Hay coches que no solo marcan una época, sino que se te quedan grabados en la memoria para siempre. Eso es justo lo que logró el Lexus LFA. Su motor V10 atmosférico de 560 CV y aquel sonido celestial le aseguraron un puesto en el olimpo de los superdeportivos. Quizá no fuese el más rápido en línea recta ni el más potente sobre el papel, pero tenía algo mágico: un rugido capaz de ponerte los pelos de punta. Fue el auténtico canto del cisne de una era dorada, el último gran grito de los motores de combustión de altas revoluciones. Y, de repente, se despidió.
Por suerte, en Lexus han pensado que el LFA no podía quedarse solo en un bonito recuerdo. La firma japonesa acaba de confirmar el regreso de su mayor icono, y lo ha hecho con un giro de guion que nadie esperaba: vuelve como un superdeportivo 100% eléctrico. Además, se convertirá en el primer vehículo del grupo Toyota en estrenar baterías de estado sólido, la tecnología llamada a revolucionar el sector. Con una potencia brutal de 1.000 CV y más de 700 kilómetros de autonomía, este nuevo LFA eléctrico no pretende imitar la música de su antepasado. Quiere escribir su propia historia.
Del V10 a los 1.000 CV eléctricos
El verdadero alma de este nuevo LFA se esconde en su mecánica eléctrica. Desde la marca aseguran que el coche apostará por una batería de estado sólido, una innovación que Toyota lleva puliendo años y que ofrece una densidad energética muy superior a la de las baterías de ion-litio que usamos hoy en día. ¿En qué se nota esto? Básicamente, en que consigues muchísima más autonomía con un peso bastante más contenido, además de unos tiempos de carga ridículamente rápidos.
Las cartas de presentación asustan a cualquiera: hablamos de romper la barrera de los 1.000 CV y de viajar más de 700 kilómetros con una sola carga. Con estos números, el LFA se mete de lleno en la liga de los superdeportivos eléctricos más salvajes del planeta, plantando cara a gigantes como el Tesla Roadster o el mismísimo Rimac Nevera. Pero, al igual que pasó con el modelo original, los fríos datos no lo son todo. Lo que de verdad cuenta es lo que sientes al volante, y ahí Lexus promete una experiencia de conducción que no se quedará atrás.
A diferencia de otras marcas que intentan simular de forma artificial el sonido de la gasolina en sus eléctricos, en Lexus han preferido pasar página y no imitar el viejo rugido del V10. En su lugar, el nuevo LFA estrenará una banda sonora completamente propia, pensada para fusionarse de forma natural con la entrega de potencia eléctrica. Es una apuesta valiente, pero demuestra que Lexus no busca vivir de rentas ni de la nostalgia, sino inventar su propio futuro.
Baterías de estado sólido: el verdadero salto tecnológico
El as bajo la manga del nuevo LFA es, sin lugar a dudas, su batería de estado sólido. Al cambiar el electrolito líquido de las baterías actuales por uno sólido, se abre un mundo de ventajas: el coche almacena más energía, es bastante más seguro al reducirse el riesgo de incendio y se recarga en un abrir y cerrar de ojos.
Toyota lleva una fortuna invertida en este desarrollo para tenerlo listo de cara a 2027 o 2028. Que el LFA eléctrico sea el elegido para estrenarlo deja muy clara la importancia que tiene este proyecto para el grupo. No se concibe como un superventas para las masas, sino más bien como un auténtico laboratorio sobre ruedas donde exprimir una tecnología que, con el tiempo, heredarán los coches más asequibles de la gama.
Un diseño futurista que respeta sus orígenes
En el plano visual, el LFA eléctrico mantendrá las proporciones maestras que hicieron famoso al original, pero con un traje mucho más moderno. Su silueta afilada, baja y ensanchada, con ese capó interminable y una trasera imponente, seguirá siendo inconfundible desde lejos. Eso sí, se pondrá al día con los rasgos actuales de la marca, luciendo una reinterpretación de la parrilla spindle, ópticas LED mucho más estilizadas y un trabajo aerodinámico más agresivo.
Todo apunta a que incorporará un sistema de alerones activos y un difusor trasero inteligente que se irán moviendo según la velocidad para pegar el coche al suelo. Como no podía ser de otra forma, la carrocería abusará de la fibra de carbono para mantener la báscula a raya. Aunque el nuevo LFA pesará algo más que su abuelo por culpa de las baterías, los ingenieros prometen que sus prestaciones y su agilidad en curva mantendrán intacto el honor de la leyenda.









