La ciencia, a menudo, se explica a través de números fríos, presupuestos inalcanzables y laboratorios herméticos alejados de la realidad cotidiana. Sin embargo, detrás de los mayores hitos de la humanidad siempre hay una historia de personas, de decisiones valientes y de un empeño casi poético por cambiar el destino de las próximas generaciones.
La historia de Eleonora Viezzer y Manuel García Muñoz es, precisamente, uno de esos relatos humanos que reconcilian a una sociedad con su potencial científico. Es la crónica de un viaje de ida y vuelta que ha culminado en un hito histórico: la creación de la primera spin-off de fusión nuclear nacida en una universidad pública española. Una aventura que promete traer la energía de las estrellas directamente a Sevilla.
Para entender el calado de lo que está ocurriendo en la capital andaluza, conviene rebobinar un poco en el tiempo. Hace unos años, Eleonora y Manuel tomaron las maletas y se marcharon a Alemania. Su destino no era un laboratorio cualquiera, sino el prestigioso Instituto Max Planck de Física de Plasma en Garching, considerado por la comunidad internacional como la auténtica «Meca» del estudio del plasma y la fusión nuclear.
Allí, en el corazón de la vanguardia científica europea, ambos investigadores se empaparon del conocimiento más avanzado del planeta, trabajando con los reactores que buscan emular el funcionamiento del Sol. Lo fácil, lo cómodo y lo económicamente lógico hubiera sido quedarse allí, al calor de los generosos presupuestos alemanes y de una infraestructura científica consolidada. Es lo que trágicamente conocemos como la «fuga de cerebros».
Sin embargo, ellos decidieron tomar el camino difícil: regresar. Volvieron a España, concretamente a la Universidad de Sevilla, y no lo hicieron con las manos vacías. En un logro sin precedentes para la ciencia nacional, regresaron atrayendo bajo el brazo cuatro proyectos europeos de excelencia otorgados por el Consejo Europeo de Investigación (ERC).
Estas becas son el reconocimiento más competitivo, exigente y codiciado de la Unión Europea; ganarlas equivale a recibir el sello de que estás liderando la ciencia del futuro. Con ese impresionante aval y el conocimiento adquirido en Alemania, fundaron en la institución hispalense el Laboratorio de Ciencia del Plasma y Tecnología de Fusión (PSFT). Pero su ambición no se iba a detener en la publicación de artículos teóricos en revistas especializadas. Querían transformar la teoría en industria. Querían cambiar el mundo real.
El sol en una botella y la promesa de un vaso de agua
La culminación empresarial de este esfuerzo se llama SMART Fusion Energy, la empresa nacida de la universidad que busca acelerar el desarrollo de la fusión nuclear comercial. Para el ciudadano de a pie, la palabra «nuclear» suele despertar viejos fantasmas asociados a los residuos radiactivos, los accidentes de Chernóbil o la energía de fisión tradicional. Por eso, el esfuerzo humanizador de Eleonora Viezzer pasa siempre por explicar la diferencia de una forma asombrosamente bella y sencilla.
Lo que ellos investigan no es la fisión (romper átomos pesados), sino la fusión (unir átomos ligeros), el mismo mecanismo exacto que utiliza el Sol para brillar y calentar el universo. «Queremos crear la fábrica de las estrellas en la Tierra», suele explicar Viezzer con pasión.
La promesa que encierra esta tecnología es tan colosal que cuesta procesarla con lógica puramente comercial. Según detallan los propios investigadores, el objetivo final es lograr que, utilizando únicamente los átomos de hidrógeno contenidos en un solo vaso de agua común, se pueda generar toda la energía que necesita una familia de cuatro personas para toda su vida. Hablamos de una fuente energética que es limpia, virtualmente infinita, absolutamente segura (no existe riesgo de explosión ni de reacciones descontroladas) y que no genera residuos radiactivos de larga duración. Es, por derecho propio, el santo grial que resolvería el problema del calentamiento global y la geopolítica de los combustibles fósiles para siempre.
El Tokamak SMART: Un dónut magnético en Sevilla
A diferencia de otras iniciativas científicas que dependen de promesas sobre el papel, el proyecto de la Universidad de Sevilla cuenta con una ventaja física fundamental: su propio reactor. El equipo liderado por Viezzer y García Muñoz ha diseñado y puesto en marcha el tokamak SMART, un reactor de fusión experimental que ya está operativo en sus instalaciones.
Un tokamak es, esencialmente, una máquina con forma de dónut gigante que utiliza campos magnéticos de una potencia descomunal para confinar y domar el plasma, ese gas de hidrógeno hipercalentado a millones de grados centígrados donde los átomos se fusionan.
El gran valor de la arquitectura propia que han diseñado en Sevilla radica en la escala. Mientras que los grandes proyectos gubernamentales e internacionales, como el mastodóntico reactor ITER que se construye en Francia, tardan décadas en avanzar y requieren miles de millones de euros debido a su tamaño colosal, SMART Fusion Energy apuesta por un enfoque disruptivo: reactores compactos de alto campo magnético.
Utilizando superconductores de alta temperatura de última generación y novedosas configuraciones en la geometría del plasma, los científicos sevillanos pueden diseñar reactores mucho más pequeños, eficientes, económicos y rápidos de construir, reduciendo drásticamente los tiempos necesarios para llevar esta energía al mercado real.
El salto industrial: Ciencia con respaldo financiero
Para que una idea científica cure enfermedades o encienda las luces de una ciudad, necesita cruzar lo que en el sector se conoce como «el valle de la muerte»: la falta de financiación para dar el salto del laboratorio a la fábrica. SMART Fusion Energy ha logrado sortear este obstáculo gracias al respaldo de BeAble Capital, un fondo de inversión especializado en Science Equity —tecnología profunda y disruptiva— que ha inyectado una inversión inicial de 1,5 millones de euros para impulsar la compañía.
Además, la propia Universidad de Sevilla demuestra su confianza en el proyecto participando directamente en el accionariado de la empresa a través de su Fundación de Investigación (FIUS).La hoja de ruta que maneja la compañía para los próximos años está perfectamente estructurada en tres fases muy claras:
- Fase SMART: El dispositivo experimental que ya está operativo en Sevilla y que sirve como la plataforma perfecta para validar la física del plasma y ensayar las tecnologías en sus fases más tempranas.
- Fase BRIGHT: El siguiente gran hito, que consistirá en la creación de una planta piloto y fuente volumétrica de neutrones a escala europea, diseñada para cualificar y homologar las tecnologías clave antes de su venta.
- Despliegue Comercial: El objetivo final de la empresa, que implicará el desarrollo y construcción de centrales de fusión compactas a escala industrial capaces de conectarse a la red eléctrica común.
La transición energética global suele debatirse en despachos políticos o en consejos de administración de multinacionales atrapadas en la dependencia de las materias primas. Por eso, que la respuesta definitiva al futuro del planeta se esté cocinando en los laboratorios de una universidad pública andaluza es un motivo de profundo orgullo y un baño de realidad humanizadora. Eleonora Viezzer y Manuel García Muñoz demostraron que el talento no tiene por qué quedarse en el extranjero para brillar al máximo nivel. Se mudaron a Alemania para aprender a embotellar el Sol, pero eligieron volver a casa para encender la luz del futuro.













