Dos años y medio después de que Ferrari anunciara su fichaje entre rayos y truenos, la jugada empieza a cobrar sentido para la Scuderia. Este domingo en Barcelona, Lewis Hamilton ganó su primera carrera con el mono rojo. La número 106 de su carrera. La primera de las que cuentan de otra manera.
No fue un triunfo fácil ni limpio del todo. Hubo estrategia brillante, hubo algo de suerte con el coche de seguridad virtual que provocó el abandono de Alonso en la vuelta 41, hubo una tercera parada que le ahorró diez segundos y le devolvió a la pista por delante de todos con más de veinte vueltas por delante y gomas nuevas. Pero también hubo un ritmo que pilló con el pie cambiado a Mercedes, su ex equipo, y eso no es casualidad.
Hamilton entró en trance en Barcelona. En un circuito donde ya había ganado siete veces, una más que Schumacher, volvió a sus esencias y sacó de no se sabe muy bien dónde una velocidad que no esperaban tener este fin de semana.
El SF-26 llegó a Montmeló con una actualización importante, un nuevo alerón delantero y un suelo y difusor revisados, y la mejora se notó desde el primer momento. Pero lo que terminó de decidir la carrera fue la cabeza de un piloto que sabe exactamente lo que tiene que hacer cuando el coche le acompaña.
Un año de 2025 que casi rompe a Hamilton
Para entender lo que significa este triunfo hay que volver a 2025, el año más duro de la carrera de Hamilton. Su primera temporada con Ferrari fue un ejercicio de frustración continua. El SF-25 no le sentó bien desde el principio, el efecto suelo del reglamento anterior le restaba confianza en las frenadas, y Hamilton llegó a dudar en voz alta de su propio nivel.
Hubo momentos en los que sus palabras sonaban a despedida anticipada, a un piloto de 40 años preguntándose si había cometido el error de su vida al dejar Mercedes.
En una de esas conversaciones difíciles, Hamilton habló de «micro ataques» de duda que le persiguieron durante meses. No es un término que use un piloto cuando todo va bien. Ferrari aguantó, él aguantó, y el invierno lo cambió todo. El nuevo reglamento de 2026, con la simplificación aerodinámica y la eliminación del efecto suelo, le devolvió la confianza que el coche anterior le había quitado. Desde el primer test de pretemporada ya era otro.
Russell salió desde la pole y durante las primeras vueltas el guión parecía el de siempre: Mercedes por delante, los de Maranello mirando desde atrás. Pero Ferrari no dudó. El campeón paró antes que nadie, en la vuelta 12, y sembró la duda en el muro de Toto Wolff. Mercedes no supo responder a tiempo. Cuando Russell hizo su segunda parada, seis vueltas después que Hamilton, el Ferrari ya tenía hueco suficiente para encajar una tercera parada y salir por delante de las dos flechas de plata con mejor neumático.
La puntilla la puso el virtual por el abandono de Alonso. El de rojo entró a boxes, salió primero, y ya no hubo discusión. «Empecé un sueño el año pasado. Un sueño que llegó a parecer imposible. Pero nunca perdimos la esperanza. El equipo me levantó una y otra vez», dijo Lewis al cruzar la meta con la voz entrecortada.

Hamilton volvió a sus esencias y Ferrari le dio el coche para demostrarlo
No era solo una victoria. Era la confirmación de que la apuesta tenía sentido, de que el mejor Hamilton sigue ahí dentro. «Todas las victorias son especiales de una forma u otra, pero esta es algo distinto. El 2025 fue complicado, sufrí muchos micro ataques. Pero supe centrarme y trabajar en mi esencia, sin bajar los brazos«, añadió.
Después de 33 citas con los colores del equipo más mítico de todos, Hamilton ganó en el mismo circuito donde se estrenó la leyenda de Schumacher con Ferrari. El Circuit de Barcelona-Catalunya fue testigo de la primera victoria del ‘Kaiser’ con la Scuderia en 1996, y 30 años después otro siete veces campeón también se estrenó en Montmeló. Una coincidencia que le llegó al alma.
«Creo que este es el primer paso de nuestra historia. Acabo de enterarme de que han pasado 30 años desde que ganó Michael. Y, ya sabes, yo estaba en casa en el sofá viendo esa carrera, probablemente como muchos de vosotros, y con un plato en el regazo comiéndome un sándwich o quizá fuera sopa de pollo con fideos. Eso sí, no estaba compitiendo. Tendría solo 12 años», dijo el inglés.
Con 41 años y esta victoria, Hamilton se quita los fantasmas del año pasado y se mete de lleno en la pelea por el título. Son 41 puntos los que le separan de Antonelli, que abandonó cuando ya le había adelantado a Russell.
El heptacampeón siente que ahora sí tiene todo lo que necesita. «Los cambios que he pedido y por los que he luchado durante todo el año pasado se han llevado a cabo. Ahora cuento con el equipo adecuado a mi alrededor, tengo el coche adecuado y ya puedo empezar a hacer lo que mejor se me da».
El Mundial sigue siendo una cuesta empinada, pero este fin de semana Hamilton recordó a todo el mundo por qué Ferrari fue a buscarle.









