Lo que para nosotros es un elemento de entretenimiento o para hacer las mejores fotos y vídeos de las vacaciones, hace tiempo que se ha convertido en clave para los militares. El dron ha cambiado las reglas del juego. En el aire, los «Loyal Wingmen» acompañan a los cazas. En tierra, los robots despejan caminos. Pero bajo el agua, el problema es mucho más complicado. Los océanos son inmensos, las comunicaciones son difíciles y, sobre todo, la energía se agota rápido. Un dron submarino tiene que nadar kilómetros y kilómetros para llegar a su objetivo, y cuando llega, ya ha gastado una parte importante de su batería.
La Armada de Estados Unidos lleva años buscando una solución a este dilema, y la ha encontrado en el lugar más inesperado: en un pez que lleva 360 millones de años sin cambiar su estrategia. La lamprea es un animal que se agarra a otros peces más grandes, viaja a su costa y, cuando llega a aguas ricas en alimento, se suelta y actúa por su cuenta. Lockheed Martin ha copiado esa idea y la ha convertido en un dron submarino que promete cambiar la guerra naval tal como la conocemos.
Lamprey: el dron que viaja de polizón
El nuevo dron se llama Lamprey, en honor a ese pez tan peculiar. Y su funcionamiento es tan brillante como sencillo. En lugar de usar sus propias baterías para recorrer miles de kilómetros, el dron se agarra al casco de un buque de superficie o de un submarino utilizando un sistema de succión con dieciséis ventosas. Una vez fijado, viaja literalmente «a dedo» a donde va el barco, sin consumir ni un solo vatio de su propia energía.
Mientras está agarrado, el movimiento del barco a través del agua hace girar unos hidrogeneradores (pequeñas turbinas que funcionan como los alternadores de un coche, pero con agua en lugar de correa) que recargan sus baterías El resultado es que, cuando el dron se suelta en las proximidades de su objetivo, llega con la batería al 100%, completamente cargado y listo para la acción.
Y lo más importante: el dron se puede desplegar sin que el barco tenga que reducir su velocidad ni pararse. Simplemente se suelta y ya está en el agua. Eso es una ventaja táctica enorme para una flota en movimiento.
Un «ejército suizo» de 24 pies cúbicos
El Lamprey es un dron de tamaño medio, de entre 6 y 10 metros de largo según las versiones. Pero no te dejes engañar por su tamaño. Su bahía de carga interna, de 24 pies cúbicos (unos 0,68 metros cúbicos), puede albergar una variedad de módulos de misión que lo convierten en una navaja suiza del combate naval.
Y es que este nuevo invento puede lanzar torpedos ligeros, lanzar drones aéreos, y también señuelos acústicos para confundir al enemigo. Además, cuenta con sistemas de guerra electrónica para interferir las comunicaciones o sensores del enemigo, así como tiene también sensores desplegables para misiones de inteligencia y vigilancia.
El dron está diseñado con una arquitectura abierta, lo que significa que se pueden añadir o cambiar módulos según las necesidades de la misión. Es literalmente un «plug-and-play» para la guerra submarina.
La doble cara de la moneda
El Lamprey no solo puede viajar como polizón en barcos de la Armada estadounidense. La misma capacidad que le permite viajar de incógnito en un buque aliado, le permite adherirse al casco de un buque enemigo. Una vez allí, puede actuar como una mina inteligente, esperar el momento adecuado para atacar, o simplemente espiar las comunicaciones y movimientos del barco. Es una herramienta de «denegación de mar» perfecta para la guerra en el Indo-Pacífico, donde la densidad de tráfico marítimo es altísima.
14 meses de desarrollo y una segunda versión en camino
Lo más sorprendente de Lamprey no es solo lo que hace, sino lo rápido que ha pasado de ser una idea a un prototipo funcional. Lockheed Martin ha desarrollado el dron en solo 14 meses, utilizando fondos propios de la compañía y sin esperar un contrato del gobierno estadounidense. Eso, en el lento mundo de la defensa, es una velocidad de vértigo.
La compañía presentó el dron por primera vez en la feria WEST 2026, celebrada en San Diego, y ya ha confirmado que está trabajando en una segunda versión mejorada del prototipo, que planea tener lista a finales de este mismo año. Además, Lockheed tiene previsto fabricar variantes de diferentes tamaños, con longitudes que podrían oscilar entre los 6 y los 10 metros (20 a 35 pies) . No se van a quedar en un único modelo.
Esta rapidez no es casualidad. La compañía lleva décadas acumulando tecnología en el campo de los sistemas autónomos, y Lamprey es el fruto de esa experiencia. Como explicó Paul Lemmo, vicepresidente de Lockheed, el dron está diseñado para «detectar, interrumpir, engañar y atacar por sí mismo». Y lo mejor de todo: al ser de arquitectura abierta y modular, se pueden añadir o cambiar módulos según las necesidades de cada misión . Eso convierte a Lamprey en una plataforma que promete evolucionar al mismo ritmo que las amenazas.
Una tendencia imparable: robots bajo el mar
El Lamprey no es el único dron submarino que está revolucionando la guerra naval. La Armada de Estados Unidos ya está probando el Orca, un dron de 26 metros de eslora diseñado para misiones de largo alcance. Australia, por su parte, ha desarrollado el Ghost Shark, un dron de gran tamaño que ya ha iniciado sus pruebas de mar. Y el programa Manta Ray de DARPA busca precisamente desarrollar tecnologías de extracción de energía en el fondo del mar para que estos drones puedan operar durante meses sin necesidad de recarga.
El concepto de dron submarino polizón que viaja agarrado al casco de un barco es, quizás, la idea más innovadora de todas. No porque sea tecnológicamente más compleja que las demás, sino porque es la más simple. Y como suele decirse en el mundo militar: «Lo que es simple, funciona». Y lo que funciona, acaba ganando batallas.













