Uno de los grandes problemas que arrastra la energía renovable es que no se puede guardar o almacenar con facilidad, y eso es un problema que lleva años sin que nadie haya encontrado una respuesta del todo convincente a escala industrial. Los paneles solares solo son capaces de producir cuando luce el sol, los aerogeneradores o turbinas, cuando sopla el viento, y cuando ninguna de las dos cosas ocurre, esa energía simplemente no está disponible.
El almacenamiento a gran escala lleva años siendo el eslabón que falta, y son muchos los proyectos que lo han intentado sin terminar de resolverlo. China tiene ahora mismo en Xinjiang el más ambicioso de todos.
China Energy Engineering Corp, CEEC, ha comenzado con la construcción del componente fotovoltaico de la que se va a convertir en la mayor planta solar híbrida del mundo construida en una sola fase, en Santanghu, en el condado kazajo de Barkol, en Hami.
El proyecto mezcla 1.350 megavatios de fotovoltaica con 150 megavatios de termosolar de torre con almacenamiento en sal fundida, y la idea es que las dos tecnologías trabajen juntas para generar electricidad prácticamente a cualquier hora del día, algo que ninguna de las dos puede hacer por sí misma.
La planta solar híbrida más grande del mundo
La energía fotovoltaica es a día de hoy, la tecnología más extendida en todo el mundo, la de los paneles solares que solo pueden producir cuando el sol luce y que se apagan en cuanto llega la noche, o cuando está muy nublado. Y esa limitación es precisamente la que tiene como objetivo resolver la termosolar de torre.
Para funciona, utiliza miles de espejos, los heliostatos, para concentrar la radiación sobre una torre central de 219 metros, y esa energía no se convierte directamente en electricidad, sino que calienta la propia sal a temperaturas muy altas. La sal fundida puede retener ese calor durante horas, lo que permite poder usarlo después, de noche o cuando hay poca radiación, para mover una turbina y seguir generando, incluso cuando los paneles llevan horas parados.
Y aquí es donde el planteamiento cambia de verdad. En Hami la sal fundida acumula alrededor de ocho horas de energía térmica, las suficientes para cubrir la noche y seguir entregando electricidad firme cuando la fotovoltaica ya se ha apagado. Funciona, en la práctica, como una batería de tamaño colosal que en lugar de química usa calor.
Sin litio, sin cobalto, solo sal, abundante y barata, y con décadas de historial en este tipo de instalaciones. La inversión total ronda los 6.500 millones de yuanes, unos 841 millones de euros, sobre unos 33 kilómetros cuadrados, más que el municipio de Gibraltar.
La previsión es generar unos 2,9 teravatios hora al año, unos 200 gigavatios hora de la termosolar y los 2,7 teravatios hora restantes de los paneles. La termosolar arrancó a finales de 2024 y según CEEC, está ya cerca de completarse. La conexión a la red está prevista para junio de 2026 y la puesta en marcha a pleno rendimiento está prevista para el próximo mes de octubre.
Conviene tomar el calendario con cierta cautela. Son las fechas que maneja CEEC, no un hecho consumado, y la parte fotovoltaica apenas ha arrancado esta primavera. Lo que sí está confirmado es que la termosolar está prácticamente terminada y que el objetivo es tener todo el conjunto a pleno rendimiento en octubre.
Pensada para sobrevivir en las condiciones de Xinjiang
La zona de Santanghu tiene una radiación ultravioleta muy intensa, una de las más fuertes del planeta, donde las tormentas de arena y los vientos pueden ser destructivos para las instalaciones, que están expuestas a temperaturas extremas en invierno y suelos salinos, y todo eso obliga a soluciones que en otras regiones no serían necesarias.
Los paneles son de tipo n, de gran formato, preparados para décadas en esas condiciones.
Los heliostatos llevan estructuras adicionales que ayudan a proteger y que reducen la rotura de espejos por el viento en un 90% respecto a instalaciones convencionales, algo que en miles de espejos trabajando 25 o 30 años en el desierto, acaba teniendo un impacto económico enorme, aunque no sea el tipo de dato que aparece en los comunicados.
Un objetivo que va más allá de producir electricidad
Xinjiang tiene un problema serio con el avance del desierto, el viento arrastra la arena, el suelo se degrada año tras año, y la presencia masiva de paneles y estructuras sobre el terreno crea sombra, frena el viento y retiene humedad.
En otros proyectos similares en zonas áridas de China se ha documentado que la vegetación empieza a recuperarse debajo y alrededor de los paneles al cabo de unos años, y en Hami esperan el mismo efecto. Es algo que no aparece en los planes de generación renovable pero que en una región con ese problema tiene bastante importancia, y que le añade al proyecto una dimensión que va más allá de los megavatios.
El proyecto también está pensado como un modelo para proyectos aún más ambiciosos. Porque China tiene en marcha una segunda tanda de grandes bases renovables en zonas desérticas y áridas, y Hami está concebido para servir de referencia para combinar fotovoltaica, termosolar y almacenamiento térmico de larga duración a escala real, algo que hasta ahora nadie había intentado así.
Detrás de esta apuesta hay una lógica de país. China lleva años obligando a que sus grandes parques renovables del desierto incorporen almacenamiento térmico como este, en vez de fiar la estabilidad de la red a enormes instalaciones de baterías. Se trata de poder sostener la red noche tras noche sin recurrir al gas, algo que a esta escala las baterías todavía resuelven con dificultad.
La mayor planta híbrida en operación hoy es también china, la de China Three Gorges igualmente en Hami, con unos 1.000 megavatios, y esta la supera con holgura.
Y la referencia no es solo china. El segundo mayor complejo híbrido del mundo está en Emiratos Árabes Unidos, Noor Energy 1, con cerca de 950 megavatios. Con sus 1.500, la planta de Hami eleva el récord actual alrededor de un 50%.
Veremos si alguien fuera de China se anima a intentar algo parecido antes de que esta termine.









