Japón es un país estrechamente ligado a la cultura del automóvil. Solo en el archipiélago encontramos hasta 30 fábricas de producción de vehículos. Y es que esta industria constituye uno de los principales motores económicos del país. También se cuentan allí las sedes de los más importantes preparadores y talleres históricos, entre ellos Naito Engineering. Un auténtico taller Ferrari japonés, especializado en los deportivos más exclusivos del mundo.
Naito podría pasar desapercibida si visitas la Capital del Este. No tiene grandes letreros que indiquen su presencia, ni siquiera está ubicada en un lugar transitado para ser visitada. Naito Engineering es un pequeño taller japonés especializado en algunos de los deportivos más raros y valiosos del mundo. Lo mejor de todo es que, viendo la deriva que están tomando algunas marcas como Ferrari o Jaguar, los amantes del motor aún tenemos refugios como Naito. Talleres capaces de preservar la herencia clásica, el carácter y el estilo propio mejor incluso que las propias marcas que los hicieron nacer.
Así es Naito Engineering: el taller que debes conocer si amas el motor
Naito Engineering nace en 1952 como taller de reparación de automóviles en Tokio. Su fundador, Shinichi Naito, era un mecánico autodidacta con una historia de origen de película: durante la Segunda Guerra Mundial había trabajado reparando los motores de los aviones bombarderos del ejército japonés. Tras la derrota, en el Japón ocupado, descubrió los deportivos europeos que los oficiales del ejército estadounidense importaban y hacían correr en los antiguos aeródromos militares, y decidió apostarlo todo por ese mundo. Empezó arreglando aquellos Porsche, MG y Mercedes-Benz de mediados de siglo y, con los años, trasladó su sede a Higashikurume, también en Tokio, donde se especializó definitivamente en coches históricos.
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Pero fue su hijo, Masao Naito, quien convirtió aquel modesto taller de barrio en una leyenda mundial. Durante el llamado «milagro económico japonés», Masao supo ver el apetito creciente por los clásicos europeos y americanos, y empezó a viajar a Estados Unidos y Reino Unido en viajes de compra, importando y restaurando decenas de coches aprovechando su ojo experto y un cambio de divisa muy favorable. Por el camino, fue construyendo una colección personal de joyas espectaculares que la familia aún conserva en el propio taller. De hecho, tal y como muestran las imágenes en su página web, algunos de los modelos que acostumbran a visitar sus instalaciones son Porsche 911 clásicos, Ferrari y Lamborghini. Y estos son algunos de los más «corrientes».
En su archivo podrás encontrar capturas en las que aparecen un Jaguar XJ220 de color verde aparcado en su «campa», unidades de competición de Aston Martin o el famosísimo Ferrari F40 en carrocería «Rosso» con matrícula de Japón. Y joyas mayores aún: por el taller han pasado un Porsche 907 K, un BMW 3.0 CSL, un Ferrari 275 GTB/4 y hasta un Ferrari 250 LM valorado en torno a los 17,5 millones de dólares, que Masao adquirió en los años noventa y que descansa sobre tacos de madera como si fuera una pieza de museo.
Restauraciones imposibles y pasión por Ferrari, Porsche o Jaguar
Hablar de precios en Naito probablemente sea como intentar tasar una obra de arte. El taller se ha especializado en restauraciones extremadamente complejas, incluyendo Shelby Cobra, Porsche 356A o incluso un Porsche 904.
Lo más impresionante es que todo el proceso se realiza en sus propias instalaciones. Desde motores y transmisiones hasta suspensiones o carrocerías completas. Además, este taller en Japón también destaca por localizar recambios imposibles o fabricar piezas desde cero cuando ya no existen en ningún lugar del mundo. Y todo ello, conviene subrayarlo, con muy poca tecnología digital: predominan las herramientas manuales en un espacio que, según quienes lo han visitado, parece sorprendentemente pequeño y abarrotado para el nivel de las joyas que custodia. Esa aparente contradicción —resultados de campeonato del mundo salidos de un taller que parece a un temblor de venirse abajo— es justamente parte de su leyenda.
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Nada se les resiste. Desde la reparación de motores completos, transmisiones, suspensiones o arreglos de carrocería. No solo atienden las peticiones de clientes particulares, pues algunos de sus proyectos están a la venta. Y aquí está quizá lo más fascinante del lugar: el taller no se anuncia en ningún sitio, no tiene cartel ni datos de contacto a la vista y solo abre con cita previa. Su reputación es tan sólida que pueden permitirse elegir qué coches restauran y a qué clientes atienden. Como apuntaba el veterano subastador David Gooding, «muchos en la industria ni siquiera han oído hablar de ellos», y ese anonimato cultivado es parte esencial de su mística.
Naito Engineering sigue adelante: una herencia de padres a hijos
Naito es aún una empresa familiar. En su tercera generación, los nietos del fundador, So y Kei Naito, preservan la tradición que recibieron de su padre Masao. Aún trabajan con algunos de los deportivos más exclusivos del mundo. En las fotos de su página web encontrarás unidades ultra limitadas. También hallarás una excusa para pasar horas disfrutando de auténticas joyas sobre ruedas.
Y hay una novedad estupenda para quienes quieran asomarse de verdad a este universo: el cineasta Ben Bertucci pasó siete años documentando la vida del taller y el resultado es «One of One», un documental de unos noventa minutos que se estrenó el 1 de septiembre de 2025 en plataformas como Amazon Prime Video y Apple TV+, y que retrata tanto los coches como el delicado momento de relevo generacional que vive la familia. Existe también un libro de mesa de 250 páginas que recoge imágenes nunca vistas del taller y de los Naito.
Una recomendación más: visita el perfil de So en Instagram. Cuenta con casi 100.000 seguidores a fecha de redacción de este artículo. Es fácil pasar horas y horas contemplando el resultado de la intervención quirúrgica del equipo de Naito. Un rincón del mundo especial que te hará recordar por qué amas los coches clásicos.
Y así es Naito Engineering: un pequeño taller que parece más un refugio para amantes del motor que un centro especializado en deportivos de lujo. Allí todavía se conserva parte de la personalidad con la que nacieron estos coches, ese espíritu clásico que a veces cuesta encontrar en la industria actual. Por eso, lugares como Naito tienen tanto valor: recuerdan por qué Ferrari, Jaguar o Porsche llegaron a emocionar a tantas generaciones de aficionados.













