En plena transformación automovilística, con la electrificación como protagonista, son muchos los que están apostando por el pasado para seguir avanzando. Y cuando miras al pasado, hay pocos coches que provoquen tanta carga emocional como el Ford Escort, un vehículo que marcó a varias generaciones y que ahora está de vuelta.
Fue un modelo sencillo, accesible, asociado a la competición, y ahora, medio siglo después, regresa como un vehículo deportivo artesanal, con 326 CV, sin ayudas electrónicas de ningún tipo y con un precio de 344.000 euros. Solo se han construido 150 unidades, así que hacerse con uno de ellos está al alcance de muy pocos.
El renacimiento del Ford Escort
Boreham Motorworks es la empresa encargada de renacer el mítico Ford Escort, una empresa británica que se caracteriza por fabricar vehículos de alto rendimiento y por reinterpretar y devolver a la vida coches clásicos, y lo hacen manualmente, de forma artesanal y siempre son series limitadas.
Ahora ha presentado este nuevo Escort Mk1 RS, una creación propia con la autorización de Ford. Dicen que no es una simple réplica moderna ni un restomod, se refieren a él como una reinterpretación oficial que mantiene su identidad original, pero con un nuevo desarrollo técnico y una limitada producción.
En total, solo se han fabricado 150 unidades. Se puede elegir carrocería, con volante tanto a la izquierda como a la derecha, pudiéndose adaptar a cualquier país. Tiene un precio de salida de 344.000 euros, es decir, entra de lleno en el segmento de los superdeportivos de lujo, nada que ver con los millones de Ford Escort que se han vendido durante la historia.
326 CV y 10.000 rpm sin ningún filtro electrónico
La transformación mecánica es total, nada que ver con el vehículo de hace décadas, un contraste radical viendo lo parecido del vehículo por fuera. Si nos vamos a la versión con más potencia, lleva un motor atmosférico de cuatro cilindros y 2,1 litros denominado Ten-K, que llega a alcanzar 326 CV y 10.000 rpm, cifras que más parecen de un vehículo confeccionado para la competición, más que para un vehículo pensado para circular por la carretera. Lleva una caja manual de cinco velocidades, con esquema deportivo, y su experiencia de conducción es 100% mecánica, nada de filtros eléctricos, es la máquina y el piloto, sin ayudas ni nada que tenga que ver con la conducción actual.
Para los más nostálgicos, quienes quieran estar más conectados a la historia, hay una variante que lleva un motor 1,8 litros basado en los Escort de competición de Alan Mann Racing, el equipo que supo sacarle más rendimiento deportivo en el mundo de las carreras. En este caso son 182 CV con un régimen máximo de 8.500 rpm. Su filosofía se asemeja más a cómo eran los coches de carreras de finales de los años 70, y aunque cuenta con menos potencia, el carácter intenso y deportivo al volante permanece intacto.
Pero todo el trabajo de ingeniería va mucho más allá del motor o de la propia caja de cambios, el chasis y las suspensiones han sido completamente rediseñadas, fabricadas con materiales más ligeros con fibra de carbono, aluminio mecanizado y con componentes de titanio en los puntos clave de la estructura. El eje trasero es uno de los elementos más destacados, de seis puntos, es clave para reducir el peso de manera notable respecto al sistema tradicional del Escort de competición, que además mejora la precisión en curva de todo el vehículo.
Sin ABS, sin control de tracción, solo mecánica pura
Por fuera se ha logrado conservar mucho del diseño original del Mk1, como son los pasos de rueda ensanchados y las proporciones que están inspiradas en los vehículos de competición de la década de los 70, un momento de la historia donde los coches de rally vivieron su época dorada. Dentro del vehículo, la apuesta es todavía más purista, conservando la instrumentación analógica de antaño, mandos físicos y sin nada de ayuda electrónica, algo que hoy en día parece imposible en cualquier modelo que se comercialice, ni control de tracción ni ABS.
No es casualidad que se lance un nuevo Ford Escort en plena era de transformación eléctrica, precisamente, ese es el principal motivo que está llevando a muchos a recuperar los coches más clásicos de la historia. La movilidad eléctrica está concebida, principalmente, para moverse, para ir de un sitio a otro, donde las sensaciones al volante, las sensaciones deportivas, la adrenalina, están desapareciendo, y aunque algunos fabricantes trabajan para que los vehículos eléctricos no pierdan esa filosofía, por concepción, parece algo imposible.
Estos vehículos históricos nos devuelven a la época dorada de la conducción, a la potencia, a la velocidad pura, el motor y el piloto. Este nuevo Ford Escort es uno de los muchos ejemplos, una apuesta por recuperar todo eso que ahora se está perdiendo.
Solo habrá 150 unidades, con un precio de salida de 344.000 euros, una pieza de coleccionista, para los más puristas, para los grandes amantes de los coches que quieran volver al pasado, ahora que el futuro lo terminará de cambiar todo.









