El Mazda CX-3 va a tener una segunda generación en 2027, casi trece años después de que se lanzara el modelo original y seis años después de que fuera retirado del mercado europeo. Que exista, eso ya está confirmado; otra cosa es el coche en sí, porque Mazda no lo ha presentado oficialmente todavía.
La confirmación ha llegado en forma de documento, concretamente en la presentación de resultados financieros del ejercicio fiscal cerrado el pasado marzo, donde la marca japonesa menciona, de manera textual, que introducirá un «nuevo modelo de entrada» dentro de la gama CX para reforzar su posición en el disputado segmento de los SUV compactos.
El vehículo se fabricará en Tailandia y, según el mercado, competirá contra rivales como el Toyota Yaris Cross y el Peugeot 2008, dos de las referencias que dominan buena parte del segmento actualmente en Europa.
Un apunte que dice mucho de la operación: Mazda ha decidido mantener el nombre CX-3, y no rebautizarlo como CX-20, una denominación que llevaba tiempo circulando por las revistas japonesas y que encajaría mejor con la nomenclatura del resto de su gama de SUV. Pero no, seguirá siendo CX-3.
La retirada y la vuelta del Mazda CX-3
El Mazda CX-3 original fue lanzado a finales de 2014 y desapareció del mercado europeo siete años después, en 2021, para dejar hueco al CX-30. Sin embargo, ha seguido vendiéndose en otros mercados como México, Japón, Australia y Tailandia, plazas donde la demanda se ha mantenido sólida, una evidencia de que el modelo seguía teniendo público lejos del viejo continente.
Es esa continuidad fuera de Europa lo que ha llevado a Mazda a apostar por una segunda generación antes de dejar morir el nombre. De hecho, se había convertido en uno de los modelos más veteranos del catálogo, prácticamente sin cambios desde 2014, y en Japón dejó de fabricarse a comienzos de 2026, así que su futuro estaba en el aire hasta esta confirmación.
La producción de la nueva generación se llevará a cabo en AutoAlliance Thailand, la planta conjunta que comparten Mazda y Ford en Rayong, en funcionamiento desde 1995 y con más de cuatro millones de vehículos a sus espaldas. Y no es una elección menor: Mazda anunció en febrero de 2025 una inversión de unos 5.000 millones de bat (alrededor de 130 millones de euros) para reforzar su operación tailandesa y fabricar allí modelos electrificados de pequeño tamaño, un movimiento con el que quiere convertir el país en su gran centro exportador para Japón y el sudeste asiático.
Diseño, tamaño y motor
Aquí llega el capítulo más curioso de todo el anuncio. Para acompañar la confirmación, Mazda deslizó una silueta oscura junto al rótulo «next-generation CX-3»… solo que esa silueta no es el nuevo CX-3, sino el CX-5 de la generación anterior (la serie KF). Un despiste de manual: la marca teóricamente enseñaba su nuevo coche, pero usó la sombra del que no era. Así que de esa primera imagen, en realidad, poco se puede sacar en claro.
Algo más revelador fue el prototipo camuflado que se dejó ver a comienzos de agosto, la primera prueba real de que el proyecto ha pasado de una línea en un informe a chapa y metal. Bajo el camuflaje se intuye una silueta más erguida y un frontal bastante más voluminoso que el del CX-3 actual, aunque es pronto para hablar de dimensiones o plataforma. Lo que sí parece claro es que adoptará el lenguaje de diseño del último CX-5, con superficies más suaves y pilotos redondeados, y que seguirá siendo el SUV de acceso de la marca, por debajo del CX-30.
El concept Vision X-Compact que se mostró el año pasado en el Salón de Tokio tenía formato de hatchback urbano, y aunque Mazda lo presentó como un pequeño coche de ciudad, se interpretó como un anticipo de esta nueva dirección estética. Con todo, la marca todavía no ha desvelado el aspecto definitivo, la gama mecánica completa ni los detalles para cada mercado.
En cuanto a los motores, se espera que el nuevo CX-3 ya ofrezca opciones de electrificación, raro sería lo contrario, algo alineado con la estrategia «multisolución» de la marca de combinar híbridos, combustión y electrificación según la demanda de cada región. Eso sí, los indicios apuntan a un sistema al menos microhíbrido, y quizá híbrido completo, pero en ningún caso 100% eléctrico.
Y esto plantea una incógnita técnica de calado, porque si Mazda desarrolla una plataforma completamente nueva, eso afectaría también al Mazda 2, con el que el CX-3 comparte buena parte de la base técnica actual, ya que un sistema híbrido necesita espacio adicional para la batería y un nuevo cableado que la plataforma de hoy no contempla. De hecho, el propio responsable global de ventas y marketing de Mazda, Manabu Osuga, ha reconocido que aún están decidiendo a nivel global qué tamaño tendrá el coche, si más cercano al Mazda 2 o al Mazda 3, y cómo cubrir la horquilla de precios.
Y si tomamos como referencia el CX-5, aquella renovación no trajo una plataforma completamente nueva, sino una evolución de la existente, lo que hace pensar que el enfoque para el CX-3 será similar y más conservador.
Un mercado de acceso cada vez más disputado
En caso de que se confirme que el Mazda CX-3 va a llegar a Europa, se metería de lleno en un segmento que ya de por sí está muy competido y que además ha cambiado mucho desde que se marchó en 2021. Ahora, los rivales serían el DS 3, el Lexus LBX y el Alfa Romeo Junior, además del Yaris Cross y el Peugeot 2008, sumados a un aluvión de rivales que Mazda cita para otros mercados, como el Ford Puma, el Renault Captur, el Nissan Juke, el Hyundai Bayon, el Jeep Avenger o el VW T-Cross. En este segmento se pelea por el diseño, por la tecnología y, cada vez más, por contener unos precios que no dejan de subir.
Que llegue a Europa o no, sin embargo, sigue siendo una gran incógnita, y aquí conviene ser prudentes: Mazda ha confirmado el coche y su producción en Tailandia, pero en ningún momento ha dicho que vaya a venderse en el viejo continente. Es más, todo apunta a que su prioridad son Japón, Australia y el sudeste asiático, y ni siquiera está previsto su regreso a Estados Unidos.
En Europa, además, la marca tiene otros planes de electrificación en marcha, como el nuevo CX-6e, lo que resta espacio a un pequeño CX-3. De momento, lo único tangible es el coche camuflado y una confirmación de producción; que ese CX-3 acabe aterrizando en un concesionario español es, hoy por hoy, una posibilidad, no una certeza. Sería la vuelta de un modelo que debutó en 2014 pero que lleva sin comercializarse en España desde 2021.









