Si te gustan los motores, el rotativo Wankel te toca la fibra. Aquel invento compacto, ligero y capaz de dar mucha potencia para su tamaño prometía cambiar la forma de entender la combustión, y Mazda se lo creyó más que nadie con joyas como el RX-7 o el RX-8. El problema es que sus puntos débiles eran muy débiles: bebía como un cosaco, tenía líos crónicos de lubricación y unas emisiones que, con la normativa moderna, lo condenaron. Una pena, porque la idea era buenísima.
Pues bien, una empresa estadounidense le ha dado la vuelta a la tortilla. Literalmente. LiquidPiston, con sede en Connecticut, ha cogido el concepto del Wankel, lo ha invertido por completo y ha creado un motor del tamaño de un balón de baloncesto que pesa solo 19 kilos, da 25 CV y que tiene detrás nada menos que al Ejército de Estados Unidos. Se llama XTS-210 y apunta a ser el corazón de la nueva generación de drones militares. Te cuento por qué este bicho es tan interesante.
El Wankel, pero del revés
LiquidPiston lleva casi 20 años y más de 80 patentes dándole vueltas a esto, así que de ocurrencia improvisada tiene poco. Su plataforma se llama X-Engine, y la jugada consiste en invertir la arquitectura que hizo famoso al Wankel. En el rotativo clásico, el rotor gira dentro de una carcasa y son sus vértices los que sellan contra las paredes, justo el punto donde aparecían los problemas de desgaste y lubricación. LiquidPiston le da la vuelta a esa geometría y, de paso, simplifica el conjunto hasta lo mínimo: solo dos piezas móviles principales, un rotor y un eje.
Con eso consigue varias cosas de golpe: menos vibraciones, menos mantenimiento y más fiabilidad. Y, sobre todo, dice haber resuelto los dos grandes fantasmas del rotativo de toda la vida, la lubricación interna y el control de la combustión. Pero el verdadero truco está debajo, y es que el XTS-210 no funciona con el ciclo de un rotativo normal: usa un ciclo termodinámico propio de alta eficiencia (lo llaman HEHC) que toma prestado lo mejor del diésel —la eficiencia y la capacidad de tragar combustibles pesados— pero sin arrastrar los defectos del Wankel. Funciona en dos tiempos y genera seis combustiones por cada vuelta del rotor, de ahí que saque tanta potencia de un paquete tan minúsculo.
19 kilos, 25 CV y un balón de baloncesto
Aquí es donde la cosa impresiona de verdad. El XTS-210 son apenas 210 centímetros cúbicos, pesa unos 19 kilos y entrega 25 CV con la ayuda de un compresor que mete hasta un bar de sobrealimentación. Dicho así, los 25 CV suenan a poca cosa, pero hay que mirarlo con perspectiva. Comparado con un motor diésel de pistones de la misma potencia, el XTS-210 reduce tamaño y peso casi un 80%. O dicho de otro modo, ofrece cinco veces más potencia por kilo y por litro que un diésel equivalente, y el triple de par.
Aquí conviene aclarar una confusión, porque es fácil liarse: esto no significa que el motorcito «equivalga» a uno de 100 CV. Lo que significa es que para sacar esos mismos 25 CV con un diésel convencional necesitarías un motor cinco veces más grande y cuatro veces más pesado. De hecho, LiquidPiston lo compara con un diésel Kohler de 25 CV que es justo eso, un armatoste al lado del suyo. La gracia no es la potencia bruta, es meterla en el tamaño de un balón. Y otro punto clave: el XTS-210 es multicombustible. Traga gasóleo, queroseno y, muy importante para lo que viene ahora, los combustibles de aviación JP-8 y Jet-A, además de gasolina, propano o incluso hidrógeno.
Por qué el Pentágono está tan interesado
Y es que el principal cliente de esta tecnología no es ni de lejos tu coche. La gracia del XTS-210 está justo donde la batería lo pasa mal. Piensa en un motor diminuto, ligero, que funciona con el mismo combustible que ya usan los aviones militares y que puede ir solo o integrado en un sistema híbrido. Es la solución perfecta para drones, despegues verticales (VTOL), generadores portátiles o unidades de potencia auxiliar.
No es teoría. Con el dinero de los programas de innovación del Ejército, LiquidPiston ya ha demostrado el XTS-210 montado en un dron comercial como parte de un sistema híbrido que recarga las baterías del aparato en pleno vuelo para darle más autonomía y, de paso, permitirle volar en modo eléctrico silencioso cuando interesa pasar desapercibido. Para un dron militar, eso es oro puro: más alcance y más sigilo. La compañía recibió un contrato de 9 millones de dólares del Ejército para desarrollar el prototipo, y suma ya más de 30 millones en contratos militares. Como CEO está Alec Shkolnik, cofundador de la empresa, que lo resume bien: hoy prácticamente no existen motores diésel de 25 CV válidos para aviación y uso militar, donde cada kilo y cada centímetro cuentan.
Del Wankel de Mazda a los drones del futuro
Resulta fascinante ver cómo una idea que parecía enterrada vuelve por la puerta grande, y conviene matizar una cosa que se suele decir a la ligera. El rotativo no fue un fracaso absoluto, ni mucho menos: Mazda lo mantuvo vivo durante décadas, vendió un montón de deportivos con él e incluso lo ha resucitado hace poco como generador en el MX-30 con autonomía extendida. Lo que pasa es que como propulsor principal de un coche no le salían las cuentas. LiquidPiston ha hecho lo más inteligente: en vez de empeñarse en meterlo en un turismo, lo ha llevado a un terreno donde sus virtudes (ligereza y potencia por tamaño) son decisivas y sus viejos defectos importan menos.
Eso sí, toca el contrapunto honesto. El XTS-210 sigue siendo, a día de hoy, un proyecto en desarrollo. El prototipo para el Ejército se esperaba para 2024 y la comercialización a gran escala todavía no ha llegado. Una cosa es un motor brillante demostrado en un dron y otra fabricarlo en serie y verlo funcionando en flota. Pero la dirección tiene toda la pinta de ser la correcta, y más allá de lo militar, LiquidPiston ya habla de generadores, karts y otros vehículos de experimentación. A mí, como amante de los motores, me encanta la jugada: coger una idea de los años 50 que dábamos por muerta, darle la vuelta como un calcetín y convertirla en algo que puede volar. El rotativo, contra todo pronóstico, ha encontrado una segunda vida. Y esta vez igual sí cuaja.









