Cuando por fin construyamos un reactor comercial, cuando el plasma esté confinado a 150 millones de grados y los neutrones bombardeen las paredes sin descanso, ¿cuánto aguantarán los materiales? Nadie lo sabe. No hay ningún lugar en la Tierra donde se reproduzcan esas condiciones. Los reactores de fisión generan neutrones, sí, pero de menor energía. Los aceleradores de partículas pueden producir algunos, pero no suficientes. Hasta ahora, la única forma de saber si un acero resiste dentro de un reactor de fusión era construir el reactor y esperar a ver qué pasaba. Y eso no es una estrategia. Es una apuesta.
En Escúzar, un pequeño municipio a 24 kilómetros de Granada, ha empezado a construirse la respuesta a esa pregunta. Se llama IFMIF-DONES, y no es una central de fusión. No va a generar electricidad. No va a iluminar ninguna ciudad. Su misión es otra, igual de importante y mucho menos vistosa: generar un flujo de neutrones de alta energía capaz de simular, durante años y en cuestión de días, el daño que un reactor de fusión infligiría a sus materiales a lo largo de toda su vida útil. Es una instalación científica internacional, la mayor que se está construyendo en España, y su función es decidir qué materiales merecen formar parte del futuro de la energía.
Ya ha comenzado la construcción del edificio principal, con los primeros movimientos de tierra en una parcela de 100.000 metros cuadrados. Los cimientos se prepararán antes de final de año, la estructura se alzará en 2027 y en 2029 el complejo estará terminado para recibir los componentes del acelerador. El proyecto cuenta con una inversión de unos 700 millones de euros para su construcción, además de 252,78 millones cofinanciados por el Gobierno y la Junta de Andalucía para asegurar su actividad hasta 2037.
No es un reactor de fusión. Es algo distinto y quizá más importante
IFMIF-DONES significa International Fusion Materials Irradiation Facility – DEMO Oriented Neutron Source. Traducido: una instalación para irradiar materiales de fusión con neutrones. Su corazón es un acelerador lineal de partículas que dispara un haz de deuterones contra una corriente de litio líquido. Cuando los deuterones impactan contra el litio, se producen neutrones de alta energía, con un espectro similar al que generaría un reactor de fusión real.
Ese flujo de neutrones se dirige hacia una cámara de ensayo, la Test Cell, donde se colocan las muestras de materiales que se quieren estudiar. Durante meses o años, esas muestras reciben un bombardeo continuo que simula, en tiempo comprimido, el envejecimiento que sufrirían en un reactor comercial. Los científicos pueden así medir cómo cambian sus propiedades mecánicas, cómo se hinchan, cómo se vuelven frágiles, cuándo fallan.
La alternativa sería probar los materiales en un reactor de fusión real, pero eso es imposible por una razón obvia: los reactores de fusión comerciales no existen todavía. IFMIF-DONES es, en cierto modo, un atajo. Permite estudiar el problema antes de tener la solución. Permite saber qué materiales funcionan y cuáles no, sin tener que construir primero una central de miles de millones de euros y descubrir después que sus paredes se desintegran.
Un proyecto internacional con sello español
IFMIF-DONES no es un proyecto español, aunque España sea el socio principal. El Acuerdo Multilateral Internacional DONES (MIDA), firmado en noviembre de 2025 en Madrid, estableció el marco legal y financiero de la colaboración. España aporta el 55% del coste de construcción. Fusion for Energy, en representación de la Comisión Europea, aporta el 25%, unos 202 millones de euros. Italia contribuye con un 8%, Japón con un 5,1% y Croacia con un 5%. Las negociaciones para la incorporación de Alemania están en marcha, y ya ha habido contactos con Francia y visitas de delegaciones holandesas y chinas interesadas en el proyecto.
El consorcio que gestiona la construcción está formado por Ferrovial, FCC y Añil, que ya han empezado los trabajos de vallado, instalaciones auxiliares y movimiento de tierras. La plantilla de IFMIF-DONES ronda actualmente las 80 personas entre el consorcio español y Fusion for Energy, y se espera superar el centenar a finales de 2026. Hay 34 procesos selectivos en marcha y se han recibido alrededor de 700 solicitudes.
El impacto socioeconómico previsto supera los 4.000 millones de euros y contempla la creación de más de 1.000 empleos directos e indirectos. Para una provincia como Granada, que durante años vio pasar oportunidades sin poder retenerlas, IFMIF-DONES representa algo más que una infraestructura científica. Representa la posibilidad de construir un ecosistema de innovación, de atraer talento y de retenerlo.
El LIPAc: la prueba de que el acelerador funciona
Antes de que IFMIF-DONES se construyera en Granada, hubo que demostrar que su tecnología principal funcionaba. Para eso se construyó el LIPAc (Linear IFMIF Prototype Accelerator) en Rokkasho, Japón, un prototipo a escala reducida del acelerador que tendrá la instalación española. En mayo de 2026, el LIPAc alcanzó su configuración completa: todos los subsistemas instalados, listo para entrar en la fase de puesta en marcha.
El LIPAc es un acelerador de 36 metros que debe demostrar que se puede acelerar un haz de deuterones hasta 9 MeV con una corriente de 125 miliamperios en operación continua. Es un régimen extremadamente exigente, y demostrar que funciona es esencial para reducir los riesgos técnicos de IFMIF-DONES y de la futura instalación japonesa A-FNS . Las operaciones con haz están previstas para marzo de 2027, primero con protones y luego con deuterones. Si el LIPAc funciona, IFMIF-DONES tendrá una base sólida sobre la que construirse.
Lo que aún falta por demostrar
IFMIF-DONES es un proyecto enorme, y como todo proyecto de esta escala, tiene incertidumbres. La primera es el calendario. Las obras del edificio principal han empezado, pero la integración de todos los sistemas del acelerador es una tarea de complejidad extraordinaria. El edificio debe albergar el acelerador, la Test Cell, el lazo de litio líquido, los sistemas de vacío, la criogenia, la instrumentación y los sistemas de control. Cada uno de esos sistemas es un proyecto en sí mismo, y coordinarlos todos para que funcionen juntos es un desafío que requiere años de trabajo.
La segunda es el suministro eléctrico. El acelerador de IFMIF-DONES requerirá una capacidad energética muy elevada para generar y mantener el haz de partículas. La Subestación Saleres 220 kV se considera imprescindible, y el Gobierno ha reclamado a la Junta de Andalucía que agilice su tramitación para que esté lista a tiempo. Si la subestación no llega, el acelerador no puede funcionar.
La tercera es la financiación a largo plazo. El coste de construcción ronda los 700 millones de euros, y el funcionamiento anual se estima en unos 60 millones . España aporta el 55% de la construcción, pero garantizar el presupuesto de operación durante décadas es otro asunto. Los proyectos científicos internacionales tienen una tendencia histórica a acumular retrasos y sobrecostes, y IFMIF-DONES no es inmune a ese riesgo.
La instalación que decidirá el futuro de la fusión
IFMIF-DONES no va a resolver la crisis energética. No va a producir electricidad. No va a cambiar la factura de la luz de nadie. Pero sin ella, la fusión comercial no puede avanzar. Porque antes de construir un reactor que funcione, hay que saber qué materiales usar. Antes de prometer energía limpia e ilimitada, hay que demostrar que las paredes del reactor aguantarán el bombardeo de neutrones durante años sin desintegrarse.
En Escúzar, entre olivares y a 24 kilómetros de la Alhambra, se está construyendo la instalación que dará respuesta a esa pregunta. No es un reactor. Es un laboratorio de resistencia. Un lugar donde los materiales serán sometidos a un castigo que simula décadas de funcionamiento en cuestión de meses. Y de los datos que salgan de allí dependerá qué aceros, qué aleaciones, qué cerámicas formarán parte de los reactores de fusión del futuro. Granada no va a iluminar las ciudades. Pero va a decidir con qué se construyen.













