Fernando Alonso encontró una de esas oportunidades que exigen algo más que velocidad. Con el asfalto todavía húmedo en Interlagos, el asturiano se emparejó con Lewis Hamilton y le ganó la posición por el exterior de una curva. El Aston Martin pasó por fuera al Ferrari del británico en una maniobra de mucho mérito, tanto por el lugar elegido para atacar como por las condiciones en las que se desarrollaba la carrera. El español volvió a medirse con uno de sus grandes rivales y esta vez fue quien salió vencedor de un duelo rueda a rueda.
La acción tuvo un valor añadido por el momento en el que se produjo. Alonso había empezado el Gran Premio de Brasil con un contratiempo importante, perdió siete posiciones durante la primera vuelta después de salirse de pista en su pelea con Oliver Bearman.
El octavo puesto que había conseguido en la clasificación, su primera Q3 de la temporada, quedó rápidamente atrás. En lugar de resignarse a una carrera lejos de los puestos de cabeza, el piloto de Aston Martin comenzó a recuperar terreno en una pista que todavía exigía mucha sensibilidad al volante.
Los neumáticos intermedios permitían encontrar agarre, pero el margen para corregir un exceso seguía siendo reducido. Alonso fue avanzando posiciones en ese escenario y consiguió superar también a Carlos Sainz. Su siguiente referencia fue Hamilton, que atravesaba una fase complicada de la carrera. El británico había tenido que devolver a Bearman una posición después de adelantarle fuera de pista y también había cedido ante su compañero Charles Leclerc en la recta principal. El Ferrari quedaba al alcance del Aston Martin.
Así va el Mundial
1Antonelli3803Hamilton25917Alonso7El exterior, la loca apuesta de Alonso para superar a Hamilton
Alonso entendió que tenía una oportunidad y fue a por ella. En lugar de buscar el interior o esperar a que Hamilton cometiera otro error, se emparejó con el británico y completó el adelantamiento por el lado exterior de la curva. La elección tenía una dificultad evidente: abrir la trayectoria en una zona todavía húmeda obligaba a confiar en el agarre disponible y a mantener el coche bajo control durante toda la maniobra. El español consiguió hacerlo y dejó atrás al Ferrari.
Ese detalle distingue la acción de un adelantamiento convencional. El exterior suele ofrecer menos protección al piloto que ataca, hay más recorrido, el coche debe sostener la velocidad y el rival conserva la posibilidad de defender la posición desde el interior. En Interlagos, además, la humedad añadía incertidumbre a cada movimiento. Alonso tuvo que mantener su trazada mientras Hamilton intentaba conservar el puesto. El resultado fue una maniobra limpia y contundente, con el Aston Martin imponiéndose en el cuerpo a cuerpo.
Hamilton mostró su enfado por radio en los minutos posteriores. La reacción del británico añadió tensión a una acción que ya tenía suficiente valor por sí misma. Ambos se conocen desde hace muchos años y han compartido algunas de las batallas más intensas de la Fórmula 1 moderna. Su etapa juntos en McLaren, en 2007, marcó el comienzo de una rivalidad que ha sobrevivido a los cambios de equipo y de generación. En Brasil volvieron a encontrarse en pista, aunque esta vez Alonso fue quien encontró la manera de resolver el duelo.
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De perder siete posiciones a ganarle la posición al Ferrari
La remontada también ayuda a entender la importancia que tuvo el adelantamiento. Alonso había quedado fuera de la pelea que esperaba mantener después de su buena clasificación y tuvo que rehacer su carrera desde atrás. La pista húmeda le permitió recuperar terreno y acercarse a pilotos con monoplazas que, sobre el papel, debían ofrecerle una oposición considerable. Hamilton era uno de ellos. Superarle por el exterior supuso un avance en la pista y una recompensa a la capacidad del asturiano para aprovechar las condiciones cambiantes.
El adelantamiento tampoco puso fin a su intento de remontada. Alonso buscó después a Leclerc y siguió pendiente de los coches que tenía por delante, aunque el progresivo secado del asfalto podía restarle opciones. Cuando montó los neumáticos blandos, mantuvo la presión sobre sus rivales. Su siguiente objetivo fue Alexander Albon, al que persiguió durante varias vueltas hasta que un error del piloto de Williams le permitió ganar otra posición y situarse momentáneamente undécimo.










