Si hay algo que ha traído la electrificación del mundo del automóvil, es el auge de las marcas chinas, su expansión por Europa, gracias a unos precios muy bajos, pero ofreciendo lo último en tecnología y rendimiento, capaz de competir con las marcas más tradicionales, con las que han gobernado el mercado en los últimos 50 años. En China, parecen ir varios pasos por delante en cuanto a evolución tecnológica, y además de tener acceso directo a materias primas de mucho valor, a un coste más bajo, y contar con una mano de obra mucho más barata en comparación a los fabricantes del viejo continente, ha propiciado que sus coches se conviertan en productos muy atractivos para el consumidor.
Son muchas marcas las que han aterrizado en Europa en los últimos años, BYD es la que mejor ha sabido aprovechar el momento de dudas y de precios altos en Europa por el cambio de tecnología, y Geely, Chery y MG han sabido seguirle la estela, para posicionar sus vehículos y elevar la marca hasta convertirlas, no es referentes, pero si en actores relevantes del mercado. Sin embargo, poco a poco se va descubriendo que no todo es lo que parece.
La realidad del mercado chino
Detrás de unas estrategias tan agresivas, hay una realidad que poco a poco, empieza a relucir, una realidad que podría significar un cambio importante, incluso para el mercado europeo, porque podría suponer un vuelco para el futuro. La mayoría de los fabricantes está vendiendo a pérdidas, con el único objetivo de ganar popularidad y cuota de mercado.
Estrategia que, por el momento, no está funcionando, y esto está llevando al sector a desplomarse y a la propia intervención del Gobierno chino, lo que ha dejado al descubierto lo que hay detrás de una guerra de precios que ha cambiado la industria del automóvil, ya no solo en China, en todo el mundo. Y desde Pekín, han decidido actuar con contundencia para poner punto y final a una situación que podría agravarse con el paso del tiempo.
Los coches más baratos.
La estrategia del mercado chino, la local principalmente, se ha basado en el volumen, con el objetivo de vender el mayor número de coches, sin importar demasiado asumir pérdidas por cada unidad vendida. Estas pérdidas se podían compensar con las ayudas estatales, y con el acceso a materias primas muy baratas. Pero la realidad ha terminado por hacer que todo estalle, y según señalan diversos informes, más del 70% de las ventas torales, se hacían con márgenes muy cortos, incluso pérdidas. Explicado rápido, muchas empresas estaban perdiendo dinero por cada coche que vendían.
Las cifras hablan por sí solas: en el 2025, el margen de beneficio del sector cayó al 4,4%, un margen ya de por sí, muy ajustado, pero superior al del primer trimestre de este año, 3,2%. Además, el beneficio bruto por la venta de cada automóvil era de solo 2.000 euros, por tanto, si se tienen en cuenta los gastos asociados, como los financieros, los de investigación, los de desarrollo y comercialización, numerosos analistas coinciden en que, al final cada operación, lo que realmente generaban, eran pérdidas.
Como consecuencia, los resultados financieros de cada marca eran muy débiles, y aunque algunos han logrado sobrevivir gracias al volumen de coches que vendía, los beneficios eran cada vez menores.
Límites desde Pekín
Las autoridades chinas han decidido actuar ante la dinámica tan preocupante que atraviesa el sector, pese a que este impulso ha permitido situar al país en los más alto del mercado del coche eléctrico, aunque también ha generado un entorno cada más inestable.
El Gobierne teme que estos problemas financieros del sector, acabe arrastrando a la economía global del país, que esta lacra se extienda a otros sectores, y por eso ha decidido intervenir. Y una de la nueva normativa, obliga a algo lógico, pero que no se llevaba a cabo, que es la de prohibir vender por debajo del coste de producción, un cambio radical si se tiene en cuenta la política que se ha seguido durante años.
Por tanto, los fabricantes están ahora inmersos en modificar su estrategia comercial, empezando por retirar promociones, reducir los descuentos y subir los precios para poder recuperar la rentabilidad. La presión también ha aumentado con el coste al alza de los productos para la confección de las baterías, como el litio.
Y también se reducen las ayudas e incentivos públicos, con los que muchas empresas mantenían sus negocios. El nuevo marco normativo obliga a que el sector cambie de dirección completamente.
En lo que respecta a Europa, esto supone un alivio considerable dada la imposibilidad de pelear con las marcas chinas tal y como estaban operando. Es cierto que siguen estando en desventaja, por mucho que la industria china ajuste, su producción y su mano de obra sigue siendo más barata, y su avance tecnológico también. Pero la diferencia de precios se reduce, lo que supone un verdadero alivio.









