España no empezó a correr con la Fórmula 1 cuando apareció Fernando Alonso. Cuando el asturiano llegó al Mundial, a comienzos de los años 2000, el país ya llevaba décadas viendo pasar por sus circuitos a los mejores pilotos del mundo. Y antes incluso de que existiera el campeonato, las carreras internacionales ya habían dejado historias en carreteras y autódromos españoles.
El Gran Premio que este fin de semana devuelve la Fórmula 1 a Madrid es, en realidad, el último capítulo de una historia mucho más larga. El Mundial ha pasado por Barcelona, Madrid, Jerez y Valencia, pero el automovilismo español ya había recorrido otros escenarios mucho antes de que los monoplazas modernos llegaran a nuestras carreteras.
Antes de la F1 ya había carreras en España
El automovilismo internacional empezó a hacerse un hueco en España durante las primeras décadas del siglo XX. Una de aquellas primeras carreras importantes fue el Gran Premio del RACE, disputado en 1913 sobre un recorrido de carreteras de la sierra de Guadarrama. Carlos de Salamanca ganó al volante de un Rolls-Royce, después de completar un recorrido que poco tenía que ver con los circuitos actuales.
Diez años después, en 1923, llegó el Gran Premio de España a un escenario construido expresamente para las carreras: el Autódromo de Terramar, en Sitges. El trazado tenía apenas dos kilómetros y unos peraltes extraordinarios, de más de 60 grados. Albert Divo ganó aquella carrera con un Sunbeam, pero Terramar no consiguió consolidarse y terminó quedando fuera del calendario internacional.
El relevo llegó prácticamente al mismo tiempo en las carreteras de Guipúzcoa. El circuito de Lasarte acogió durante los años veinte y treinta varias de las grandes carreras internacionales disputadas en España. El recorrido, de más de 18 kilómetros, atravesaba carreteras de Lasarte, Orio, Andoain y Hernani. Allí se disputaron varios Grandes Premios de España y de San Sebastián hasta que la Guerra Civil puso fin a aquella etapa.
Pedralbes fue la puerta de entrada al Mundial de Fórmula 1
La historia cambió en 1950, cuando nació el Campeonato del Mundo de Fórmula 1. España tardó un año en incorporarse al nuevo campeonato, pero lo hizo con un escenario muy particular, el de Pedralbes.
El circuito barcelonés era un trazado urbano rapidísimo, con una enorme recta y calles muy anchas. Allí se disputaron los Grandes Premios de España de 1951 y 1954. Juan Manuel Fangio ganó la primera edición y Mike Hawthorn la segunda.
Después llegó el desastre de Le Mans de 1955, que provocó un endurecimiento de las exigencias de seguridad en los circuitos. Pedralbes ya no volvería a recibir la Fórmula 1 y España se quedó fuera del campeonato durante más de una década.
Jarama y Montjuïc devolvieron la F1 a España
El regreso llegó en los años sesenta con dos circuitos muy diferentes. Uno estaba al norte de Madrid y el otro ocupaba la montaña de Barcelona. Jarama y Montjuïc empezaron a alternarse el Gran Premio de España, una solución que permitió combinar un circuito permanente y técnico con otro urbano, rápido y mucho más expuesto.
Jarama acogió una carrera no puntuable en 1967, ganada por Jim Clark, y entró en el Mundial al año siguiente. Montjuïc lo hizo en 1969. Durante aquella época pasaron por ambos trazados pilotos como Jackie Stewart, Graham Hill, Emerson Fittipaldi, Niki Lauda o James Hunt.
Pero aquella etapa también mostró el precio que podía tener correr con las condiciones de seguridad de entonces. En 1975, durante el Gran Premio de España en Montjuïc, el accidente de Rolf Stommelen acabó con la vida de cuatro espectadores. La carrera se detuvo y el circuito no volvió a formar parte del calendario.
Jarama continuó hasta 1981. Su última carrera de Fórmula 1 quedó asociada para siempre a Gilles Villeneuve, que ganó con Ferrari después de contener durante buena parte de la carrera a varios coches más rápidos. Fue la última vez que un Gran Premio del Mundial se disputó en Madrid antes de la llegada del Madring.

Jerez tomó el relevo y Montmeló acabó convirtiéndose en la casa de la F1
La Fórmula 1 salió de Madrid y Barcelona durante unos años. En 1986 apareció Jerez, un circuito construido específicamente para recibir grandes carreras. Ayrton Senna ganó allí el primer Gran Premio por solo 14 milésimas frente a Nigel Mansell, en uno de los finales más ajustados de la historia del campeonato.
Jerez acogió el Gran Premio de España hasta 1990 y posteriormente recibió dos ediciones del Gran Premio de Europa, en 1994 y 1997. Pero el gran cambio estaba ya en marcha en Barcelona.
En 1991 se estrenó el Circuit de Barcelona-Catalunya, en Montmeló. Desde entonces se convirtió en la sede habitual del Gran Premio de España y acumuló más de tres décadas consecutivas en el calendario. Para varias generaciones de pilotos, además, el circuito catalán fue durante años el lugar donde se probaban los coches antes de empezar la temporada y durante los test de pretemporada.
Valencia recuperó los dos Grandes Premios en España
Durante el gran crecimiento de la Fórmula 1 alrededor de Fernando Alonso apareció otro circuito. Valencia construyó un trazado urbano alrededor de la zona del puerto y entre 2008 y 2012 acogió el Gran Premio de Europa.
España volvió así a tener dos carreras en el calendario. Valencia, sin embargo, tuvo una vida mucho más corta que Montmeló. La última edición llegó en 2012 y tuvo un desenlace especial para la afición española: Fernando Alonso ganó ante su público después de salir undécimo.
Después desapareció del calendario y Montmeló volvió a ser durante años el único escenario español de la Fórmula 1.
Madrid abre otra etapa para la Fórmula 1 en España
Ahora la historia vuelve a Madrid. El Madring, construido alrededor de IFEMA, devuelve el Mundial a la capital 45 años después de aquella victoria de Villeneuve en Jarama. El nuevo trazado tiene 5,4 kilómetros y 22 curvas, con La Monumental como elemento más reconocible: una curva peraltada de hasta un 24% de inclinación.
Hay algo particular en este recorrido. Madrid no recupera el viejo Jarama ni intenta reproducirlo. El nuevo Gran Premio pertenece a otra época de la Fórmula 1, la de los circuitos semiurbanos construidos alrededor de grandes ciudades y pensados también como grandes acontecimientos.

Eso permite que la historia de los circuitos españoles vuelva a empezar otra vez desde Madrid. Pedralbes fue la entrada al Mundial. Jarama y Montjuïc representaron una época en la que todavía podían convivir dos circuitos completamente distintos. Jerez fue el relevo durante unos años y Montmeló acabó convirtiéndose en la sede estable. Valencia probó de nuevo con un circuito urbano.
Y queda por ver cómo se comportará el Madring cuando deje de estar vacío. La Monumental, los cambios de dirección y las zonas rápidas tendrán otra lectura con veinte coches rodando a la vez. Después de más de un siglo de carreras en España, el siguiente capítulo empieza aquí.









