: la actualización trae frontal nuevo con el Opel Vizor y el rombo iluminado, faros matriciales Intelli-Lux HD heredados de coches de más arriba, y una puesta al día seria en tecnología y eficiencia.
Conviene situarlo bien. No estamos ante una generación nueva, sino ante el lavado de cara de la sexta, el Astra L que se lanzó a finales de 2021. La idea es refrescar los argumentos que lo han metido entre los compactos de referencia en Europa: tecnología, confort, eficiencia y ese aire alemán que le sienta tan bien. Juega en el segmento C, ese que llevan años dando por muerto y que sigue ahí, aguantando el pulso a los SUV con una clientela fiel que no se baja de la berlina compacta.
Mecánicamente, el gasóleo no inventa nada nuevo. Es el conocido 1.5 BlueHDi de cuatro cilindros y 130 CV, que ahora va siempre emparejado a la caja automática EAT8 de ocho relaciones, porque aquí llega la novedad gorda que muchos pasan por alto: en este Astra desaparecen todas las cajas manuales. Toda la gama, del diésel al eléctrico, es automática.
Las prestaciones del diésel son las de un coche pensado para comerse kilómetros, no para presumir en un semáforo: 0 a 100 en 10,6 segundos y 209 km/h de máxima. Pero donde de verdad brilla es en lo que importa a su comprador, un consumo homologado en torno a 4,9 litros y una autonomía que se acerca a los 1.000 kilómetros. En viaje largo, sigue sin tener rival.
La decisión con el diésel
Ahora bien, comprar diésel en 2026 obliga a hacer cuentas, y no solo de dinero. El 1.5 lleva etiqueta C de la DGT, y ese es su verdadero talón de Aquiles. Hoy no supone un problema para entrar en la mayoría de ciudades, pero el cerco se estrecha: primero cayó la etiqueta B, ya vetada en algunas zonas de bajas emisiones, y la lógica dice que la C será la siguiente en la lista.
Por eso este coche no es para todo el mundo, y está bien que así sea. Si te mueves por ciudad y pisas a diario el centro de Madrid o Barcelona, olvídate: aquí tienes el eléctrico o el enchufable. Pero si vives en la periferia, ruedas por zonas sin restricciones o te haces muchos kilómetros de carretera, el diésel sigue siendo una opción difícil de batir en consumo y descanso entre repostajes.
Y esto se nota en la báscula de la rentabilidad. El sobreprecio de partida del gasóleo solo se amortiza en los escenarios que venimos describiendo, kilometraje alto por encima de todo, pero para ese perfil, y son miles de conductores y muchas flotas, las cuentas siguen saliendo. La gama arranca en 24.650 euros con el híbrido de acceso ya con promociones, mientras que el diésel parte de unos 26.100 euros. No es el más barato, señal de que apunta a un cliente concreto que sabe muy bien lo que busca.
Camino de la electrificación
Que nadie se engañe, eso sí: por mucho diésel que mantenga, el futuro que Opel dibuja para el Astra es eléctrico. De hecho, lo llamativo de esta actualización no es que electrifique, que se da por hecho, sino que a estas alturas todavía se haya molestado en ofrecer gasóleo.
El grueso de sus compradores se mueve por ciudad, y ahí el Astra Electric cumple de sobra: sus 454 kilómetros WLTP, 35 más que antes gracias a la batería de 58 kWh, tapan el día a día con holgura y dejan margen para alguna escapada planificando la parada de carga. Estrena, además, función V2L para enchufarle aparatos y admite 100 kW de carga rápida, con el 20 al 80% en media hora.
¿Y el que lo quiere hacer todo? Ese es el híbrido enchufable, que en esta renovación pega un salto de verdad: nueva batería de 17,2 kWh (antes 12,4), 196 CV y hasta 84 kilómetros en modo eléctrico. Suficiente para moverse a diario sin gastar una gota de gasolina, siempre que te acostumbres a enchufarlo casi cada noche. Quien no quiera cables ni complicaciones, tiene el microhíbrido de 48 voltios con etiqueta ECO, la puerta de entrada.
Así que el Opel Astra mantiene el diésel casi como un gesto, un guiño a quien todavía lo necesita de verdad. Seguramente sea el último Astra que lo lleve, y precisamente por eso tiene su punto: una opción muy concreta, para un conductor muy concreto, de esos que echan cuentas antes de dejarse llevar por la moda. A ese, y solo a ese, el gasóleo todavía le compensa.









