Quedan apenas unos días para que Aston Martin empiece a averiguar si el infierno que lleva atravesando desde que el AMR26 pisó por primera vez el asfalto tiene, por fin, fecha de caducidad. En Spa-Francorchamps, el equipo de Fernando Alonso se dispone a completar su último ejercicio de resistencia con el monoplaza actual. Un coche que, a estas alturas del campeonato, ya nadie discute que nació mal y que ha ido arrastrando sus limitaciones circuito tras circuito, como quien tira de una maleta rota que se niega a cerrar. La redención, si llega, tendrá acento húngaro.
Porque en Budapest, la semana próxima, aterrizará una versión que apenas guardará parentesco con la actual. Esto es, un nuevo morro, aerodinámica revisada de arriba abajo, una cura de adelgazamiento en el chasis y en la caja de cambios, y mejoras del motor Honda que se suman al lote. Adrian Newey, el hombre llamado a devolver a Aston Martin a un lugar del pelotón que se le presupone por presupuesto y por nombre, lo resumió sin ocultar la ambición del envite: “Nuestro objetivo es tener el nuevo coche listo para el Gran Premio de Hungría. Estamos trabajando duro para completar todo a tiempo”.
Antes de eso, sin embargo, toca sufrir una vez más en las Ardenas, un trazado que castiga sin piedad justo aquello de lo que el AMR26 más carece: potencia y carga aerodinámica. Eau Rouge, Raidillon y los kilómetros de rectas y curvas rápidas que siguen actúan, en Spa, como una suerte de detector de mentiras: no hay forma de disimular ahí lo que ya se hizo evidente en Silverstone, en Barcelona o en el Red Bull Ring. El equipo llega, eso sí, con una diferencia respecto a citas anteriores. Y es que sabe que es la última vez que tendrá que tragar este trago concreto.
Los números de Aston Martin que separan la ilusión de la fantasía
Las estimaciones internas del equipo apuntan a una ganancia de hasta dos segundos por vuelta con el nuevo paquete, una cifra que, de cumplirse, bastaría para sacar al AMR26B de la cola de la parrilla y devolverlo a la zona media. Suena bien sobre el papel.
Los números, sin embargo, obligan a moderar el entusiasmo: la diferencia media del AMR26 respecto al corte de la Q1 esta temporada es de 1,3 segundos, cifra que en los últimos tres circuitos ha crecido hasta los 2,1, los 1,9 y los 2,3 segundos. Incluso, este mismo viernes, los dos coches verdes terminaron a más de dos segundos… del 18°, el Williams de Sainz, y a más de 5 segundos del líder, Antonelli. Claro que el circuito de Bélgica agudiza aún mas sus carencias.
Aún así, para colarse en la Q2 hace falta ya un salto considerable. Para soñar con puntos, la exigencia es todavía mayor: recortar más de tres segundos respecto al mejor tiempo de ese corte. Newey lo admite sin rodeos, avisando de que el proceso de digestión del nuevo coche no será instantáneo: “No creo que lo tengamos todo a punto de inmediato […] nos llevará un par de sesiones sacar el máximo”.

Spa, la última cuenta pendiente antes del cambio de era
Aston Martin llega a Bélgica sin ninguna novedad en el coche, fiel a la estrategia que ha mantenido durante todo el año, no gastar recursos en parches menores sobre una base ya sentenciada. Todo el presupuesto, toda la energía de ingeniería, se ha reservado para el nuevo coche que debuta en Hungría. Fernando Alonso y Lance Stroll afrontarán, así, otro fin de semana de penitencia en las Ardenas, aunque con la diferencia de saber que es el último de este ciclo particular de sufrimiento.
A partir de Hungría, la conversación puede cambiar de tono. Y con ella, también la situación de Alonso respecto a su futuro inmediato en la Fórmula 1, una decisión que el asturiano tiene previsto desvelar durante el parón veraniego y que dependerá, en buena medida, de lo que el Hungaroring termine por revelar sobre el verdadero potencial del AMR26B. Por ahora, toca aguantar una cita más en Spa. Después, llegará la hora de la verdad.









