Cuando Carlos Sainz aceptó en 2018 que las cámaras de Netflix entraran en su casa, en su familia y en sus negociaciones profesionales, no sabía hasta dónde llegaría aquella decisión. Lo que sí tenía claro es que no era un paso cómodo. Hoy, ocho años después, el piloto español reconoce que aquella apuesta fue “determinante”, no solo para su carrera, sino para la expansión global de la Fórmula 1.
Sainz fue uno de los primeros pilotos que entendió el potencial de Drive to Survive cuando el proyecto aterrizó en el paddock con más dudas que certezas. “Lo analicé con mi equipo de management y les dije: esto puede ser algo que lo cambie todo. Vamos a dar acceso al menos el primer año y luego veremos”, explicó.
No fue una decisión sencilla. El madrileño siempre se ha definido como una persona reservada, especialmente con su entorno más cercano. La idea de mostrar su vida privada, a su familia o incluso conversaciones relacionadas con contratos no le resultaba natural. Aun así, dio el paso.
Una exposición incómoda… que funcionó
Las cámaras de Netflix llegaron hasta su casa en Mallorca. Hubo escenas con su familia y momentos que, admite, no eran precisamente confortables de grabar. Pero cuando se estrenó la primera temporada, el impacto fue inmediato.
“Creo que gané medio millón de seguidores en apenas dos semanas”, recuerda. “Ahí te das cuenta de que todo ese esfuerzo, incluso haber mostrado más de lo que te gustaría, había merecido la pena”.
El crecimiento de su popularidad personal fue solo una parte del fenómeno. Carlos Sainz sitúa ese momento como el inicio de una transformación más amplia del campeonato, coincidiendo con la nueva etapa de la F1 bajo Liberty Media y acelerada por la pandemia.
“Empezamos a grabar en 2018, luego llegó el COVID y, durante esos meses, muchísima gente descubrió la Fórmula 1 viendo Netflix”, explica. Para él, esa combinación fue clave en el salto definitivo del deporte hacia nuevas audiencias.
Estados Unidos, antes y después de Netflix
Sainz pone un ejemplo muy concreto para ilustrar ese cambio: el Gran Premio de Austin. “He vivido ir a Austin y ver gradas medio vacías, y volver dos años después del COVID y encontrarme una locura de gente”, señala.
Ese crecimiento no solo cambió el ambiente en los circuitos, también la forma en la que los pilotos se ven a sí mismos. “Ahora no soy solo un piloto de Fórmula 1. Tengo que cuidar mi imagen, mi marca y con quién me asocio”, admite. La figura del piloto como embajador global es ya una realidad asumida dentro del paddock.

Madrid y una ‘simulación’ muy particular para Carlos Sainz
Durante el mismo encuentro, el piloto de Williams aprovechó para hablar del futuro Gran Premio de España en Madrid, un proyecto en el que se ha implicado personalmente.
Más allá de promocionar el evento, Sainz quiso comprobar por sí mismo uno de los grandes argumentos del nuevo circuito urbano: su cercanía con el centro de la ciudad. Y lo hizo a su manera.
“En la Fórmula 1 nos encantan las simulaciones”, bromeó. “Así que hice la mía”. El piloto se subió al metro en el centro de Madrid y cronometró el trayecto hasta el circuito. Resultado: ocho minutos de puerta a puerta.
La idea es clara: demostrar que se puede ir a un Gran Premio sin horas de coche ni desplazamientos interminables. Un concepto que los organizadores quieren convertir en una de las señas de identidad del evento.
Mirando atrás, Carlos no duda al valorar aquella apuesta inicial por Netflix. Lo que empezó como una decisión arriesgada y personal terminó siendo una pieza clave en el crecimiento del deporte y en la forma en que los pilotos se relacionan con el público.
Drive to Survive no solo cambió la percepción de la Fórmula 1 en el mundo. También redefinió el papel de sus protagonistas. Y Carlos Sainz estuvo allí desde el principio, cuando todavía no era evidente hasta dónde llegaría todo aquello.









