George Russell llegó a Bélgica con la sensación de que por fin remontaba algo de terreno. Había recortado 43 puntos a su compañero Andrea Kimi Antonelli en las tres carreras anteriores, aprovechando los problemas técnicos que había arrastrado el italiano.
Spa, sin embargo, se encargó de borrar de un plumazo esa pequeña recuperación y de dejar al británico en la posición más incómoda posible: viendo desde el box cómo Antonelli ampliaba su ventaja hasta los 50 puntos, mientras él ni siquiera pudo completar la primera vuelta.
Russell, una vez más por detrás de Antonelli
El problema de Russell no fue solo el accidente. Llevaba arrastrando un déficit de ritmo desde el viernes, dos o tres décimas por detrás de Antonelli en todas las sesiones, con un cuarto puesto en la FP3 como mejor resultado de todo el fin de semana.
En clasificación la historia se repitió: Antonelli firmó el mejor tiempo de la Q3 y se llevó la pole, mientras Russell se quedó octavo en los libres previos y acabó clasificando cuarto, a más de medio segundo de su compañero de equipo. Una diferencia que, en un mismo coche, resulta difícil de explicar solo por mala suerte.
La carrera del domingo tampoco le dio ninguna tregua. Saliendo más atrás de lo esperado, Russell se vio envuelto en tráfico y llegó emparejado con Lewis Hamilton al final de la recta de Kemmel, intentando completar un adelantamiento por el exterior. El de Ferrari no calculó bien la distancia y golpeó el lateral del Mercedes, haciéndolo trompear y forzando su abandono inmediato. La FIA consideró a Hamilton responsable del incidente y le impuso una penalización de cinco segundos, aunque eso apenas sirvió de consuelo para un Russell que se quedó sin carrera en el primer giro.
George Russell, «vendido» en la recta más rápida del circuito
Lo que más indignó al británico no fue tanto el toque en sí, sino la situación en la que se encontraba justo antes de que ocurriera. Russell reveló que llegó a la recta de Kemmel con la batería completamente descargada, algo que le dejó «vendido» frente a los coches que tenía alrededor, sin margen de maniobra ni potencia extra para defender su posición o evitar el peligro. Un problema de gestión de energía que, en la recta más veloz de Spa, se traduce directamente en vulnerabilidad absoluta ante cualquier movimiento cercano.
Russell ya había avisado antes del fin de semana de que esta nueva generación de coches le estaba exigiendo un cambio de estilo que no terminaba de encontrar. «Tengo que conducir de una forma que no he hecho en toda mi carrera», reconoció, admitiendo lo complicado que resulta modificar automatismos después de «20 años conduciendo de cierta manera» que siempre le habían funcionado.
El propio piloto fue más allá al describir la dificultad de pilotar pensando conscientemente en cada movimiento: «Si necesito adaptar mi enfoque, ¿cómo lo hago? Cuando he rendido a mi mejor nivel he pilotado de forma subconsciente. Ni siquiera pensaba en conducir».

Más allá de los puntos perdidos frente a Antonelli, lo que probablemente más le duele a Russell es haber sido superado también por Hamilton en la clasificación general, cayendo hasta el tercer puesto del Mundial pese a contar, sobre el papel, con el mejor coche de la parrilla.
Con la temporada avanzando y el margen cada vez más estrecho, perder la opción al título ante un Antonelli que apenas está en su segundo año en la categoría sería un golpe muy duro para un piloto que llevaba años esperando esta oportunidad y que, de momento, la está dejando escapar carrera tras carrera.









