La industria del automóvil trabaja en lograr autonomías eléctricas mucho más amplias de lo que tenemos hoy en día, que el rendimiento en este sentido, se acerque al máximo a lo que han sido los vehículos gasolina y sobre todo los diésel. La mayoría piensa que la manera de extender la autonomía eléctrica es hacer las baterías más grandes, introducir más celdas en los mecanismos para que pueda circular más kilómetros. Pero la solución no siempre es tan simple como podría parecer a simple vista, entre otros motivos, porque más tamaño implica más peso, más gasto de energía. Es mejor centrarse, por ejemplo, en que parte de la energía acumulada no se desperdicie por el camino.
Eso es lo que Texas Instruments podría haber conseguido, y lo habría hecho con un componente que cabe en la punta de un dedo: es el TMCS2100, un sensor que permite exprimir mejor cada carga sin tocar el pack de baterías.
Cómo funciona el sensor
Este componente se instala dentro del inversor de tracción, y es capaz de decidir cuánta energía llega al motor desde la batería dependiendo de cada momento y de las circunstancias que rodean a la conducción. Podríamos decir que es un gestor de energía, y necesita saber cuánta electricidad exacta está circulando para repartir la potencia justa en cada momento concreto.
Hay sensores de corriente en la actualidad, pero sin núcleo, que miden el campo magnético en un solo eje, es ahí donde está el problema. En movimiento, el coche sufre vibraciones que mueve el sensor, y ese desplazamiento, aunque sea mínimo, provoca que haya errores a la hora de medir.
Según el fabricante, TI puede medir dos ejes, horizontal y vertical, y es 20 veces más preciso que las alternativas que se usan en la actualidad.
Y esa precisión no es solo porque hayan querido que sea perfecto, es necesario para reducir lo que se conoce como torque ripple, que son esas pequeñas fluctuaciones de par que hacen que la aceleración se sienta menos suave, que el motor suene más, y que provoque una pérdida de energía innecesaria. Si contamos con un dato mucho más limpio, la potencia se repartirá mejor y se malgastará bastante menos.
Más precisión sin ocupar más espacio
Lo más interesante, lo que hace que, de este sensor único hasta el momento, es que, hasta ahora, para ganar precisión era necesario sumar un núcleo magnético y eso hacía más grande el componente. TI mide en dos ejes y no necesita el núcleo, por tanto, ofrece más precisión sin que haya que aumentar el tamaño. Esto permite inversores más pequeños que tenga una densidad de potencia mucho más elevada ocupando el mismo espacio.
Ya no solo es una solución efectiva, es que, además, se mueve en sintonía con lo que buscan los fabricantes de coches eléctricos, que están empeñados en dar con soluciones que permita aumentar la autonomía, sin que ello suponga gastar más espacio, suficiente han perdido ya con la movilidad eléctrica, para seguir este mismo camino. Aunque haya miles de componentes que no se vean, como el inversor, el cableado, la electrónica de potencia, todo suma, así que reducir lo que sea, siempre será bienvenido.
TI no es un actor nuevo en el mundo de la automoción, sabe lo que hace y lanza una propuesta teniendo muy claro cuáles son las necesidades actuales y lo que buscan los fabricantes de vehículos respecto al espacio y al peso de las baterías, y que aumente su autonomía.
Lo que todavía no se sabe
Pero en cierta manera, volvemos a lo mismo. Aunque el objetivo sea aumentar la autonomía sin aumentar las baterías, estos sistemas requieren espacio, ocupa sitio, y el sitio en los vehículos actuales está muy limitado. Claro, una solución será reducir las baterías actuales, con este sistema, se podría igualar la autonomía, pero el objetivo no es reducir el peso porque sí, el objetivo es lograr más autonomía, por tanto, no se cumpliría el cometido real de esta pieza.
Otro dato que no ha trascendido en cuánta autonomía extra ofrece, no han dado cifras desde la empresa, no sabemos si hablamos de un extra de 15 km, o un extra de 100 km, datos determinantes para que la tecnología termine por dar un paso hacia la comercialización.
La movilidad eléctrica avanza, pero las previsiones no están siendo tan rápidas como se esperaba, y el mayor freno sigue siendo todo lo relacionado con las baterías, con la autonomía y con los tiempos de carga. La carrera industrial es bestial, el que primero logre lanzar algo efectivo, tendrá una ventaja de mercado única, y cuando todo eso llegue, es cuando realmente todo el mundo empiece a plantearse comprarse un coche eléctrico. Muchas promesas, pero lo cierto es que, aunque ha mejorado, la movilidad eléctrica tiene aún muchas etapas por recorrer.









