Nadie quiere ver a un piloto abandonar, y menos por un fallo mecánico de su coche ajeno a él. Los Mercedes han dado en las últimas carreras dos disgustos que se traducen en alegrías por igualar el Mundial de Fórmula 1. Los problemas en los monoplazas de George Russell en Canadá y de Kimi Antonelli hace unos días en Barcelona abren una ventana de esperanza a sus rivales en la lucha por el título. Que se lo digan a Lewis Hamilton, que huele sangre tras el abandono del italiano y ya está a 41 puntos.
Es inevitable preguntarse qué les ocurre a los Mercedes, con fallos en las baterías y en la parte eléctrica de sus dos coches, no es un problema exclusivo en una parte del garaje. La cuestión preocupa cuando uno recuerda que se hace extensiva a otros motores Mercedes, los equipos clientes, en este primer año de normativa. Dan fe de ello Carlos Sainz, Oscar Piastri, Lando Norris… McLaren, de hecho, sufrió problemas en ambos coches papayas en las baterías en China. Ni empezaron. Y en Mónaco, Norris también sufrió un problema parecido.
El primer abandono preocupante del equipo de Brackley fue el de Russell en Canadá. Culpar a las altas temperaturas no tendría demasiado sentido para justificar el fallo de aislamiento en la batería de alto voltaje. Podría haber sido por mil motivos mientras la versión de la escudería se limitó a que «se trató de un apagón del motor provocado por un fallo en la batería, que sufrió una avería catastrófica cuando se había completado un tercio de la carrera y puso fin a la participación de George en ese momento», explicó James Alisson, director técnico de Mercedes.
«Al final de la carrera pudimos ver claramente que la batería no funcionaba bien, presentaba algunos daños por sobrecalentamiento, y tendremos que averiguar en los próximos días y semanas qué fue exactamente lo que lo provocó y solucionarlo», añadió. Podría haber sido por infinitos motivos. El calor extremo de Barcelona sí que pudo jugar un papel determinante en el KO de Antonelli, con una temperatura durante todo el fin de semana de 50 grados en el asfalto.
«El coche se apagó sin previo aviso», comentó el líder del Mundial, que había sobrepasado a su compañero en pista en la vuelta 60 pero no tuvo tiempo para más. Mercedes tuvo hace tiempo un problema con una válvula de la refrigeración pero, en principio, lo arreglaron en su día. Quién sabe si ha vuelto a dar problemas. Cuando un coche sufre problemas de temperatura, una posible solución es bajar la potencia o usar una refrigeración más abierta para controlar las temperaturas.
Puede persistir
Otra posible explicación es algún problema de electrónica o de calidad de alguno de los componente que haya fallado en las flechas plateadas. Sea como sea, la situación debería preocupar, y más escuchando a Toto Wolff: «La mayoría de los problemas han tenido que ver con la batería pero han sido fallos diferentes, nunca es lo mismo, así que tenemos que entender qué ha sido. El síntoma es siempre similar, que el coche, como el de George (Russell) en Montreal, se apaga de repente».
Que se preparen para lo que viene, para el extenuante calor de ciertas citas europeas. Hay alguna voz en el paddock que avisa de que los apagones podrían repetirse en alguna de las próximas carreras, sobre todo en circuitos de tremenda exigencia como Spa. Si las altas temperaturas acompañan, como en Barcelona, que Mercedes se ande con ojo, que puede haber Mundial.









