El mundo del automóvil se encuentra en un momento decisivo, y tiene que ver, obviamente, con la nueva movilidad. La tendencia nos lleva hacia la movilidad eléctrica, pero existen muchos más desarrollos en la industria que pasan más desapercibidos, como los combustibles sintéticos, el hidrógeno, o simplemente, la fabricación de motores mucho más eficientes y tecnologías que tenga la capacidad de reducir drásticamente las emisiones contaminantes a la atmósfera.
Pero hace más de 20 años, alguna marca ya quiso revolucionar el mundo del motor de forma drástica. Lo más sorprendente es que no llegó ni desde Alemania, ni de China ni de Japón, sino que llega desde Suecia, de la mano de una de las marcas más prestigiosos del mundo del automóvil como es Saab. Hay que remontarse al año 2000 cuando la firma presenta en el Salón del Automóvil de Ginebra de ese año, un prototipo revolucionario que combinaba la potencia de un motor deportivo con el consumo de un compacto eficiente. El proyecto terminó cuando General Motors tomó el control de la marca.
Saab y su motor del futuro
Cuando se inició el este siglo XXI, la industria apostó por el aumento de la eficiencia con sistemas de distribución variable o mejoras en la sobrealimentación. Pero Saab, con el SVC (Saab Variable Compression), quiso ir mucho más allá. Esto era un motor de cinco cilindros en línea y 1,6 litros que traía consigo lo que era una solución inédita.
Lo que caracterizaba a este motor del resto es que estaba capacitado para cambiar la relación de compresión entre 8:1 y 14:1 con el propio propulsor en funcionamiento. Esto le permitía poder adaptarse a las necesidades de cada momento, dependiendo de cuánto pudiera pisar el pedal del acelerador el conductor. Si lo pisaba poco, el sistema aumentaba la compresión, con lo que se extraía más energía del combustible y se reducía drásticamente el consumo. Si se pisaba a fondo, esa comprensión descendía para ofrecer mayor alimentación sin que hubiera riesgo de detonación.
Para esas fechas, los resultados que ofrecía Saab, simplemente era espectaculares, con una potencia de 225 CV y un par de motor de 305 Nm procedentes de un bloque de 1,6 litros. Aseguraban que el consumo se reducía hasta un 30% respecto a motores atmosféricos equivalentes.
Para lograrlo, se creo un bloque que estaba dividido en dos partes, la sección superior, con cilindros integrados y una culata, todo ello integrado en una sola pieza llamada Monohead, y que tenía la capacidad para inclinarse unos pocos grados que le permitía modificar el volumen de la cámara de combustión y alteraba de forma automática la relación de compresión.
Un proyecto cancelado
Pese a que esta innovación de Saab generó una enorme expectación en el sector, incluso con SVC reconocido con premios como el “Best Technology of the Year” o el “Best of What’s New”, el contexto empresarial lo cambió todo. General Motors se hizo con Saab Automobile, revisó muchos proyectos, incluido este, y consideró que, técnicamente, era brillante, pero requería de una arquitectura completamente nueva y específica, componentes exclusivos y procesos de fabricación que eran completamente nuevos. Había que hacer una inversión muy grande, así que finalmente se descartó y se apostó por los motores que había por entonces y por las plataformas existentes.
El proyecto terminó pese a que ya se había instalado en algunos prototipos. Algunos ingenieros también confirmaron desafíos técnicos que tenían que ver con la durabilidad y los elementos móviles, el sellado entre las dos partes del bloque, y algunas vibraciones que se generaban durante el funcionamiento. Pero el reto, pese a esto, no era técnico, si se hubiera trabajo en ello, se hubiera solucionado. El problema fue económico, una solución avanzada, adelantada a su tiempo, que no tuvo el apoyo financiero de una firma que había invertido mucho en hacerse con la marca.
Japón y la compresión variable
Para hacerse una idea del ingenio de Saab, Japón, que es uno de los lideres mundial fabricando coches, tardó 19 años en lanzar esta tecnología al mercado. Fue el Infiniti QX50, con in motor VC-Turbo desarrollado por Nissan. Era un sistema diferente, pero con la misma similitud de comprensión, con el mismo objetico, alta eficiencia en condiciones de baja carga con elevadas prestaciones cuando se demandaba potencia.
Para los más entendidos en la materia, el Saab SVC sigue generando mucho más que fascinación, es el qué pudo ser y lo que ha sido, como pudo cambiar por completo la automoción como la conocemos hoy en día. Un proyecto que dada la movilidad de hoy en día, hubiera sido muy beneficioso, pero el elevado coste que tenía por aquel entonces, condicionado por un movimiento empresarial, lo cambio todo.









