El litio es hoy uno de los materiales más codiciados del planeta, y la razón es bien sencilla: sin él no habría baterías, y sin baterías la transición energética, tal y como la conocemos en la actualidad, no podría funcionar.
El problema es que las grandes reservas que se conocen están muy concentradas en el llamado triángulo sudamericano, formado por Bolivia, Chile y Argentina. Eso genera una dependencia geopolítica que preocupa, y mucho, a los países que trabajan con este material, sobre todo a Estados Unidos, que en la actualidad solo puede contar con una pequeña operación de extracción de litio en salmuera en el estado de Nevada, y poco más.
Pero todo esto podría estar cambiando de forma radical.
En la frontera entre Nevada y Oregón hay un cráter volcánico originado hace más de 16 millones de años, la caldera de McDermitt, y es ahí donde un equipo de geólogos de Lithium Americas Corporation ha realizado un análisis que sitúa en este punto entre 20 y 40 millones de toneladas de litio metálico. Es mucho más que el mayor depósito conocido hasta la fecha, el del salar de Uyuni en Bolivia, considerado durante años el más grande del mundo.
Si las estimaciones terminan por confirmarse, no habrá dudas: estamos ante el mayor yacimiento de litio jamás encontrado en la Tierra. Y la compañía ya ha pasado de la teoría a las excavadoras, porque la mina que debe explotar ese yacimiento está hoy en plena construcción.
El mayor depósito de litio del mundo
La caldera se formó hace 16,4 millones de años por una erupción que expulsó alrededor de 1.000 kilómetros cúbicos de magma, rico en litio entre otros elementos. Ese magma se enfrió rápidamente y formó una roca volcánica que, con el tiempo, se meteorizó hasta producir partículas con mucho litio.
Después se formó un lago en el interior del cráter, que permaneció ahí durante cientos de miles de años. En su fondo se fue acumulando un sedimento arcilloso cargado con todo ese material.
Más tarde llegó una segunda fase volcánica que expuso esos sedimentos a una salmuera caliente, cargada de litio y potasio, que transformó la arcilla en lo que se conoce como ilita. Y ahí está la clave: la ilita contiene entre un 1,3% y un 2,4% de litio, casi el doble que la esmectita original. Eso es lo que explica que haya una concentración tan alta en un solo lugar.
El resultado es una capa de arcillita rica en litio de unos 40 metros de espesor y muy cerca de la superficie, lo que simplifica enormemente la extracción: no hay que perforar a grandes profundidades, como suele ser habitual.
Anouk Borst, geóloga de la Universidad KU Leuven (Bélgica), lo describe como haber dado con el punto exacto: el lugar donde las arcillas se han conservado cerca de la superficie sin erosionarse con el paso del tiempo, algo que reduce enormemente los costes. Christopher Henry, geólogo emérito de la Universidad de Nevada en Reno, añade que el material tiene el aspecto de una arcilla marrón de alfarero, poco interesante a simple vista, pero única por la cantidad de litio que esconde.
Para entender por qué este hallazgo es tan importante conviene situarlo. El litio suele extraerse de dos sitios: de las salmueras de los salares sudamericanos o de la roca dura de minas como las australianas. McDermitt representa un tercer tipo, el litio volcano-sedimentario atrapado en arcilla, mucho menos habitual y, sobre todo, nunca explotado a escala comercial. Ahí reside tanto su atractivo como su mayor incógnita.
Extracción y mercado
Lithium Americas prevé retirar la arcilla con un proceso que la mezcla con agua, separa por centrifugación los granos pequeños ricos en litio de los minerales más grandes y, después, disuelve el litio con ácido sulfúrico en grandes depósitos.
Si lo consigue de forma eficiente, con poco consumo de energía y de ácido, Estados Unidos pasaría a tener su propio suministro de litio y reduciría su dependencia de las importaciones, precisamente lo que lleva años buscando. Tendría implicaciones en el precio global del material y en la seguridad de suministro de toda la industria de baterías, y al mismo tiempo le daría una posición de mercado única respecto al resto del mundo.
La compañía ya no habla de un futuro lejano. La mina de Thacker Pass, situada en el extremo sur de la caldera (en el lado de Nevada), está en plena construcción, con más de 1.300 trabajadores en obra y un pico previsto de unos 2.000. Lithium Americas desarrolla el proyecto en una empresa conjunta con General Motors, que controla el 38% del negocio frente al 62% de la minera.
La primera fase está diseñada para producir 40.000 toneladas anuales de carbonato de litio de calidad para baterías, suficiente para equipar hasta 800.000 coches eléctricos al año. El proyecto se financia, entre otras vías, con un préstamo de 2.230 millones de dólares del Departamento de Energía de Estados Unidos. El calendario de la propia empresa apunta a la finalización mecánica de la planta a finales de 2027, con la producción comercial escalando hacia 2028. Dicho de otro modo: el yacimiento es real y la mina avanza, pero el litio a gran escala todavía tardará en llegar.
Hay un factor que no se puede pasar por alto. La zona de Thacker Pass, donde se concentra el yacimiento, es considerada sagrada por varias comunidades nativas americanas. Los paiute la llaman Peehee Mu’huh («luna podrida») y allí, el 12 de septiembre de 1865, la 1.ª Caballería de Nevada atacó un campamento y mató al menos a 31 personas —según algunas fuentes, más de 50—, entre hombres, mujeres, niños y ancianos.
Varios grupos indígenas llevan años recurriendo la puesta en marcha del proyecto. La empresa ha obtenido los permisos para avanzar y las obras siguen su curso, pero el conflicto judicial y cultural continúa abierto.
Tampoco faltan las discrepancias científicas. Christopher Henry señala que las dataciones muestran que el sistema volcánico se apagó antes de lo que necesitaría el modelo de Benson —el geólogo de Lithium Americas que firma la teoría— para funcionar tal y como se plantea. La empresa defiende su modelo y mantiene en pie el proyecto, hoy en plena fase de construcción.
Lo que sí queda claro es que, si todo sale adelante y la extracción funciona, este rincón del desierto puede cambiar por completo el comercio del litio y, con él, buena parte de la industria mundial de las baterías.









