Kimi Antonelli encara la primera oportunidad matemática para cerrar la Fórmula 1 de 2026. El italiano tiene la mesa servida para convertirse en el campeón del mundo más joven de todos los tiempos durante este triplete de carreras del continente americano. Las cuentas son claras: si gana en el Circuito de las Américas y sus perseguidores fallan —necesita un quinto puesto o peor de Lewis Hamilton y un noveno o peor de George Russell—, el título quedará sentenciado este mismo fin de semana. Si no ocurre en Texas, la renta de 102 puntos le da margen para rematar la faena en México o Brasil.
Sin embargo, la fiesta del joven piloto de Mercedes tiene un elemento distorsionador que nadie esperaba a estas alturas del año. Max Verstappen llega a Austin tras encadenar dos victorias consecutivas en Malasia y Singapur al volante de un Red Bull que por fin ha encontrado la tecla. El rendimiento reciente del neerlandés amenaza con aplazar el alirón del italiano y convertir la recta final del certamen en un terreno hostil para la escudería de Brackley.
Verstappen y el resurgir del RB22 ponen en jaque la recta final de Mercedes
La reacción de Red Bull ha llegado tarde para pelear por la corona de pilotos, pero ha cambiado por completo el escenario de las últimas seis pruebas. El equipo encabezado por Pierre Waché logró suavizar la agresividad del chasis RB22 a partir de la evolución introducida en Bakú, un ajuste que ha permitido exprimir el potencial del propulsor propio de la marca austríaca.
Bajo la dirección operativa de Laurent Mekies, renovado recientemente en el cargo, la estructura de Milton Keynes ha encadenado dos triunfos en circuitos de exigencias opuestas. Aunque el propio Verstappen reconoce las particularidades del trazado bacheado de Austin y la importancia de acertar con las alturas del monoplaza, el paquete del RB22 iguala en ritmo puro al Mercedes W17 en este tramo decisivo de la temporada.
Esta recuperación frena los intentos de Mercedes por gestionar la ventaja de Antonelli de forma conservadora. En un año donde Norris amenazó con sumarse a la pelea tras sus victorias en Hungría y Zandvoort antes de que el coche de seguridad de Madrid frenase el impulso de McLaren, y donde Ferrari no logró sostener las buenas sensaciones del verano tras el triunfo de Hamilton en Barcelona, Verstappen se ha consolidado como la fuerza más en forma de la parrilla.
Mercedes insiste en Austin con la evolución aerodinámica cuestionada por sus pilotos
La tensión en el garaje de la estrella no solo proviene del garaje rival, sino de las dudas internas sobre el material de pista. Tanto Antonelli como Russell dispondrán en el Gran Premio de Estados Unidos del paquete aerodinámico actualizado que estrenaron en Sepang. Los datos del túnel de viento y las simulaciones en fábrica insisten en que la especificación nueva genera mayor carga en su conjunto, pero las sensaciones transmitidas por los pilotos en pista difieren del diagnóstico de los ingenieros.
Toto Wolff ha tomado la decisión de mantener el kit en ambos coches durante el fin de semana tejano. La cúpula de la escudería prefiere profundizar en la recogida de telemetría y ajustar el reglaje en lugar de dar un paso atrás en el desarrollo del W17, evitando repetir la parálisis que afectó al equipo en ciclos reglamentarios anteriores.
La constancia de Kimi Antonelli ha sido el pilar de su campaña: ocho victorias y seis podios en 17 Grandes Premios le contemplan. Con solo tres fallos puntuables en todo el año —la avería de motor en Montmeló, el déficit aerodinámico en Silverstone y el accidente en la clasificación de Bakú que resolvió remontando hasta la quinta plaza—, el italiano acaricia el trofeo histórico. Para levantarlo en Austin, no obstante, tendrá que imponerse a un Verstappen que rueda sin la presión del campeonato y con un coche que vuelve a responder a sus exigencias.









