Hay un problema que se ha dado siempre y que se agudiza con las energías renovables: la electricidad que sobra en un sitio y falta en otro. Si tenemos un grifo que vierte litros y litros pero solo tenemos un vaso para recogerlos, la mayor parte del agua se desborda y se pierde. Algo muy parecido ocurre hoy con la electricidad. Cuando hace un día de viento infernal o de sol abrasador, se produce tanta energía que a veces supera lo que necesitamos en ese momento. Esa energía «derramada» se desperdicia.
En los últimos años se ha trabajado en atajar este problema. Y es que no solo es desperdiciar una energía muy valiosa que más adelante se necesitará, es que al no darle uso cuando llega el momento se tira de factorías de gas o carbón para generar esa electricidad necesaria y adiós a la energía limpia. Además, el tema del almacenamiento para no desaprovecharla es otro quebradero de cabeza porque a día de hoy la opción más viable es el litio, pero tiene varios problemas como el coste, tamaño, seguridad y que su fabricación y extracción es contaminante.
Las alternativas van surgiendo y poco a poco se dan pasos en este sentido. Una de ellas plantea el almacenamiento por bombeo hidroeléctrico. Para entenderlo volvamos al ejemplo del vaso de agua. En vez de un pequeño vaso para recoger todo el agua del grifjo tener una piscina vacía en un punto alto. Cuando el grifo da mucha agua, la bombeamos a la piscina de arriba. Cuando el grifo se cierra (por ejemplo, al atardecer o en un día sin viento), abrimos una compuerta y el agua que almacenamos cae por gravedad, moviendo una turbina que genera electricidad.
Es la forma más común, pero qué pasa si no tenemos una montaña o un sitio alto donde poner esa ‘piscina’. Aquí es donde entra una idea brillante y antigua a la vez: usar la gravedad. Si subir agua a una montaña requiere mucha energía y espacio, ¿por qué no subir otro tipo de pesos enormes por un pozo profundo? En lugar de una montaña, usamos un agujero en la tierra. Y en lugar de un embalse, usamos enormes bloques de hormigón o simplemente el agua que ya está dentro de minas abandonadas.
De repente, las viejas minas de carbón que se cerraron por contaminantes se han convertido en el bien más preciado para construir baterías gigantes. España, Italia y Australia ya han empezado a mover ficha.
El principio físico: la «batería» que juega con la gravedad
Para entenderlo, hagamos un pequeño ejercicio de imaginación. Piensa en una grúa de esas que ves en las obras, con un gran contenedor colgando de un cable. Ahora, imagina que es medio día de verano, el sol pega fuerte y los paneles solares están produciendo tanta electricidad que sobra. En lugar de desperdiciarla, usamos esa energía de sobra para que la grúa suba el contenedor, cargadísimo de peso hasta lo más alto de un rascacielos. Al subirlo, la electricidad se ha transformado en otra cosa: en lo que los físicos llaman «energía potencial gravitatoria», que es una forma elegante de decir que el contenedor, allá arriba, está listo para caer y soltar todo lo que ha guardado.
Llega la noche. Apagamos las luces de casa, nos vamos a dormir… pero la red eléctrica sigue necesitando energía. Entonces, dejamos que el contenedor baje poco a poco, con suavidad, como si lo controlara un ascensor que va frenando. Ese descenso no es en balde: mientras baja, hace girar un motor. Y ese motor, ahora convertido en generador, empieza a producir electricidad de nuevo, justo la que falta. La grúa devuelve la electricidad que se le prestó antes, pero sin combustión y sin contaminar, solo con la fuerza de la gravedad.
Esta idea se puede aplicar de dos maneras principales dentro de las minas abandonadas:
- Con agua (Central Hidroeléctica Reversible): es la versión más madura. Se aprovecha que muchas minas de carbón están inundadas y tienen enormes galerías subterráneas. El proyecto en El Bierzo (España) consiste en usar el agua contaminada de la mina como «peso». Cuando sobra energía solar, se bombea esa agua desde el fondo de la mina hasta un depósito en la superficie. Cuando falta energía, se suelta el agua, que cae por la tubería como en una central hidroeléctrica normal, haciendo girar la turbina.
- Con bloques sólidos (Pozo de Pesas): es el nuevo enfoque, más modular. Empresas como la australiana Green Gravity proponen instalar un sistema de raíles y poleas en el interior del pozo. Usan la electricidad sobrante para subir varias toneladas de material denso (hormigón, roca, o residuos mineros). Cuando se necesita energía, las pesas bajan. Un solo pozo de 500 metros de profundidad puede almacenar cientos de kilovatios-hora. La empresa suiza Energy Vault lleva esto un paso más allá, combinando las pesas sólidas con un sistema de «hidro-bloques» modulares que se apilan dentro del pozo.
Proyecto Navaleo: El Bierzo apuesta por el agua subterránea
A finales de febrero de 2026, la comarca leonesa del Bierzo fue noticia. La energética suiza Alpiq compró el proyecto «CDR Navaleo» a la familia Lamelas Viloria, histórica en la minería del carbón. La inversión rondará los 450 millones de euros. ¿El objetivo? Convertir las antiguas explotaciones mineras de Torre del Bierzo y Castropodame en una batería colosal.
Las cifras hablan por sí solas: potencia de 535 megavatios, podrá generar energía limpia durante 8 horas seguidas, depurará el agua ácida y contaminada, previsión de que esté operativa a principios de la década de 2030. La Comisión Europea ya lo ha declarado Proyecto de Interés Común, lo que acelera su financiación y tramitación.
El peso de las toneladas: proyectos en Italia y Australia
El movimiento es global. Si España usa el agua, Australia e Italia están poniendo a prueba el sistema de pesas sólidas.
- Australia (Green Gravity): han firmado un acuerdo para probar su tecnología en la mina de carbón Russell Vale, en Nueva Gales del Sur. Planean usar la electricidad solar para subir pesos de 40 toneladas por un pozo de 400 metros de profundidad . El gobierno de Nueva Gales del Sur apoya el proyecto como parte de su estrategia de reutilización de minas. Las pruebas empezarán en 2026.
- Italia (Energy Vault): la isla de Cerdeña alberga el proyecto «Miniera d’Energia». Dentro de la mina de carbón de Nuraxi Figus, están instalando un sistema híbrido único: 20 MW de gravedad (bloques modulares en los pozos de 500 metros) combinados con 80 MW de baterías de litio en la superficie. Esto permite lo mejor de ambos mundos: la rapidez del litio y la constancia de la gravedad.
Cara a cara con el litio… y un desafío pendiente
Como casi todas las alternativas que se buscan al litio las ventajas son claras. Hablamos de mayor durabilidad, fácilmente 40 o 50 años, mayor seguridad, sin metales raro cuya extracción es cara y contaminante y recupera minas abandonadas.
No todo es color de rosa, hay un desafío pendiente. El principal desafío es geográfico: necesitas una mina profunda, con estructura geológica estable y cerca de puntos de conexión a la red eléctrica. No vale cualquier agujero. Además, aunque el mantenimiento es barato, la inversión inicial es altísima (cientos de millones de euros). Otra limitación es la densidad energética. Un sistema de gravedad con pesas produce menos electricidad por metro cúbico que una pila de litio.
Donde antes se sacaba carbón quemándolo, ahora se usan los vacíos que dejó el carbón para almacenar viento y sol. La economía circular también ocurre bajo tierra.













