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Agua de mar, sol y microorganismos: el proyecto valenciano que convierte el mar en despensa y depósito de agua sin verter salmuera

Agua de mar, sol y microorganismos: el proyecto valenciano que convierte el mar en despensa y depósito de agua sin verter salmuera

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Por: Autonoción Redacción

Publicado: 27.09.2026 11:00

Hay una cifra que persigue a Mario Ribelles desde que la escuchó por primera vez. La agricultura consume cerca del 70% de todas las extracciones de agua dulce del planeta. Si a eso se suma el agua que beben las ciudades y la que usan las industrias, el margen que queda para el ser humano es mínimo. Y en un mundo donde la sequía ya no es una amenaza lejana, sino una realidad que golpea al Mediterráneo cada vez más fuerte, esa cifra no es una curiosidad. Es un aviso.

Ribelles es estudiante del doble grado en Biotecnología y Química en la Universitat Politècnica de València (UPV). Podría haber escrito un trabajo académico sobre el problema y archivarlo. En lugar de eso, se hizo una pregunta que suena a utopía pero que tiene una lógica aplastante: ¿y si el agua de mar pudiera convertirse en agua dulce para cultivar alimentos, sin necesidad de suelo fértil, sin enchufarse a la red eléctrica y sin verter salmuera al mar? De esa pregunta nació Eden Blue, un proyecto de biotecnología marina que ha sido elegido como Proyecto Innovador Ciudad de Gandia 2026 y que representará a la ciudad en el certamen nacional Innpulso Emprende.

El equipo está formado por unas 20 personas entre personal investigador, profesorado universitario y profesionales del ecosistema valenciano de innovación, con el apoyo de ARIHUB. No hay un inventor solitario ni una gran empresa detrás. Hay un grupo de gente joven que ha decidido atacar uno de los problemas más grandes de nuestro tiempo desde la frontera más inexplorada: el océano. «La idea es llevar la agricultura a su última frontera», resume Ribelles .

Una cascada de aprovechamiento donde nada se tira

La innovación de Eden Blue no está en una única tecnología. Está en la integración. El sistema funciona como una cascada: el agua de mar entra, se desaliniza con energía solar, y el agua dulce resultante alimenta cultivos hidropónicos. Hasta ahí, nada nuevo. Lo que viene después es lo que marca la diferencia.

La salmuera, ese residuo hipersalino que las plantas desalinizadoras convencionales devuelven al mar con consecuencias ecológicas documentadas, no se tira. Se convierte en el alimento para microorganismos halófilos, bacterias y microalgas adaptadas a ambientes extremadamente salinos, que se cultivan en fotobiorreactores. Estos microorganismos producen compuestos de alto valor para la industria farmacéutica y química. Y no queda ahí. La biomasa residual de esos cultivos podría aprovecharse para generar más energía o como biofertilizante, cerrando el círculo de residuo cero.

El objetivo no es solo producir agua. Es producir agua, alimentos y bioproductos a partir de dos recursos que sobran en la costa mediterránea: sol y mar. «Utilizamos agua de mar para obtener agua dulce y cultivar productos agrícolas, mientras que los recursos resultantes se destinan también a la obtención de bioproductos de alto valor para la industria y la farmacia», explica Ribelles.

Del laboratorio al mar: el estado real del proyecto

Eden Blue está en fase TRL 3-4, lo que en lenguaje llano significa que están validando la tecnología en laboratorio, no en el mar. El equipo ya trabaja con lechugas en pruebas controladas, comparando distintos sustratos, sistemas de riego y microorganismos beneficiosos. El siguiente paso será un ensayo integrado a escala de banco: producir agua de forma constante, usarla para regar, y emplear la salmuera real resultante para alimentar un fotobiorreactor.

La previsión es tener un primer prototipo a finales de 2026. A corto plazo, el sistema podría captar agua mediante bombas. A medio plazo, la idea es trasladar todo a plataformas flotantes capaces de funcionar de forma autónoma en el mar.

Ribelles es claro sobre lo que Eden Blue no pretende ser: «No buscamos hacer que el agua sea más barata, sino mejorar su accesibilidad y contribuir a evitar que la escasez de recursos hídricos se convierta en un obstáculo para la agricultura» . En un contexto donde el regadío en el Mediterráneo enfrenta restricciones crecientes, esa distinción importa.

Lo que aún falta por demostrar

El camino hasta una plataforma flotante autónoma en el mar es largo. El equipo lo sabe. Los retos técnicos son considerables: la desalinización solar a escala, la estabilidad de los cultivos en un entorno salino, la integración de fotobiorreactores con el resto del sistema, la logística de una plataforma flotante que debe operar de forma continua sin mantenimiento frecuente.

También está la cuestión económica. Los bioproductos de alto valor podrían subsidiar el coste del agua y los alimentos, pero eso depende de que los mercados farmacéutico e industrial paguen lo suficiente por los compuestos que generen los microorganismos halófilos. Y de que esos microorganismos produzcan a escalas que hagan viable la operación.

El reconocimiento de Gandia y la participación en Innpulso Emprende no resuelven esos problemas. Pero ponen a Eden Blue en el mapa. Y en un momento en que la crisis hídrica aprieta y las soluciones convencionales se quedan cortas, un proyecto que mira al mar con otros ojos merece, como mínimo, que le prestemos atención.

EL GARAJEvia El Garaje

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