Desde que Europa sabe que debe cambiar la movilidad, que debe cuidar más las emisiones, la contaminación, el medio ambiente en líneas generales, se abrió la puerta, o la carrera industrial, para que los fabricantes y la propia industria se pusieran a trabajar en la movilidad del futuro, y fueron dos frentes los que se abrieron de forma automática, dos tipos de tecnologías válidas para lograr cero emisiones, la electrificación y el hidrógeno. La primera contaba con cierta ventaja, porque los primeros prototipos de coches eléctricos ya se habían generado y fabricado, y a simple vista, parecía una tecnología más lógica, al fin y al cabo, el acceso a la electricidad en Europa se da por hecho a todos los niveles.
El hidrógeno, por su parte, contaba con una gran ventaja respecto a la movilidad eléctrica: aunque la tecnología estaba menos avanzada, ya había empresas que se habían puesto manos a la obra, y la ventaja de esta movilidad, es que el rendimiento de los vehículos, las sensaciones al volante, eran similares a las de la conducción de vehículos de gasolina, motores con más ruido, autonomías.
Y las dos, se enfrentaban a un problema común, el desarrollo, en el caso de los eléctricos, el desarrollo de unas baterías que debían durar más, ofrecer más autonomía y cargar más rápido. En el caso del hidrógeno, trabajar en una expansión, de estaciones de servicio y tecnología, que partía de un precio muy alto. Así que poco a poco la electrificación se ha ido imponiendo, hasta tal punto, que muchos creen que se acabará imponiendo. Pero si Toyota no piensa de la misma manera, quizá hay que seguir teniéndolo en cuenta, por lo que pueda pasar.
Toyota y el hidrógeno
Toyota siempre ha sorprendido por su visión de futuro, por su inversión cuando nadie más lo hacía, y esto le ha permitido, por ejemplo, ofrecer la movilidad híbrida con más reputación de la automoción, la mejor tecnología demostrada. Aunque han tardado en lanzarse al mercado eléctrico, han estado trabajando en sus fábricas hasta lanzar algo a la altura de la marca, y tan despacio han ido, que, hasta la fecha, solo han lanzado un modelo en China, y sorprendentemente, en unos meses lideran el mercado en el país del coche eléctrico y de los supuestos dominadores de esta movilidad. Veremos lo que venden en Europa cuando lo saquen aquí.
Pero mientras seguían perfeccionando la hibridación y evolucionando en el eléctrico, nunca han abandonado el hidrógeno, por varios motivos. El primero, como decimos, consideran que las prestaciones de la gasolina, solo se pueden lograr con el hidrógeno. El segundo, porque, aunque saben que la evolución del hidrógeno, si no se invierte, puede comenzar siendo muy cara, una vez que se trabaje y se investigue, se democratizará, y creen que eso terminará ocurriendo y que ambas tecnologías, hidrógeno y eléctrica, podrán convivir en el futuro, dependiendo de las necesidades de cada conductor.
Prueba de ello es que Toyota acaba de presentar uno de sus grandes desarrollos, una de sus grandes apuestas, un sistema de hidrógeno líquido que puede aprovechar la superconductividad dentro del propio depósito de combustible. Y lo han probado en el GR Corolla H2, un prototipo de competición que se vale del hidrógeno para funcionar.
Toyota y el depósito de hidrógeno
Lo que ha logrado Toyota es construir una bomba superconductora integrada en el depósito de hidrógeno líquido. El hidrógeno se almacena a -253 grados centígrados, y a estas temperaturas, algunos materiales se convierten en superconductores, pudiendo transportar electricidad sin apenas resistencia. Y Toyota ha aprovechado esto para instalar una bomba de suministro dentro del propio tanque, lo que le ha permitido eliminar muchos componentes necesarios hasta el momento.
Así han logrado un sistema más compacto y ligero, y también han mejorado la eficacia energética al reducir las pérdidas eléctricas. Esto permite aumentar la capacidad del depósito más de un tercio.
Más autonomía y eficiencia en circuito
Las pruebas de resistencia han demostrado la efectividad de Toyota. Por un lado, se ha incorporado una bomba con cigüeñal de doble efecto, que ofrece más durabilidad y funciona de forma más estable. Por otro lado, el depósito ha evolucionado frente a los diseños cilíndricos utilizados inicialmente. Ahora se ha optado por una estructura más ovalada que aprovecha mejor el espacio disponible, lo que permite mayor almacenamiento de hidrógeno líquido sin aumentar el espacio que ocupan.
Los resultados demuestran la gran eficiencia lograda. Primero, más autonomía, y segundo, más velocidad en los repostajes, uno de los grandes retos del hidrógeno de cara al futuro en caso de que se expanda.
El hidrógeno es una de las movilidades del futuro, pero debe haber más apuesta e investigación. Por ejemplo, uno de los grandes retos del hidrógeno, además de su compresión y su traslado, es su evaporación al contacto con aire caliente. Se debe encontrar el sistema para poder aprovechar cada gota y que no se pierda por el camino, y eso, poniéndolo a disposición del ciudadano, no es sencillo.
Aun así, el hidrógeno sigue vivo, es una tecnología válida para el futuro, y si Toyota sigue apostando por ella, debemos tenerla muy en cuenta, porque la marca nipona, no suele equivocarse.









