Carlos Sainz salió del Williams con una gran sonrisa. Había terminado noveno en la clasificación de Bakú, una posición que no entraba en los planes del equipo después de lo visto durante el fin de semana y que tampoco parecía especialmente probable cuando comenzó la Q1. Williams había pasado buena parte de la temporada peleando en la zona baja de la parrilla y llegaba a este circuito un año después de aquel podio que ahora parece tan lejano.
La primera señal apareció en esa Q1. Sainz pasó a la segunda ronda como undécimo y Alexander Albon lo hizo noveno. De repente, los dos Williams estaban dentro de la pelea por algo que durante muchas carreras había parecido fuera de su alcance.
«Ha sido una sorpresa para nosotros, sabíamos que la mejora era importante y que nos iba a hacer ir más rápido, pero no he visto la posibilidad de ir a Q3 en ningún momento este fin de semana hasta esa vuelta de Q1 que he hecho», explicó Sainz después de bajarse del coche. La reducción de peso introducida por Williams había permitido dar un paso adelante, pero el equipo también había encontrado una forma diferente de preparar los neumáticos blandos.
«He hecho una vuelta muy buena al principio, y he dicho, igual aquí hay una oportunidad de brillar un poquito y meternos en Q3». A partir de ahí, Sainz fue mejorando hasta encontrar dos vueltas que terminarían colocando al Williams entre los diez primeros.
Carlos Sainz encuentra la vuelta que llevaba meses buscando
La Q2 confirmó que lo ocurrido en la primera ronda no era casualidad. Sainz terminó noveno y se metió en la Q3 por primera vez esta temporada, mientras Albon se quedó fuera. Allí llegó la vuelta de 1:44.566, suficiente para colocar al madrileño también en la novena posición de la parrilla, justo por detrás de Max Verstappen y por delante de varios coches que durante buena parte del año habían estado muy lejos del alcance del Williams.
«A partir de ahí he ido mejorando, y la verdad que la vuelta de Q2 y la vuelta de Q3 han sido unos buenos vueltones, no me puedo quejar», reconoció.
La posición tiene además un significado especial para Sainz después de una temporada en la que, según él mismo explica, su rendimiento al volante no siempre ha podido verse reflejado en los resultados. El Williams ha limitado muchas veces el lugar al que podía aspirar incluso cuando el piloto sentía que había completado una buena vuelta.
«Ha sido un año muy frustrante, uno en el que, sinceramente, he conducido bien. Estoy conduciendo bien con esta nueva reglamentación, me he adaptado bien a estos coches, pero he podido brillar muy poquito porque, al final, igual solo lo haces en un momento de esta temporada», explicó.
La diferencia con otras ocasiones se entiende mejor al recordar algunas de esas clasificaciones. Sainz asegura que durante el año ha tenido vueltas con las que habría podido estar satisfecho, pero que el resultado final hacía difícil que pudieran apreciarse desde fuera.
«Me acuerdo cuándo he hecho vueltas como esta de Bakú, he quedado el 16º y me habéis dado la enhorabuena, porque no le vas a vender a la gente que has hecho un vueltón y has hecho 16º».
Esta vez el resultado sí acompañó a la vuelta. Y Williams también había hecho su parte. El equipo cambió el procedimiento para preparar los neumáticos blandos después de comprobar que una vuelta de preparación permitía llegar con las gomas en mejores condiciones al intento definitivo.
«Hemos descubierto que para nuestro coche era mejor hacer una vuelta de preparación en vez de empujar, que es lo que estábamos haciendo todos», explicó Sainz. El cambio podía parecer pequeño, pero en una clasificación como la de Bakú, donde las diferencias se miden en décimas y cualquier error termina contra el muro, resultó importante.
«Hemos cambiado el plan porque hemos visto que es mucho mejor cuando las ruedas llegan un poquito más caliente del calentamiento y la vuelta de preparación, y el equipo ha tenido la flexibilidad, y también la agilidad para cambiar el plan», añadió.
El madrileño destacó precisamente esa capacidad del equipo para reaccionar y modificar el planteamiento cuando entendieron qué necesitaba el coche. «Tener esa agilidad, esa flexibilidad con el equipo, esa buena comunicación, un coche que te lo permite y luego una vuelta cuando tocaba importante», resumió.
Después de meses en los que las buenas vueltas apenas cambiaban su posición en la parrilla, esta vez sí pudo enseñar lo que llevaba tiempo intentando demostrar.
«La realidad es que vengo conduciendo bien todo el año, y a la primera oportunidad que se me ha presentado de brillar un poquito más y de enseñar un poco la garra, los dientes y todo lo que he echado de menos para luchar por podios y victorias», dijo Sainz. Y añadió: «Por lo menos, hoy hay una Q3 que era importante».

La bandera amarilla deja el noveno puesto pendiente
La clasificación, sin embargo, todavía no había terminado del todo para Sainz. Durante su último intento, Lando Norris se salió delante de él y apareció una bandera amarilla en el momento en que el piloto de Williams llegaba a esa zona del circuito. Los comisarios abrieron una investigación para determinar si había reducido suficientemente la velocidad.
Sainz defendió que sí lo hizo y que la telemetría demostraba que había levantado el pie de forma clara. «He levantado más de tres o cuatro décimas, entonces no habrá sanción, ya que he hecho todo lo que me han pedido», aseguró.
La situación se produjo además en una zona especialmente delicada de la vuelta. «Justo cuando llegaba a la frenada, Lando ha salido, y justo se ha acabado cuando yo entraba ya a la tercera curva, así que no creo que haya ningún problema», explicó.
La decisión corresponde ahora a los comisarios, por lo que la novena posición todavía queda pendiente de esa resolución. Pero, con independencia de lo que ocurra con la investigación, Sainz ya ha conseguido algo que Williams no había logrado en toda la temporada: llevar el coche hasta la Q3 y colocar el nombre del equipo entre los diez primeros de una clasificación.
Y eso, para un piloto que llevaba meses esperando una oportunidad así, es probablemente lo que más importa de su viernes en Bakú.









