Mientras Europa se obsesiona con los eléctricos, Mazda planta en España este SUV diésel de 3,3 litros con etiqueta ECO, 5 L/100 km y por 380 € al mes.
La movilidad eléctrica sigue dando pasos para convertirse en la movilidad del futuro. Su influencia en la movilidad actual es incuestionable y ha sido capaz de imponerse a otras opciones que no contaminan, como puede ser el hidrógeno. La electrificación, sin embargo, sigue estando lejos de la movilidad de combustión interna, la que nos ha movido toda la vida, y aunque poco a poco va cerrando la brecha, todavía quedan muchos años para poder alcanzar la precisión y la eficiencia de los vehículos que nos han acompañado en las últimas décadas.
La combustión interna tiene los días contados, al menos en Europa, pero no se sabe cuándo terminará definitivamente. Porque la fecha prevista para dejar de vender coches de gasolina y diésel, en 2035, se ha visto sometida a la presión de una industria con gran peso económico mundial y a la propia presión de muchos gobiernos, conscientes de que los planes previstos para esa fecha son inviables.
Esta situación ha dado alas a los fabricantes que estaban transitando a una movilidad que, de momento, no les da tantos beneficios. Pero todavía más alas ha dado a los pocos que han seguido apostando por vehículos de combustión tradicional, como es el caso de Mazda. Lo bueno es que su nuevo SUV de motor diésel tiene etiqueta ECO, pero apenas competencia. Se trata del Mazda CX-60.
Mazda desafía al tiempo
El Mazda CX-60 podría ser la excepción que confirma la regla, la de que ya nadie apuesta por el motor de combustión. De hecho, muchos fabricantes ya han abandonado la tecnología del diésel, decantándose por los híbridos o por los coches eléctricos, pero Mazda mantiene la apuesta. Y lo hace con un argumento muy poco común a estas alturas: un seis cilindros en línea de 3,3 litros (3.283 cc), una arquitectura que casi todos los rivales del segmento han abandonado en favor de bloques de cuatro cilindros sobrealimentados.
La versión de acceso está compuesta por un motor 3.3 e-Skyactiv D de 200 CV y 450 Nm de par, asociado a una caja automática de ocho velocidades con embrague multidisco y tracción trasera. Es híbrido ligero gracias al sistema M Hybrid Boost: un motor eléctrico de 17 CV (12,5 kW) y 153 Nm alimentado por una batería de iones de litio de 44 voltios y 0,33 kWh, que asiste al motor de combustión y permite recuperar energía en frenadas. Esa configuración es la que le da derecho a la etiqueta ECO de la DGT.
Este coche es capaz de pasar de 0 a 100 km/h en 8,4 segundos, alcanza una velocidad máxima de 212 km/h y declara un consumo homologado WLTP de 5 L/100 km, con emisiones de 127 g/km de CO₂. Aunque esas cifras son de laboratorio, las distintas pruebas que se han realizado con este coche demuestran que efectivamente puede moverse en esos números en uso real.
Un escalón por encima está la variante de 254 CV y 550 Nm, con tracción total AWD. Acelera de 0 a 100 km/h en 7,4 segundos y su velocidad máxima es de 219 km/h, con un consumo homologado de 5,3 L/100 km y 139 g/km de CO₂. Como pasa con el modelo anterior, las pruebas realizadas se acercan a estas cifras.
Por lo tanto, el CX-60 es una alternativa que nada tiene que ver con los SUV que dominan el mercado actual, los que apuestan por ser híbridos enchufables y obligan a cargar constantemente si se quiere tener una movilidad eléctrica en ciudad, justo donde realmente se quiere ahorrar en combustible y en emisiones.
Y hay un dato que termina de entender por qué el CX-60 tiene tantos pretendientes pese a remar contracorriente: el precio. La versión diésel de acceso parte de 47.953 € al contado, aproximadamente 13.000 € por debajo de lo que cuestan sus rivales alemanes directos (Audi Q5, BMW X3 y Mercedes GLC) en motorizaciones comparables. Y si se prefiere la financiación, Mazda ofrece su Plan Multi-Opción por 380 € al mes, con el acabado Exclusive-Line ya cargado de equipamiento: llantas de 20 pulgadas, faros LED, cámara de visión trasera, control de crucero, acceso y arranque sin llave, climatizador bizona, asientos delanteros calefactados con ajuste en altura y lumbar, cuadro de instrumentos digital de 12,3 pulgadas y pantalla central de 12,3 pulgadas.
Renovación del CX-60 2025
La actualización de Mazda no se limitó a una mejora de los motores: la idea de la marca era poder competir de tú a tú con otras grandes firmas del sector. Se mejoró especialmente el confort en marcha y se refinó todo el vehículo en líneas generales, dos aspectos fundamentales si hablamos de SUV y se quiere competir en todos los frentes, como, por ejemplo, contra BMW o Mercedes.
Uno de los apartados donde más ha mejorado esta versión respecto a los modelos pasados es en el ruido dentro del habitáculo y en las propias vibraciones del coche. Es decir, una apuesta en toda regla para que el confort interior sea una seña de identidad y borrar las críticas que recibió el coche en su lanzamiento por una suspensión seca y un aislamiento mejorable.
Para ello se revisó la suspensión, que además de las vibraciones mejora notablemente la sensación en la conducción, con nuevos reglajes en muelles y amortiguadores. Otro aspecto mejorado es la dirección asistida electrónica y el propio sistema de tracción total AWD. El objetivo es ofrecer al conductor un comportamiento mucho más preciso y una calidad superior, comparable a la de modelos del renombre del Audi Q5, el BMW X3 o el Volvo XC60.
Mazda da un nuevo golpe sobre la mesa y sigue apostando por algo a lo que casi nadie apuesta —el diésel— y por una hibridación muy diferente a la de otros SUV. La marca japonesa se desmarca de la tendencia actual y, con ello, logra cifras y rendimiento que muchos otros ya ni se plantean. Y todo ello, cumpliendo con los mínimos de sostenibilidad que la DGT reconoce con etiqueta ECO.









