El sector energético lleva meses pendiente de este primer semestre de 2026, el plazo en el que China National Nuclear Corporation (CNNC) anunció la comercialización del Linglong One, el reactor ACP100 que se está terminando de construir en Changjiang, en la isla de Hainan.
Y lo ocurrido el pasado 23 de diciembre fue clave para que se puedan cumplir estos plazos, la turbina de vapor arrancó a la primera, con todos los sistemas funcionando exactamente dentro de los parámetros previstos, sin combustible nuclear en su interior, pero demostrando que la parte convencional del reactor ya estaba lista para hacer su trabajo.
Esto es más importante de lo que puede parecer a simple vista, y para entenderlo, en la construcción de una central nuclear, este ensayo o prueba de arranque, es la gran prueba de prueba de fuego, el gran simulacro.
Es la última demostración de que funciona como debe antes de meter el combustible. Y el ACP100 lo logró superar a la primera.
El mini-reactor nuclear
El ACP100 tiene nombre, el Linglong One, y es el primer reactor modular pequeño (SMR, por sus siglas en inglés) de uso comercial terrestre en la historia.
Este proyecto supone la culminación de algo que empezó a verter hormigón en julio de 2021 y que ha cumplido con eficiencia china, cada una de las fases según lo previsto.
Con 125 megavatios eléctricos de potencia, el Linglong One no se ha confeccionado para competir con las centrales convencionales. Un reactor convencional necesita una infraestructura de grandes dimensiones, una red eléctrica que tenga capacidades que no se pueden integrar en un simple reactor comercial.
Por eso, el ACP100 cabe en espacios donde jamás podría instalarse una central tradicional, como pueden ser islas, regiones remotas, zonas industriales que necesitan calor, agua o electricidad.
Y cuando hablamos de que cabe en cualquier sitio, no es una forma de hablar: el reactor mide apenas unos 14 metros de alto por algo más de cuatro de ancho. Una central nuclear normal es un coloso; este, en comparación, es un módulo industrial que se fabrica por piezas y se ensambla en el sitio.
Eso sí, las cifras son impresionantes, y de cumplirse las previsiones y lo realizado en las pruebas, producirá mil millones de kilovatios por hora al año, más que suficiente para cubrir las necesidades de 526.000 hogares.
Y en lo ambiental, clave en los avances tecnológicos de hoy en día, se reducen en 880.000 las toneladas de CO2 al año, para poner esta cifra en contexto, es lo mismo que plantar 7,5 millones de árboles.
El reactor es un PWR integrado, un reactor de agua a presión y que lleva los sistemas de refrigeración dentro del módulo. Si algo falla, está confeccionado para que el calor del núcleo se disipe por convección, no necesita que haya una intervención desde fuera.
Más allá de la electricidad, el Linglong One está pensado como una navaja suiza energética: puede dar calefacción, vapor industrial o desalinizar agua de mar, algo muy goloso para una isla como Hainan. Y hay un cliente que ha disparado el interés por este tamaño de reactor, los centros de datos de la inteligencia artificial, que devoran electricidad las 24 horas y para los que 125 megavatios estables encajan casi a medida.
16 años de desarrollo
El proyecto del ACP100 lleva muchos años en desarrollo, mucho, y esto ha elevado la expectación.
Comenzó en el año 2010, el diseño preliminar estuvo listo cuatro años después, en 2014, y en el año 2016 se convirtió en el primer reactor modular pequeño del mundo en que fue aprobado por el Organismo Internacional de Energía Atómica, lo que le permite a día de hoy, poder comercializar y lograr acuerdos para poder exportarlo, cuando esté listo, a Indonesia, Tailandia, Malasia y Arabia Saudita.
Conviene matizar ese hito de 2016, porque suele malinterpretarse: lo que hizo el Organismo Internacional de Energía Atómica fue una revisión genérica de seguridad del diseño, la primera que superaba un reactor de este tipo en el mundo. No es una licencia ni una aprobación regulatoria como tal, pero sí un sello de credibilidad internacional que abrió la puerta a venderlo fuera.
La construcción en Changjiang ha ido avanzando por etapas, con una instalación de equipos que se inició en diciembre de 2022. Un año después, se terminó la estructura interna, y en 2024 se levantó la cúpula exterior.
No es casualidad que lo hayan levantado precisamente ahí. El Linglong One es el hermano pequeño del Hualong One, el gran reactor de exportación chino, y Changjiang ya tenía dos reactores en marcha desde 2015 y 2016 (más otros dos grandes en obras), así que el SMR se enchufa a una red, un sistema de refrigeración y un equipo humano que ya existían. En vez de empezar de cero en un descampado, lo han encajado en una central que ya funcionaba.
Y a finales del año pasado, en octubre de 2025, se realizaron las pruebas funcionales en frío, las que se encargan de verificar el circuito, las tuberías, las válvulas y los recipientes a presión. Y ya, el pasado mes de diciembre, es cuando se arrancó.
Ahora, se espera el que debería ser el último paso, cargar el combustible nuclear y los propios ensayos en caliente, para después conectarlo a la red.
A día de hoy, ese último paso todavía no se ha dado. Pese a algún titular que ya daba el reactor por encendido, los registros oficiales del Organismo Internacional de Energía Atómica seguían marcándolo a finales de mayo como «en construcción», sin criticidad, sin conexión a la red y sin fecha de operación comercial. China está a un palmo de la meta, pero el plazo del primer semestre de 2026 se agota y aún no la ha cruzado del todo.
Los problemas de las nucleares
China aprovecha el hecho de contar con una política menos restrictiva con las nucleares en comparación con Europa y Estados Unidos.
Por ejemplo, NuScale, empresa norteamericana, tiene pendiente un proyecto de características similares que se ha ido encontrando con trabas que le han impedido arrancar. Y por el momento, no se espera que su primer reactor esté listo antes del año 2030.
En Europa, es Rolls-Royce quien trabaja en un proyecto similar desde Reino Unido, pero sin nada aún construido, y las previsiones más optimistas, pero parece que poco realistas, hablan del primer SMR para 2030.
Y no son los únicos que corren por detrás. En Canadá, la eléctrica Ontario Power Generation pidió en marzo de 2026 la licencia para operar un reactor BWRX-300 en Darlington, aunque también tendrá que esperar al visto bueno regulatorio. El patrón se repite: Occidente tiene los diseños, pero China es la que ya tiene el hormigón puesto y el reactor casi listo.
Y China, como ya empieza a ser habitual en otros muchos campos, coge ventaja, tiene ya 29 reactores nucleares en construcción, casi la mitad del total mundial, y el único reactor modular pequeño, que está cerca de ver la luz. Esta ventaja, los expertos la cifran en 10 o 15 años. El Linglong One demuestra esa ventaja.
Dicho esto, que el primero llegue antes no significa que la partida esté ganada. Queda por demostrar lo más difícil: que un reactor fabricado en serie salga rentable frente a uno grande, qué se hace con los residuos y si la gente lo acepta cerca de casa. Eso no se resuelve por ser pequeño, y es lo que de verdad dirá si los SMR son el futuro o solo una promesa más.









