Uno de los principales dolores de cabeza en la expansión global de las energías renovables es la batalla por el espacio. Levantar inmensos huertos solares o parques eólicos ocupa hectáreas de terreno agrícola o natural, lo que despierta constantes dilemas ecológicos y territoriales. Ante esta encrucijada, Suiza ha decidido no mirar hacia nuevos horizontes, sino justo debajo de sus propios trenes.
En la pequeña localidad de Buttes, la startup Sun-Ways instaló una pionera planta piloto fotovoltaica incrustada directamente sobre las traviesas y entre los raíles de una vía férrea activa. Un año después de su puesta en marcha, el balance ha superado las expectativas técnicas y de seguridad.
El proyecto de Sun-Ways ha demostrado que se puede generar energía solar aprovechando el espacio infrautilizado entre las vías del tren. Tras un año de pruebas, con más de 11.000 trenes circulando sobre los paneles, los resultados son lo bastante positivos como para que países como Italia, Francia o Corea del Sur ya quieran estudiar cómo replicarlo.
La idea ha dejado de ser un mero experimento alpino. Lo que comenzó en un discreto tramo de cien metros en el cantón de Neuchâtel apunta a convertirse en un sistema permanente, y ha despertado el interés de gigantes ferroviarios como la SNCF francesa, que ya ha firmado un acuerdo de cooperación con Sun-Ways. Con todo, conviene no correr: sigue siendo un piloto en marcha, y de la prueba de concepto a las vías de media Europa aún queda un camino largo.
El proyecto: paneles entre vías, sin interferencias
La instalación, ubicada en la localidad de Buttes (cantón de Neuchâtel), consiste en 48 paneles solares colocados sobre las traviesas en un tramo de 100 metros de vía activa, operada por la compañía regional TransN. Una idea tan simple como efectiva. Se aprovecha un espacio muerto y sin uso para generar una potencia pico de 18 kWp, a base de módulos de 380 vatios diseñados específicamente para aguantar el paso de los convoyes.
En su primer año, a pesar de una parada de un mes por nieve y trabajos técnicos, ha producido más de 16.000 kWh, suficiente para abastecer a 3 o 4 hogares suizos durante un año. Más de 11.000 trenes han pasado por encima, a velocidades de hasta 88 km/h, sin que se haya reportado ningún problema de seguridad, estabilidad o deslumbramiento a los maquinistas, que era uno de los grandes temores previos.
Fácil instalación y limpieza «gratuita»
El sistema destaca por su practicidad y bajo mantenimiento, resolviendo dos de los principales desafíos previstos. Por un lado, gracias a una máquina especial desarrollada con la empresa ferroviaria suiza Scheuchzer, se pueden instalar hasta 1.000 metros de paneles en unas horas, desplegándolos como una alfombra. Además, cada módulo se puede desmontar en cuestión de minutos, lo que facilita las tareas de mantenimiento de la vía, porque los paneles son extraíbles.
Por otro lado, se ha descubierto que unos cepillos montados en la parte trasera de los propios trenes barren el polvo y la suciedad de los paneles a su paso, manteniéndolos limpios y eficientes sin necesidad de sistemas adicionales. Los paneles, además, incorporan un filtro antirreflejos y sensores integrados que vigilan su funcionamiento.
Escalar para abastecer a 300.000 hogares
La escala es el verdadero objetivo. Si la tecnología se validara y desplegara en toda la red suiza, el potencial es enorme. Sun-Ways estima que se podrían aprovechar hasta 5.320 kilómetros de vías (excluyendo túneles y zonas con poca luz solar), generando alrededor de 1 TWh al año. Esto equivaldría al consumo eléctrico de unos 300.000 hogares, es decir, aproximadamente el 2% del consumo total de electricidad de Suiza.
El interés internacional: Italia y Francia ya miran
El piloto ha generado interés global, aunque conviene medir bien cada paso. En Francia, la SNCF firmó en febrero un acuerdo de cooperación técnica con Sun-Ways para acceder a los datos y evaluar la viabilidad en su red de 28.000 km. No es un contrato para desplegar paneles, sino para estudiar cómo afectan los módulos extraíbles a las labores de mantenimiento. El interés de la SNCF no es menor: es el mayor consumidor de electricidad de Francia y quiere cubrir el 20% de su consumo con fotovoltaica en 2030.
En Italia, la cosa está un paso por detrás de lo que pueda parecer. Sun-Ways ha firmado un acuerdo con un socio italiano, no identificado, que a su vez «está en contacto» con Rete Ferroviaria Italiana, la gestora pública de la infraestructura. Es decir, RFI observa desde fuera, a través de un intermediario, y todavía no es parte del acuerdo. La idea es lanzar un proyecto piloto en los próximos meses, probablemente en líneas regionales de baja prioridad para no interferir con el tráfico de cercanías.
También Corea del Sur, que ya ha aprobado uno propio, e Indonesia han mostrado su interés y arrancan sus propios proyectos.
Resiliencia económica: la ventaja de la red integrada
Más allá del ahorro de espacio, el modelo suizo esconde una ventaja económica frente a los parques solares convencionales: la proximidad a la infraestructura eléctrica. Por norma general, construir un huerto fotovoltaico en una zona rural exige costosas inversiones adicionales en kilómetros de cableado y subestaciones que conecten los paneles con la red. Las vías del tren, en cambio, ya nacen conectadas a la corriente.
De momento, eso sí, la electricidad del piloto se vuelca directamente a la red general, pero Sun-Ways ya trabaja para inyectarla en el futuro directamente en las subestaciones ferroviarias o en las líneas de tracción que alimentan a los trenes. Esa es precisamente la meta que se persigue en Italia: que la energía generada bajo los convoyes alimente de forma inmediata su sistema de tracción, reduciendo los costes operativos y blindando a las compañías frente a las fluctuaciones del precio de la luz.
El principal desafío: la regulación, no la tecnología
Según el fundador de Sun-Ways, Joseph Scuderi, el mayor obstáculo no ha sido la tecnología, sino la regulación. El sector ferroviario tiene requisitos de seguridad muy estrictos, y obtener la autorización para la prueba piloto en una vía abierta al tráfico llevó unos diez meses de trámites.
No es el único reto que queda por delante. La tecnología actual todavía no es apta para instalaciones de más de unos 500 metros, y falta resolver cómo convertir de forma eficiente la electricidad generada en alta tensión para transportarla a distancia. Son los deberes pendientes antes de poder escalar de verdad.
El proyecto piloto está previsto para tres años, hasta abril de 2028, para recopilar datos en todas las estaciones del año. Scuderi espera poder acortar ese plazo y obtener la aprobación final antes, para que sus socios internacionales puedan avanzar. La compañía apunta a un despliegue comercial hacia 2028, con el objetivo de instalar 10.000 km de paneles en vías ferroviarias para 2040.
La idea de Sun-Ways, que parecía ciencia ficción, ha superado el primer y más difícil año con nota, convirtiendo miles de kilómetros de vías en una oportunidad energética. Ahora, el verdadero desafío es pasar de la innovación técnica a la aprobación regulatoria para escalar la solución dentro del propio país y exportarla a los vecinos que ya han mostrado interés.













