El coche eléctrico se enfrenta a varios desafíos a nivel mundial, y uno de sus grandes problemas tiene que ver con los materiales necesarios para su funcionamiento, casi todos los motores que mueven hoy estos vehículos dependen de imanes de tierras raras, y ese componente, el comercio mundial, lo tiene China antes de llegar a cualquier fábrica occidental. Tesla prometió en su Investor Day de 2023 que quería fabricar motores sin estos imanes y así no tener que depender de China ni de las tierras raras, mientras que GM y Stellantis han puesto dinero en una startup de Minnesota para conseguir lo mismo, y Valeo ya tiene fecha para el suyo, 2028. Pero mientras los grandes siguen anunciando plazos, una empresa pequeña de India, con apenas 5 millones de dólares de financiación, se les ha adelantado a los cuatro, y ya tiene la patente en la mano.
Se llama Vimag Labs, tiene su sede en Bengaluru, y acaba de conseguir registrar, ni más ni menos que su quinta patente en India, para un motor que genera el campo magnético con electrónica de potencia, sin la necesidad de tener que usar un solo imán fijo en el rotor. Ahora toca esperar si la tecnología aguanta el salto a la producción en masa, y de lograrlo, podría ser justo lo que le hace falta a la industria del automóvil, lo que lleva años buscando para dejar de depender de China y, al mismo tiempo, para abaratar considerablemente la fabricación de coches y, por tanto, el precio final para el consumidor
China y las tierras raras
Casi todos los coches eléctricos que se venden en la actualidad, están formados por un motor síncrono de imanes permanentes, al que se le conoce como PMSM, y este necesita imanes de tierras raras que van incrustados en el rotor para generar el par motor. Y, según los datos de la Agencia Internacional de la Energía, China controló en 2024, alrededor del 91% del refinado y separación mundial de tierras raras, y el 94% de la producción de imanes permanentes sinterizados, que son los que alimentan y les hacen falta a estos motores. Pekín ni siquiera tiene la necesidad de controlar las minas, tan solo tiene en posesión un tercio de las reservas mundiales, pero lo que sí hace es dominar casi todo el proceso de refinado, y eso le proporciona una palanca y un poder geopolítico que ya ha empezado a tensionar la situación.
Un imán que ya no existe
El propulsor de Vimag Labs se llama Motor Síncrono de Imán Virtual, y como su nombre indica, elimina por completo los imanes del rotor, y lo que hace es generar y controlar el campo magnético en tiempo real mediante electrónica de potencia y algoritmos propios, sin usar escobillas ni anillos deslizantes. La empresa, que fue fundada en septiembre del pasado año, ha asegurado que la patente lleva consigo más de 87.600 horas de ingeniería, y ya acumula un total de cinco patentes concedidas, diez más en tramitación y quince marcas registradas en camino.
Vimag confirma que su motor iguala, o incluso supera, el rendimiento de un motor con imanes permanentes, aunque esa afirmación todavía no ha podido ser verificada de forma independiente a escala de producción. La compañía ha dicho que ahora, se encuentran haciendo pruebas con fabricantes de motos y de coches de pasajeros, además de firmar un acuerdo con Jendamark para comenzar a fabricar, pensando ya en sistemas industriales de entre 200 y 600 kW, y en aplicaciones para robótica, defensa y refrigeración.
Ni Vimag va sola en esto
Tesla anunció en el año 2023, que su próxima generación de motores ya no tendría que usar tierras raras, pero de este anuncio no ha derivado una fecha concreta de producción. GM y Stellantis, por su parte, están respaldando a Niron Magnetics, una startup de Minnesota que está trabajando con imanes de nitruro de hierro bajo la marca Clean Earth, mientras Valeo desarrolla su propio motor sin imanes, el iBEE, que no llegará al mercado hasta 2028. Honda, por otro lado, ha optado por financiar a Enedym, que trabaja en motores de reluctancia conmutada, y Jaguar Land Rover ha elegido otro camino, invertir en reciclar imanes de tierras raras como cobertura ante la escasez.
Lo que va quedando claro a medida que pasa el tiempo, es que hacer un motor sin tierras raras es difícil de fabricar a día de hoy, pero se va camino de ello, porque el principal reto es hacerlo bien a escala de producción. Los motores de inducción de corriente alterna, o los de escobillas que usa BMW, ya empiezan a prescindir de estos materiales, pero ninguno ha logrado el mismo equilibrio entre eficiencia, mantenimiento y autonomía que un PMSM convencional.
Según analistas del sector, lo que plantea Vimag tiene su lógica técnica, y tanto la patente como la financiación son reales. Sin embargo, la empresa sigue en fase piloto, con un motor que de momento solo existe en el laboratorio. Y en la ingeniería del automóvil, los motores que deslumbran en sus primeras fases no siempre sobreviven a las pruebas de coste, durabilidad y eficiencia que exige fabricar millones de unidades. Lo único seguro es que la presión china sobre las tierras raras ha convertido esta carrera en algo que merece la pena seguir de cerca, gane quien gane.









