Volkswagen es uno de los gigantes de la automoción, pero durante algunos años parecía que no se conformaba solo con ser uno de los grandes actores en las carreteras de todo el mundo. Fue concretamente en 2019, y fue en China, donde se propuso entrar de lleno en un mercado aéreo. Lo hizo en forma de dron, eléctrico, de hasta cuatro plazas, y que pudiera unir ciudades como Pekín y Tianjin en minutos. Era más silencioso que un helicóptero, y se marcaron el objetivo de convertirse en referente en un segmento de movilidad premium. Fueron cinco años, tres prototipos a tamaño real y, finalmente, un proyecto fracasado.
Pero con el fin del proyecto, no terminaron los problemas. Hubo problemas internos que han derivado en demandas de 30 millones de dólares, una investigación penal a una trabajadora que parece haberse quedado sola por hacer, según afirma, el trabajo que le mandó la compañía.
El dron de Volkswagen
Volkswagen estaba decidido a fabricar un dron que pudiera transportar a pasajeros, y por eso montó en Pekín un proyecto formado por un equipo de investigación que se dedicaría en exclusiva a desarrollar este trabajo tan ambicioso, un vehículo conocido como eVTOL.
El desarrollo fue avanzando bajo el liderazgo, primero de Flying Tiger y después de Sky Garden, y llegó a fabricar varios prototipos a tamaño real. Pese a ese gran avance técnico tan esperanzador para la marca, las evaluaciones internas tenían serias dudas de si el aparato iba a poder llegar a ser competitivo en el mercado frente a los rivales chinos, que avanzaban a un ritmo muy superior.
Los socios de Volkswagen
El primer socio de Volkswagen fue la start-up china de aviación Pantuo Aviation, con la que se pretendía acelerar el desarrollo del proyecto. Los ingenieros, sin embargo, planteaban dudas a medida que avanzaba el diseño aerodinámico y la viabilidad técnica del aparato. La colaboración acabó rompiéndose por discrepancias sobre la dirección que iba tomando el proyecto.
Fue entonces cuando Volkswagen recurrió a Hunan Sunward Technology para mantener vivo el desarrollo, y con ellos construyeron varios prototipos, el Flying Tiger y el Sky Garden. El cambio de socio no resolvió el problema y mientras Volkswagen seguía con los prototipos, la competencia china ya estaba en fases avanzadas de pruebas y se preparaban para la comercialización.
El fin del proyecto
Pese a que se aprobó internamente seguir con el proyecto en el año 2024, Volkswagen decidió poner punto y final al proyecto en junio de ese mismo año, y centró todo en continuar con lo que habían estado haciendo toda la vida, los coches, también porque las ventas iban cayendo a medida que los fabricantes chinos de eléctricos iban aumentando gracias a una innovación más rápida, precios más competitivos y un gran avance tecnológico. Finalmente, se le comunicó el fin a Wanfeng, uno de los socios del proyecto, con un simple mensaje de WeChat.
Y poco después, uno de los socios también anunció el cierre de la empresa conjunta, y el otro, directamente, no llegó a responder a las preguntas sobre el asunto. La dirección de Volkswagen en China afirmó que el objetivo era centrarse en recuperar el terreno perdido en el mundo del automóvil, la prioridad absoluta.
La demanda de 30 millones
Pero los problemas legales fueron más allá, después de que Pantuo Aviation, el primer socio del proyecto, presentara una denuncia penal denunciando una violación de secretos comerciales, y acusó directamente a Volkswagen de compartir información técnica confidencial con otra compañía china de aviación tras la ruptura de su colaboración. La policía de Shanghái abrió una investigación en 2023, y en los documentos del caso aparece como sospechosa Zhou, la exresponsable del proyecto dentro de Volkswagen, y no la propia compañía, quien fue denunciada. Zhou ha explicado que se ha quedado sola enfrentando el caso pese a haber estado cumpliendo con sus funciones para la empresa.
En 2025, Pantuo también presentó una demanda de 30 millones de dólares contra Volkswagen y AVIC GA, y las acusó directamente de robo de propiedad intelectual. El Tribunal Supremo Popular de China acabó por desestimar la causa contra Volkswagen, al considerar que el conflicto debía resolverse mediante arbitraje, aunque la reclamación contra AVIC GA sigue su curso. Volkswagen ha negado en todo momento haber cometido irregularidades.
Como terminó este proyecto refleja bien hasta qué punto ha cambiado el terreno de juego en China. Como resumió un consultor del sector citado por Reuters, si una empresa extranjera no se adapta a la velocidad china de desarrollo, sencillamente no tiene ninguna opción. Mientras al menos siete compañías chinas ya se preparan para fabricar taxis voladores comerciales, Volkswagen sigue con los pies en el suelo, en un episodio que deja claro que en el mercado chino ya no basta con tener una gran marca global, hace falta liderazgo tecnológico real, socios locales sólidos, y la capacidad de competir de tú a tú con una innovación doméstica que avanza cada vez más rápido.









