La evolución del automóvil ya no parece evolución, sino revolución. La competencia industrial está en un punto jamás visto, con la movilidad eléctrica tirando del carro y un montón de tecnologías peleando por un sitio en el futuro. Y de vez en cuando aparece algo que te hace frotarte los ojos. Lo último de XPeng es exactamente eso: un todoterreno eléctrico de seis ruedas capaz de transportar y lanzar un dron tripulado de fibra de carbono que se despliega y echa a volar en cuestión de minutos. Suena a película, pero es presente. Y ya se está fabricando.
Hablamos del Land Aircraft Carrier, un proyecto que junta dos mundos que solo habíamos visto en el cine: un vehículo que rueda por carretera y un módulo aéreo 100% eléctrico que despega y aterriza en vertical. Los dos se separan gracias a un sistema automatizado, y cuando llega el momento, el coche se convierte literalmente en una pista de despegue. China ha dado el primer paso de una movilidad que hasta hace nada era pura ciencia ficción, y ojo, porque no se ha quedado en el render bonito como tantos otros.
El coche volador de XPeng (que ahora se llama Aridge)
Empecemos por un detalle que ha cambiado hace poco: la filial de coches voladores de XPeng, que antes se llamaba AeroHT, ha pasado a denominarse Aridge. Aclarado esto, vamos con el bicho. A primera vista el Land Aircraft Carrier es un todocamino eléctrico de gran tamaño, unos 5,5 metros y seis ruedas, pero por debajo es otra cosa. Más que un coche, es una nave nodriza: está diseñado para transportar, proteger y recargar un módulo aéreo independiente que emerge automáticamente desde la parte trasera. Con solo pulsar un botón, en apenas unos minutos la aeronave se desacopla y prepara sus sistemas para volar. Y aquí la fibra de carbono juega un papel clave, porque le da la ligereza y la resistencia que el módulo aéreo necesita para ser eficiente.
Lo interesante es la filosofía detrás del invento, y es que Aridge ha resuelto el gran problema de los coches voladores: que en el día a día son un engorro. En vez de fabricar un híbrido raro entre coche y avión que no hace bien ninguna de las dos cosas, ha optado por dos módulos especializados que trabajan juntos. Así usas el coche para lo de siempre —ir a currar, la compra, lo que sea— y tiras del módulo aéreo solo cuando de verdad compensa, como para esquivar un atasco monumental o hacer un trayecto en línea recta por el aire. Y un detalle muy bien pensado: el propio coche, con su motorización híbrida, recarga la aeronave hasta cinco o seis veces, así que te olvidas de depender de una infraestructura de carga externa.
La primera fábrica de coches voladores del mundo
Que esto no es un brindis al sol lo demuestra el dinero que han puesto encima de la mesa. Aridge ha levantado en Guangzhou, al sur de China, una planta de 120.000 metros cuadrados dedicada en exclusiva a fabricar aeronaves eléctricas. Y no es una más: es la primera fábrica del mundo de producción en serie de coches voladores. La capacidad prevista es de 10.000 unidades al año, aunque en esta primera fase apuntan a la mitad, 5.000. El objetivo a pleno rendimiento es de ciencia ficción también: completar un módulo aéreo cada media hora.
Y no se han quedado en los planos. El primer módulo aéreo salió de la línea en noviembre de 2025, y en marzo de 2026 el Land Aircraft Carrier completo ya rodaba por la línea de producción de prueba, con varios aparatos haciendo vuelos de demostración el mismo día. El interés, como era de esperar, es brutal: la empresa acumula ya unos 7.000 pedidos, el 90% de clientes chinos. Las entregas en China están previstas para este 2026, mientras que el mercado de Oriente Medio tendrá que esperar a 2027 (socios de Emiratos, Catar y Kuwait ya han reservado 600 unidades). Eso sí, conviene no perder de vista una cosa: la producción a gran escala no arrancará del todo hasta que lleguen los permisos regulatorios pertinentes. Una cosa es fabricarlo y otra que te dejen volarlo por donde quieras.
Volar sin ser piloto: así de fácil (en teoría)
Una de las cosas que más llama la atención es lo sencillo que pretende ser usarlo, sobre todo comparado con una aeronave tradicional, que exige una formación de aúpa. Aridge ha simplificado el manejo al máximo: el módulo aéreo lleva un sistema de vuelo automatizado con el que puedes programar rutas y ejecutar despegues y aterrizajes prácticamente sin tocar nada. La idea es que cualquiera pueda volarlo, no solo un piloto experimentado. Para que te hagas una idea de hasta dónde llega la apuesta, la empresa ya ha firmado una sesentena de helipuertos en aeropuertos de aviación general, zonas turísticas y entornos urbanos, y las primeras operaciones se harán en áreas de vuelo a baja altura designadas, como parques nacionales.
El conjunto completo cuesta menos de 2 millones de yuanes, unos 255.000 euros al cambio. Es un dineral, evidentemente al alcance de muy pocos, pero pongámoslo en perspectiva: es lo que pagarías por un SUV de lujo y una avioneta por separado, sin contar lo que te ahorras en hangar. Visto así, hasta tiene su lógica.
Ahora bien, toca el aviso honesto que siempre os doy, porque me parece importante no venderos humo. Que el coche ya salga de la fábrica no significa que vayas a verlos sobrevolando la Gran Vía el año que viene. Esto sigue en fase de producción de prueba, la producción masiva real depende de luz verde regulatoria, y de momento solo se podrá volar en zonas muy concretas y controladas. El salto de «ya se fabrica» a «lo uso para ir al trabajo volando» es enorme y va a llevar años, también aquí en Europa, donde la regulación de este tipo de aparatos va con calma. Pero que conste una cosa: mientras medio mundo lleva una década enseñando bonitos renders de coches voladores, los chinos han construido la fábrica, han encendido las luces y ya están sacando unidades. Y eso, te guste más o menos la idea, son palabras mayores.









