Bélgica será la despedida de Fernando Alonso con este Aston Martin. Después de una temporada complicada, marcada por la adaptación al nuevo reglamento de 2026 y por un motor Honda que se ha visto muy lejos del mínimo, el equipo afronta la siguiente carrera en Spa como el último trámite antes de un cambio de ciclo que llevan meses preparando.
Lo cierto es que en Hungría llegará el primer gran paquete aerodinámico de la temporada, con una actualización completa del coche, y en Zandvoort se sumará la segunda fase de esa evolución junto al nuevo motor Honda.
No es un dato menor. Este es el primer año de Honda como motorista de fábrica de Aston Martin, tras una década ligada a Red Bull en la que sumó seis títulos entre 2021 y 2024. El proyecto llegó además con Adrian Newey al frente de la parte técnica, y tanto él como Lawrence Stroll han repetido en varias ocasiones que todo está pensado para meterse en la pelea de cabeza en los próximos años, algo que exige que motor y chasis avancen al mismo ritmo.
Alonso y Aston Martin afinan detalles clave antes de estrenar el nuevo motor Honda
Tanto en Austria como en Silverstone, en Aston Martin sabían que sin las evoluciones pendientes no había opciones reales de puntuar. Alonso lleva desde inicios de año en la misma última zona de la parrilla, lejos del grupo de la zona media al que aspira Aston Martin en la segunda mitad de temporada. Por eso el foco de esos fines de semana no estaba en el resultado, sino en dejar resuelto todo lo que hará falta cuando llegue el motor nuevo.
Alonso se centró en pulir los procedimientos de clasificación y carrera, un trabajo menos visible pero que el equipo considera vital para no perder tiempo en detalles operativos cuando el coche empiece a ser competitivo. Es, de hecho, el tipo de rodaje que debería haberse cerrado en los test de pretemporada de febrero, y no cinco meses después, en pleno mes de julio.
Mientras tanto, Honda ponía a sus pilotos de simulador a generar datos sobre la manejabilidad del motor actual, sobre todo en las reducciones de marcha, y sobre la gestión de la energía eléctrica, uno de los puntos más criticados del propulsor desde el arranque del curso.

Alonso ya nota el cambio
Shintaro Orihara, responsable de pista de Honda, explicaba en Silverstone antes de la carrera cómo estaban trabajando: «Tenemos que volver a optimizar los ajustes de nuestros datos para mejorar la manejabilidad». Tras la carrera fue más allá, señalando que esa misma metodología se trasladará directamente al nuevo motor una vez esté listo.
Alonso ya percibe la diferencia. Tanto en Austria como en Silverstone logró encadenar vueltas mucho más consistentes, sin los altibajos de rendimiento en marchas y despliegue de energía que habían condicionado buena parte del arranque de temporada.
Ese problema, recurrente desde las primeras carreras del año, provocaba que la velocidad de entrada en curva variara de una vuelta a otra, obligando al piloto a conducir con margen de seguridad en lugar de al límite. La consistencia recuperada es precisamente lo que le permite exigir al coche al máximo en cada curva, al saber de antemano con qué velocidad llega a cada frenada.
Orihara valoró especialmente esa respuesta: «Ese comentario es muy positivo para nosotros». Para Honda, que Alonso perciba la mejora confirma que están ajustando los reglajes en la dirección correcta antes de introducir la unidad definitiva, un paso que consideran determinante dado lo poco margen que existe para corregir errores una vez el nuevo motor esté en pista de forma oficial.
Alonso, más cómodo al volante desde Austria:
El propio piloto detalló el progreso tras la clasificación en Austria, pese a acabar lejos en la tabla de tiempos: «No es lo que queremos, pero no muy lejos. Nos estamos acercando». Y añadió: «Hoy tengo una sensación más positiva que en cualquier otra sesión de clasificación».
Sobre el origen de esa mejora, fue muy concreto: «Ha sido la primera clasificación del año en la que he tenido el mismo despliegue en las tres vueltas», dijo el de Aston Martin en Spielberg. Eso, según explicó, le permite atacar cada curva sabiendo de antemano la velocidad de aproximación a la siguiente. En Silverstone confirmó que esa mejora se había mantenido, un dato que el equipo interpreta como una señal de estabilidad más que como un resultado puntual.
Mike Krack, jefe de pista de Aston Martin, no da el problema por resuelto. Preguntado por las reducciones de marcha, respondió: «Es un aspecto en el que hay que seguir trabajando». El luxemburgués explicó además que, incluso con miles de cambios de marcha y transiciones de entrega de par a lo largo de un fin de semana, siempre aparecen casos concretos que no funcionan exactamente como se espera, y que corregir eso es un proceso continuo, no un punto final.
Krack también matizó por qué Silverstone no es la referencia más exigente para este tipo de problemas: «Es un trazado muy rápido, por lo que normalmente ruedas en marchas largas». Según explicó, en circuitos con menos frenadas fuertes el motor sufre menos en la gestión energética, mientras que otros trazados exponen con más claridad los problemas de manejabilidad.
Spa sí será ese examen exigente. Con sus zonas de frenada fuerte tras Eau Rouge y Les Combes, combinadas con largas rectas donde la gestión de energía es determinante, el circuito belga somete al motor a un estrés similar al que probablemente encuentre el equipo en otras citas complicadas del calendario. Orihara lo resumió así: «Spa nos permitirá seguir aprendiendo».
En Spa-Francorchamps nadie del pelotón espera ver a Aston Martin cerca de la zona de puntos. El propio Alonso lo ha dejado claro más de una vez, recordando que este año, «sea cual sea la actualización», no va a ser suficiente para pelear ahí arriba. Lo que de verdad importa este fin de semana es otra cosa: llegar a Hungría sin ningún cabo suelto, para que el nuevo Honda pueda rendir desde su primera salida a pista y no arrastre los mismos problemas de manejo del motor y gestión de energía que han condicionado la primera mitad del campeonato. Que todo sea.









