Muchos son los coches que se ganan un lugar en la memoria de un piloto por las razones equivocadas, y el Aston Martin AMR26 empieza a disputarle ese trono a viejos fantasmas de la carrera de Fernando Alonso. El jueves y viernes de entrenamientos en Bakú dejaron otra postal incómoda: una fuga de aceite le sacó de pista tras apenas ocho vueltas en la FP2, y el mejor tiempo del asturiano se quedó a más de cuatro segundos de la referencia. Ni mejora evidente, ni brotes verdes, ni siquiera la fiabilidad mínima que se le exige a cualquier monoplaza que aspira a terminar una sesión completa. En clasificación consiguieron maquillar las deficiencias con un 19° lugar de Fernando Alonso.
Una avería más en la lista que Honda no consigue cerrar
La responsabilidad, una vez más, recae sobre Honda. Conviene no confundir la insistencia del problema con falta de voluntad. El fabricante japonés lleva meses volcado en salir de la crisis que arrastra desde Australia, pero cada solución parcial abre la puerta a una nueva avería.
Shintaro Orihara, responsable de pista de la marca nipona, explicó lo sucedido sin rodeos: «Durante la FP2 vimos datos fuera de lo normal en el sistema de aceite del coche de Fernando. Trabajamos en ello durante la sesión y decidimos no enviarle a pista para preservar la unidad de potencia. También significa, desafortunadamente, que habrá que cambiar partes«. Es el último episodio de una lista que ya incluye vibraciones, problemas de batería, dificultades de manejabilidad y una combustión que sigue sin estabilizarse.
Lo que hace especialmente preocupante este nuevo episodio no es solo la avería en sí, sino el momento en el que llega. Bakú era uno de los circuitos donde Aston Martin tenía más margen para mejorar sus registros en recta con el nuevo motor.
En cambio, la sesión más larga del fin de semana se redujo a ocho vueltas y un problema de aceite que obligó a cambiar componentes de la unidad de potencia. En un calendario donde cada sesión de datos cuenta, perder una FP2 completa en Azerbaiyán tiene un coste que va más allá del tiempo cronometrado.
Alonso pierde 28 km/h en Bakú y Honda vuelve a quedar señalado
Las rectas de Bakú, con más de dos kilómetros de longitud, son terreno abonado para exponer las carencias de un motor. Alonso rodó con 28 kilómetros por hora menos de velocidad punta que el más rápido del día, el RBPT-Ford de Hadjar (311 frente a 339 km/h), una brecha que se vuelve todavía más llamativa al comprobar que algunos monoplazas de Fórmula 2 llegaron a marcar registros superiores en las mismas trampas de velocidad, como los 326 km/h de Dürksen con Invicta Racing.
La comparativa con la Fórmula 2 ‘ahonda’ a un AMR26 que pierde aún frente a monoplazas de una categoría inferior en la métrica donde más debería destacar un motor de Fórmula 1. Para Aston Martin, acostumbrado a ser el equipo donde más ojos se pusieron en los test de la temporada, la imagen resulta difícil de procesar.
El AMR26 empieza a recordar al peor McLaren-Honda de Alonso
Durante años se ha dado por sentado que el peor coche de la trayectoria de Alonso fue aquel primer McLaren-Honda de 2015, recién llegado de su etapa en Ferrari. Aquel monoplaza, sin embargo, ya sumaba 11 puntos al llegar a la decimoquinta carrera, el Gran Premio de Rusia.
Once años después, el AMR26 no pasa de tres, cosechados por Alonso con el décimo puesto de Mónaco y el noveno de Países Bajos. La comparación empieza a resultar incómoda, y la pregunta ya circula abiertamente por el paddock: ¿ha encontrado Alonso, a estas alturas de su carrera, algo peor que aquel desastre de 2015?
El paralelismo con McLaren-Honda va más lejos. En aquella etapa, Alonso también convivió con problemas de fiabilidad crónicos, con averías que se repetían de forma distinta pero con el mismo resultado, y con un fabricante volcado en buscar soluciones que tardaban en llegar. La diferencia es que entonces tenía 34 años y el tiempo jugaba a su favor. Ahora tiene 45 y cada carrera sin puntuar es una carrera que no volverá.

Alonso ya avisó a Honda: “No puedo esperar otros cinco años”
Con todo, hay una frase del propio Fernando que cobra ahora otro peso. Al valorar la última mejora del motor, Alonso fue directo en referencia a su etapa anterior con Honda: «No puedo esperar otros cinco años como la última vez«. El asturiano sigue defendiendo públicamente que el rendimiento del coche no condicionará su decisión sobre el futuro, pero cada nueva avería en el motor complica sostener ese discurso con la misma firmeza.
Cualquier paso adelante que Honda pueda dar queda, de momento, sepultado bajo el peso de una lista de problemas que se repite desde marzo: vibraciones, batería, manejabilidad, combustión inestable. Alonso sigue convencido de que el proyecto saldrá de este bache, pero 2027 exige algo más que ajustes progresivos. Exige, según reconocen dentro del propio Aston, una revolución que la Fórmula 1 rara vez concede con tan poco margen de tiempo.









