Durante demasiado tiempo, Fernando Alonso ha tenido que hablar de Aston Martin en futuro. De lo que llegará, de lo que se está preparando, de lo que todavía necesita el coche. En Zandvoort ha aparecido algo distinto. No es todavía el Aston Martin que quiere el equipo, pero sí se parece bastante más al que Alonso llevaba meses esperando.
El noveno puesto puede parecer poco para una escudería que llegó a la temporada con aspiraciones mucho mayores. Pero hay resultados que cuentan por los puntos y otros que cuentan por lo que dejan detrás. El de Zandvoort pertenece un poco a los dos grupos.
Alonso salió 18º y terminó noveno. Y lo hizo sin necesitar una carrera completamente rota para encontrar los puntos. El AMR26 tuvo ritmo, cuidó los neumáticos y permitió al asturiano alargar su primer stint mientras otros empezaban a pagar el desgaste.
Por primera vez en mucho tiempo, Alonso tuvo un coche con el que podía trabajar durante una carrera.
El chasis ‘B’ del AMR26 confirma el paso adelante
La clasificación había dejado una imagen bastante más fea. Los dos Aston Martin cayeron en Q1 y Alonso volvió a ocupar una de las últimas posiciones de la parrilla. El nuevo motor Honda seguía dejando dudas en su manejabilidad y la velocidad en recta tampoco ayudaba. Pero el domingo cambió la película.
El Aston empezó a enseñar una de las cosas que sus últimas mejoras buscaban conseguir: un coche que tratase mejor los neumáticos y que fuese competitivo cuando la carrera avanzase y las gomas empezasen a caer.
Alonso pudo estirar su primer juego y después hacer lo mismo con los duros. Mientras algunos rivales perdían rendimiento, el AMR26 seguía ahí. No era el coche más rápido, ni mucho menos, pero tenía una virtud que durante buena parte del año había parecido demasiado lejana: era consistente.
El propio Fernando Alonso lo resumió después de bajarse del coche. «Es un coche maravilloso de conducir», dijo por radio tras cruzar la meta. No suele regalar ese tipo de elogios cuando las cosas no funcionan. Y esta vez había algo detrás de la frase.

Honda todavía está un poco tierno
La otra mitad de la historia está en el motor. La nueva especificación de Honda no ha convertido de repente al Aston Martin en un coche rápido en las rectas. Tampoco era razonable esperar algo así después de un solo fin de semana. La unidad de potencia ha ganado terreno en algunos aspectos, pero todavía necesita trabajo para que Alonso vuelva a tener la manejabilidad que había encontrado con la primera versión.
El asturiano fue bastante claro después de la carrera. Explicó que con esta segunda especificación han perdido parte de lo que habían conseguido en el cambio de marchas y en la entrega de potencia y que, en ese sentido, habían vuelto «un poco a la casilla inicial».
Es una forma bastante gráfica de explicar dónde está Honda ahora mismo. El motor no está terminado. Está todavía algo tierno, necesita kilómetros y, sobre todo, necesita que Honda termine de ajustar cómo entrega la potencia para que el piloto pueda confiar en él. Y eso no significa que el nuevo motor haya sido un paso atrás.
De hecho, la lectura del domingo es bastante más interesante. Porque si el chasis ha dado el salto que Alonso esperaba y Honda consigue afinar esa parte de la unidad de potencia que todavía no está en su sitio, Aston Martin puede tener algo mucho más serio entre manos.
Monza será una prueba incómoda
La siguiente carrera no parece precisamente diseñada para esconder las carencias de los coches de Silverstone.
Monza exige velocidad punta, eficiencia y mucha confianza en las largas rectas. Alonso ya avisó después de Zandvoort de que será uno de los fines de semana más complicados para el equipo y que las posibilidades de puntuar serán mucho menores.
Pero quizá lo importante no sea Monza. Lo importante es que Aston ya sabe que el camino del chasis funciona. Y Honda tiene todavía dos o tres carreras para seguir trabajando sobre una unidad de potencia que acaba de llegar a la competición.
Eso cambia la conversación. Hace unas semanas Aston Martin necesitaba encontrar una dirección. Ahora parece haberla encontrado. El coche empieza a comportarse como Alonso esperaba cuando hablaba de las mejoras y de la gestión de los neumáticos.
El Aston Martin que llevaba tiempo esperando todavía no está completo. Pero en Zandvoort, por fin, ha dejado de parecer una promesa.









