Cuando Lando Norris cruzó la línea de meta en el Gran Premio de Hungría con más de 15 segundos de ventaja sobre Verstappen, la imagen resultaba difícil de imaginar apenas unos meses antes. El mismo equipo McLaren que había ganado tres de los cuatro títulos posibles entre 2024 y 2025 había llegado a 2026 sin entender del todo el coche que había construido, persiguiendo a Mercedes y Ferrari en lugar de marcarles el paso. La victoria en el Hungaroring no fue solo el primer triunfo de la temporada para Norris, más bien la confirmación de que los papaya habían encontrado el camino después de meses buscándolo.
El nuevo reglamento barajó el orden de la parrilla, y el equipo campeón se topó con un monoplaza corto de carga aerodinámica desde el primer test en Barcelona, con dificultades además para sacar partido de la nueva generación de motores Mercedes, mucho más compleja que sus predecesoras. Hasta la cita húngara, McLaren había estado un paso por detrás de Mercedes y Ferrari. En algunos circuitos, incluso Red Bull les complicaba la vida.
Andrea Stella, director del equipo, fue honesto sobre lo que ocurrió en los primeros meses de la temporada. «Cuando se acabó el MCL40, vimos que teníamos que corregir el rumbo», explicó el italiano, admitiendo que el análisis de los coches rivales fue determinante para entender en qué dirección debían moverse.
Mercedes conocía su motor, McLaren tuvo que aprenderlo
Uno de los problemas que más dolió al arrancar la temporada estuvo en el motor. Mercedes, lógicamente, conocía desde dentro su propia unidad de potencia. McLaren tuvo que aprenderlo sobre la marcha, y esa brecha se notó en pista desde las primeras carreras. En Australia, el MCL40 llegó a perder hasta 10 km/h frente al W17 en determinadas fases de aceleración, pese a compartir exactamente el mismo motor.
McLaren fue cerrando esa brecha poco a poco, hasta acceder durante el verano a herramientas de simulación de la unidad de potencia que Mercedes ya utilizaba. «Durante los últimos meses hemos tenido la oportunidad de profundizar en nuestro conocimiento de la nueva unidad de potencia y trabajar con nuestros socios técnicos para entender cómo utilizarla de la mejor manera», reconoció Stella. «Ha sido un proceso largo, con sus altibajos, pero está empezando a dar sus frutos».
El parón forzado de abril y el giro en el desarrollo del McLaren MCL40
El punto de inflexión llegó antes de lo que muchos esperaban. Paradójicamente, el parón forzado de abril le permitió a McLaren centrarse por completo en analizar el rendimiento del MCL40 y comprender que necesitaban redirigir su desarrollo en determinadas áreas del coche. Fue entonces cuando el equipo entendió que no bastaba con seguir evolucionando en la misma dirección, había que cambiar de enfoque.
A partir de ahí, las novedades empezaron a llegar carrera tras carrera. Una primera evolución importante llegó entre Miami y Canadá, pero el gran examen estaba señalado en Budapest. La introducción de cuatro mejoras de rendimiento, entre ellas un nuevo suelo, modificaciones en la zona de los deflectores y un rediseño de los endplates del alerón trasero, transformó el comportamiento del monoplaza.
Norris no esperaba que la recuperación de McLaren llegara tan pronto. «Está claro que el fin de semana de Budapest fue el punto culminante», admitió Stella. «No solo por el resultado, sino sobre todo porque el paquete aerodinámico que introdujimos es fruto de este cambio de dirección en el desarrollo y nos ha permitido dar un paso significativo en términos de competitividad».

Las próximas mejoras de McLaren llegarán en Bakú
La victoria en Hungría no es el punto final de la recuperación, sino el de partida de la segunda mitad de temporada. McLaren ya tiene mejoras más pequeñas programadas para las primeras carreras tras el parón, y un paquete potencialmente más significativo apuntado para el Gran Premio de Azerbaiyán en Bakú.
Stella fue claro sobre lo que queda por delante. «Espero que el coche sea el mejor al final de la temporada y siga añadiendo décimas en las próximas once carreras, probablemente hasta medio segundo, así que todavía queda mucho trabajo por delante».
Una advertencia para Mercedes, Ferrari y Red Bull, pero también una señal de que en Woking saben que el campeonato de constructores, en el que acumulan 152 puntos de desventaja respecto al líder, sigue siendo matemáticamente posible.
El propio Norris, otra pieza clave de la mejora
Norris también subrayó que parte de la mejora viene de su propio trabajo con los ingenieros para entender mejor el coche, fruto de las muchas horas dedicadas junto a ellos. Se siente más cómodo extrayendo el rendimiento del MCL40 que en los primeros meses de temporada, algo que en un coche tan exigente como el de 2026 marca una diferencia apreciable.
Tres meses después, McLaren ya no reconoce el equipo que era en marzo. El coche no es todavía el más rápido de la parrilla, pero por primera vez en 2026 ha demostrado que puede ganar. Y eso, para un equipo campeón que pasó la primera mitad del año buscando respuestas, es exactamente lo que necesitaba antes de la segunda mitad.









