La transición hacia el vehículo eléctrico no solo supone un cambio en sí hacia esta nueva forma de energía, también supone adaptar todo lo relacionado con el vehículo para optimizar el rendimiento y lograr reducir costes que terminen por beneficiar al consumidor. Y en este sentido, los motores juegan un papel determinante en lo que será el futuro de la movilidad a corto plazo. Las normativas son cada vez más estrictas, y aunque el fin de los combustibles internos para 2035 se han retrasado, tienen fecha de caducidad que obliga a las grandes firmas a dar con alternativas válidas, y más ahora que el mercado chino está aprovechando el momento para dar un manotazo al mercado tal y como lo conocemos. En este sentido, un gigante europeo está moviendo ficha, y lo hace en una dirección que pocos podían esperar. Se trata de Audi, que apuesta por una solución diésel, y lejos de lo que muchos podrían pensar de primeras, es más que eficiente.
Audi está apostando por un nuevo motor diésel, que combina tecnología clásica, pero con soluciones avanzadas para que la eficiencia sea la seña de identidad de estos nuevos propulsores, redefiniendo lo que es un motor TDI. Las normativas invitan a confiar aún en este tipo de combustible, eso sí, evolucionarlo para que siga siendo válido en los próximos años, y el resultado ofrece mejoras en cifras, pero también ofrece soluciones técnicas en cuanto a eficiencia, emisiones que compiten de tú a tú con soluciones híbridas y eléctricas.
Audi y su nuevo motor
El nuevo motor ya se conoce como el V6 3.0 TDI MHEV plus (EA897 evo4), y supone una evolución de un bloque con el que Audi lleva años trabajando y que parecen haberlo perfeccionado aún más. Son 299 CV y un par de nada más y nada menos que 580 Nm, nada más que decir, se sitúa en lo más alto de lo que puede ofrecer un diésel de los de hoy en día.
Estos números los logra gracias a su nuevo sistema de hibridación ligera de 48 voltios que es capaz de añadir hasta 24 CV y 230 Nm extras en algunos momentos puntuales, lo que mejora, no solo las prestaciones, también reduce el consumo y es capaz de optimizar la eficiencia.
Por otro lado, el sistema MHEV plus funciona en torno a tres elementos muy importantes, el generador eléctrico (PTG), es un alternador de arranque por correa y una batería de litio-ferrofosfato, lo que permite que el motor puede desplazarse en circunstancias concretas, en modo eléctrico, algo que, hasta ahora, era completamente impensable en un vehículo diésel.
Audi y el compresor eléctrico
Su nuevo comprensor eléctrico es, sin duda, el elemento que ahora marca la diferencia. Tiene la capacidad de girar a 90.000 rpm en apenas 250 milisegundos, lo que elimina casi al completo el retraso de entrega de potencia, lo que ha sido históricamente, uno de los puntos débiles de los motores turboalimentados.
Para lograr este, el compresor trabaja con el propio turbocompresor de siempre en un sistema que se sobrealimenta en dos etapas, lo que da como resultado una respuesta inmediata desde bajas revoluciones y ofrece una entrega de potencia que resulta mucho más lineal. Audi afirma que, gracias a esto, la aceleración del rotor puede mejorar hasta un 40% respecto a generaciones anteriores.
La presión de soplado, con este proceso, llega a los 3,6 bar, por lo que se reduce de manera significativa el tiempo necesario para generar presión, es decir, cambia por completo las sensaciones al volante, sobre todo, en situaciones como adelantamientos o incorporaciones, donde la respuesta es mucho más directa.
Un diésel para el futuro
La tecnología es clave, entre otras cosas, para el objetivo de Audi, que no es otro que asegurar la viabilidad de este motor en un entorno donde la electrificación va ganando terreno casi a marchas forzadas. El nuevo V6 TDI es compatible con combustible HVO 100, es decir, un combustible sintético que está producido a partir de residuos como aceites usados o subproductos agrícolas, con el que se puede reducir de manera significativa las emisiones de CO2, entre un 70% y un 95% si se compara con un diésel fósil convencional.
Este sistema también cuenta con frenada regenerativa, y está capacitada para recuperar 25 kW durante las frenadas y deceleraciones, lo que permite almacenar dicha energía para que luego se pueda reutilizar y así poder reducir aún más el consumo.
Gracias a este nuevo motor de Audi, queda demostrado que el futuro de los coches todavía tiene huevo para la combustión tradicional, que sigue siendo la preferida de la mayoría de conductores de toda Europa, que, al fin y al cabo, se ven obligador a cambiar de tecnologías por las políticas ambientales que siguen generando ciertas dudas.





