No hace tanto vivimos un apagón. Las luces se van, el frigorífico deja de zumbar, y la gente saca las velas. Pero hay algo más que se apaga y que casi nadie nota hasta que es tarde: la conexión a internet. En las ciudades, las torres de telefonía suelen tener baterías de respaldo que aguantan unas horas. En las zonas rurales, no siempre. Y cuando la red eléctrica falla durante un incendio, una tormenta o una ola de calor, esas torres se quedan mudas. Los teléfonos siguen encendidos, pero no hay señal. No se puede llamar a emergencias, no se puede avisar a la familia, no se puede pedir ayuda.
En Australia, un país que sabe bien lo que es un apagón prolongado y lo que es un incendio forestal, una empresa ha encontrado una solución tan sencilla como ingeniosa. Se llama Decon Corporation, y su idea es forrar las torres de telecomunicaciones con paneles solares flexibles. No encima de ellas, no al lado. Alrededor. Pegados a la propia estructura, como una funda. El primer ensayo se ha hecho en una torre de la red nbn en New Gisborne, en las montañas Macedon de Victoria, a unos 60 kilómetros al noroeste de Melbourne. Y los resultados iniciales son prometedores: el sistema puede generar hasta el 40% de la demanda total del sitio durante las horas de luz.
Combinado con las baterías que ya existen en la torre, ese aporte solar permite mantener el sitio en funcionamiento durante hasta 12 horas durante un apagón. Doce horas de conexión en un lugar donde, de otro modo, no habría ninguna. Para una comunidad rural, eso puede ser la diferencia entre estar comunicado y estar aislado.
Paneles que se adaptan a lo que ya existe
La clave de esta tecnología no está en el panel en sí, sino en cómo se instala. Los paneles solares convencionales son rígidos y planos. No se pueden curvar alrededor de una torre cilíndrica sin romperse. Los paneles laminados flexibles que usa Decon sí. Son ligeros, se adaptan a la curvatura del mástil y se fijan con un sistema de montaje patentado por la empresa.
Brett Matheson, consejero delegado de Decon, lo explica con claridad: el diferenciador es esa tecnología de montaje, que permite integrar los paneles en torres monopolo existentes de forma práctica, escalable y repetible. No hace falta construir una torre nueva. No hace falta reforzar la estructura para soportar el peso de paneles rígidos. Se aprovecha la superficie que ya está ahí, orientada al norte en el hemisferio sur, donde da más el sol.
La instalación se hizo en el lado norte de una torre de 40 metros de altura. Esa orientación maximiza la captación solar a lo largo del día. Los paneles no solo generan electricidad; también reducen la demanda que la torre tiene que cubrir desde la red, lo que se traduce en un menor consumo y, potencialmente, en un menor coste operativo para el operador.
12 horas de respaldo: la resiliencia como servicio
La palabra que más se repite en este proyecto es «resiliencia». No es casual. En Australia, los apagones relacionados con eventos climáticos extremos son cada vez más frecuentes. Incendios que cortan líneas eléctricas, tormentas que derriban postes, olas de calor que sobrecargan la red. Cuando eso ocurre, las torres de telecomunicaciones son infraestructura crítica. Sin ellas, los servicios de emergencia no pueden coordinarse, las alertas no llegan a los móviles, y las comunidades afectadas quedan incomunicadas justo cuando más necesitan estar conectadas.
Guy Scott, director de tecnología de nbn, la empresa pública australiana de banda ancha, lo expresó sin rodeos: «El ensayo inicial demostró el potencial de la solución solar curva para reducir nuestra huella de carbono mediante más solar y baterías. Ahora hemos pasado a la fase operativa y creemos que esta solución podría ayudar a mejorar la resiliencia de la red nbn manteniendo sitios inalámbricos fijos seleccionados en línea durante apagones relacionados con la red eléctrica, manteniendo a las comunidades locales conectadas en momentos de necesidad» .
Ese es el punto. No se trata solo de ahorrar energía o de reducir emisiones. Se trata de que la red no se caiga cuando más se necesita. Las 12 horas de respaldo que proporciona el sistema solar más baterías son, en la práctica, una garantía de que la torre seguirá emitiendo señal durante un apagón prolongado. Para una familia en una zona rural, eso significa poder llamar a los bomberos, avisar a un familiar o recibir una alerta de evacuación.
Lo que aún falta por demostrar
El proyecto está en fase de prueba de concepto. La instalación lleva un mes funcionando. Los resultados iniciales son buenos, pero un mes no es un año. Queda por ver cómo se comportan los paneles laminados flexibles sometidos a la intemperie durante años: la radiación ultravioleta, la lluvia, el viento, los ciclos de temperatura, el polvo. La superficie curva de una torre no es el entorno más amable para una célula solar, y la limpieza de esos paneles puede ser complicada.
Tampoco hay datos públicos sobre el coste de la instalación, ni sobre el periodo de amortización. Decon no ha revelado cuánto cuesta forrar una torre con estos paneles, ni cuánto se ahorra en electricidad. La empresa dice que su tecnología de montaje es «práctica, escalable y repetible», pero escalabilidad y repetibilidad son afirmaciones que hay que demostrar en más de una torre, en más de un clima, en más de un tipo de estructura.
Y luego está la cuestión de la integración con la red. Las torres de telecomunicaciones no son sistemas aislados. Forman parte de una red compleja, y la electricidad que generan los paneles solares tiene que gestionarse de forma que no interfiera con el funcionamiento normal del sitio. La empresa dice que combina la generación solar con las baterías existentes, pero no detalla cómo se coordinan ambos sistemas, ni qué ocurre si la producción solar excede la demanda de la torre en un momento dado.
Una idea sencilla para un problema que crece
Lo que hace atractivo este proyecto no es la tecnología en sí, sino el enfoque. En lugar de construir nuevas infraestructuras, aprovecha las que ya existen. En lugar de esperar a que la red eléctrica se vuelva más fiable, se prepara para cuando falle. En lugar de tratar las torres de telecomunicaciones como simples consumidores de energía, las convierte en pequeñas centrales solares que contribuyen a su propia operación.
Decon no es la primera empresa que intenta algo así. Otras compañías han probado paneles solares en torres de telefonía, pero con paneles rígidos montados en estructuras auxiliares. La diferencia de Decon está en la integración: los paneles forman parte de la torre, no son un añadido. Eso reduce el impacto estructural, facilita la instalación y, según la empresa, permite replicar el modelo en cualquier torre monopolo existente.
Si el ensayo de New Gisborne tiene éxito a largo plazo, podría convertirse en un estándar para las torres de telecomunicaciones rurales en Australia y, quizás, en otros países con problemas similares. No va a resolver el problema de la conectividad global. No va a llevar internet a donde no llega. Pero puede evitar que la conexión se caiga cuando más se necesita. Y en un mundo donde la red eléctrica es cada vez más frágil frente a los eventos climáticos extremos, eso es más valioso de lo que parece.













