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Mientras España pone fecha de cierre a sus nucleares, el hombre más rico de Polonia encarga 14 reactores como quien encarga aviones: 4,2 gigavatios para cubrir el 11% de la demanda británica

Mientras España pone fecha de cierre a sus nucleares, el hombre más rico de Polonia encarga 14 reactores como quien encarga aviones: 4,2 gigavatios para cubrir el 11% de la demanda británica

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Por: Autonoción Redacción

Publicado: 07.07.2026 13:30

Los millonarios están a otro nivel y estamos acostumbrados a sus excentricidades, pero siempre nos pueden sorprender. Y es que imagina encargar 14 reactores nucleares con la misma naturalidad con la que una aerolínea encarga una flota de aviones. Así, sin aspavientos. Eso es exactamente lo que ha hecho Michał Sołowow, el segundo hombre más rico de Polonia —con una fortuna estimada en 23.000 millones de eslotis (unos 5.360 millones de euros)— a través de su empresa Synthos Green Energy (SGE). Su objetivo: construir 14 pequeños reactores modulares (SMR) distribuidos estratégicamente en tres ubicaciones del Reino Unido. No es una mera declaración de intenciones ni un movimiento publicitario; es una solicitud formal ya presentada ante las autoridades británicas para que el gobierno le dé luz verde.

Y no es para menos. Hablamos de una inversión masiva de 35.000 millones de libras (unos 175.000 millones de eslotis) diseñada para generar una potencia combinada de 4,2 gigavatios (GW). Para poner esta cifra en perspectiva, esta flota de reactores privados sería capaz de producir suficiente energía para cubrir de manera estable el 11% de toda la demanda eléctrica del Reino Unido. Es como si, de repente, un particular decidiera asumir la responsabilidad de abastecer el entramado eléctrico de millones de hogares e industrias de una potencia extranjera. La magnitud financiera y operativa del proyecto no tiene precedentes en el ámbito de la iniciativa privada contemporánea.

¿Qué son esos «pequeños reactores» y por qué son tan especiales?

La tecnología elegida para esta incursión británica es el BWRX-300, un reactor de agua en ebullición de 300 megavatios diseñado por la alianza global GE Vernova Hitachi Nuclear Energy. La verdadera ventaja de los SMR (Small Modular Reactors) no radica únicamente en su escala física reducida, sino en un cambio radical en el paradigma de manufactura. En lugar de levantar la obra de ingeniería desde cero en el emplazamiento definitivo, los componentes clave de estos reactores se fabrican en serie dentro de entornos industriales controlados para luego ser transportados listos para su ensamblaje final.

Piense en ello como la diferencia entre encargar una mansión hecha a medida, piedra a piedra bajo las inclemencias del tiempo, y adquirir una infraestructura prefabricada de alta precisión. La primera opción consume décadas y presupuestos abiertos; la segunda ofrece plazos predecibles, economías de escala y una estandarización de la seguridad. Sus defensores argumentan que esta modularidad es la única vía viable para revivir el sector nuclear comercial de forma competitiva. De hecho, el mundo mira con atención a Canadá, donde la construcción de la primera unidad de este tipo comenzó en 2025, con miras a finalizarse en 2029 e iniciar su operación comercial en 2030, sirviendo como el gran banco de pruebas para la viabilidad de la flota de Sołowow.

El respaldo del gobierno británico: un «contrato por diferencias»

Este ambicioso despliegue no se concibe como una aventura huérfana de apoyo institucional. SGE ha tramitado su solicitud formal bajo el amparo del Advanced Nuclear Framework (ANF) del Reino Unido, una estructura gubernamental diseñada específicamente para espolear y canalizar el capital privado hacia la nueva era nuclear. Este marco funciona como una autopista regulatoria simplificada, ofreciendo a los desarrolladores certezas técnicas y un sello de viabilidad que resulta indispensable para atraer la confianza de los grandes fondos de inversión internacionales.

La piedra angular que sostiene el andamiaje financiero de esta propuesta es la intención de operar bajo un esquema de Contrato por Diferencias (CfD, por sus siglas en inglés). El funcionamiento de este mecanismo es vital para entender por qué un inversor privado se atreve con la energía atómica: el Estado garantiza un precio fijo de compra para la electricidad generada por los SMR. Si los precios del mercado mayorista se hunden por debajo de ese umbral, el gobierno compensa la diferencia al productor; si los precios se disparan, el excedente se devuelve a las arcas públicas. Este mecanismo elimina de la ecuación el riesgo de la volatilidad del mercado energético a largo plazo, protegiendo los márgenes operativos del proyecto durante las décadas que dure su vida útil.

Los gigantes en la sombra: El ecosistema de alianzas tras el proyecto

El despliegue de una infraestructura de 35.000 millones de libras no es una tarea que un hombre, por muy acaudalado que sea, pueda ejecutar en solitario. Detrás de la firma Synthos Green Energy (SGE) se ha articulado un consorcio internacional que combina la vanguardia tecnológica con el músculo financiero y constructivo. Entre los socios estratégicos destacan multinacionales como GE Vernova Hitachi Nuclear Energy (diseñadora del reactor), Samsung C&T, Laing O’Rourke, Aecon Group Inc., Fermi Development y Etara. Asimismo, el proyecto contará con el respaldo operativo de una empresa con experiencia contrastada en la gestión de plantas nucleares, cuyo nombre se mantiene bajo estricta confidencialidad comercial por el momento.

La inclusión de gigantes tecnológicos en este entramado responde a una necesidad crítica de la economía digital actual: el consumo energético de la inteligencia artificial. De acuerdo con informes sectoriales, Sołowow aspira a consolidar una alianza estrecha con Google Cloud para vincular la producción de estos 14 SMR con una megainversión de hasta 4.500 millones de libras destinada a la creación de centros de datos.

El contexto polaco: un gigante energético con los pies de barro

Para comprender la audacia de los movimientos internacionales de Sołowow, es imprescindible analizar la crítica situación energética de su país de origen. Polonia se encuentra en una encrucijada histórica: genera más de la mitad de su electricidad mediante la quema de carbón, lo que convierte a su mix energético en uno de los más intensivos en emisiones de carbono de toda la Unión Europea. No obstante, este modelo de dependencia de los combustibles fósiles es insostenible a corto plazo debido a las estrictas normativas climáticas de Bruselas, los costes prohibitivos de los derechos de emisión de CO₂ y la urgencia geopolítica de alcanzar la soberanía energética tras las crisis derivadas de la guerra en Ucrania.

Para subsanar esta vulnerabilidad, Polonia contempla inversiones que rozan los 270.000 millones de dólares de cara a la próxima década, destinando una partida sustancial al desarrollo atómico. Sin embargo, los proyectos estatales avanzan con la pesadez propia de las grandes burocracias. El plan para erigir su primera central nuclear convencional de gran escala —un complejo proyectado con tecnología de la estadounidense Westinghouse en la costa del Báltico— ha requerido que la Comisión Europea valide ayudas estatales por valor de 60.000 millones de eslotis (unos 14.200 millones de euros) para desbloquear su inicio de obras. Con una fecha de inauguración que no llegará antes de mediados de la próxima década, los SMR privados se perfilan como la única alternativa ágil para acelerar la transición energética.

Sołowow: el visionario que apuesta por el átomo

La incursión en tierras británicas no es un impulso improvisado, sino la ramificación de una estrategia que Sołowow lleva madurando años en su mercado doméstico. A través de Orlen Synthos Green Energy (OSGE) —una sociedad conjunta constituida junto al gigante petrolero estatal polaco Orlen—, el magnate mantiene una intensa campaña de presión sobre el Ministerio de Energía de Varsovia. Su meta en Polonia es igualmente ambiciosa: implementar un mecanismo de soporte tarifario análogo para desplegar una flota inicial de 14 reactores BWRX-300 en tres emplazamientos, con la proyección última de edificar hasta 26 unidades por todo el territorio nacional.

No obstante, las trabas regulatorias y la lentitud burocrática del gobierno polaco contrastan con la agilidad institucional de Londres. Mientras Varsovia debate los mecanismos de ayuda, el Advanced Nuclear Framework británico ha ofrecido al multimillonario una rampa de lanzamiento inmediata. La maniobra de Sołowow encierra una clara lección de negocios: el capital y la tecnología migran hacia donde las condiciones de mercado y las facilidades normativas son más favorables. Al diversificar sus operaciones hacia el Reino Unido, no solo acelera sus plazos de ejecución, sino que utiliza el mercado británico como un escaparate internacional inmejorable para demostrar la viabilidad comercial de su visión.

Implicaciones y futuro: un modelo a seguir

El macroproyecto de SGE en el Reino Unido se erige como un laboratorio global para la industria energética del siglo XXI. De su éxito o fracaso dependerá que la promesa teórica de los reactores SMR —suministro eléctrico libre de emisiones, costes controlados y plazos de instalación expeditivos— se consolide como una realidad comercial o quede relegada a otra expectativa tecnológica frustrada. Si el consorcio liderado por el magnate polaco logra sortear los estrictos controles técnicos y la oposición de los colectivos locales, establecerá un precedente normativo y financiero que los gobiernos de todo el mundo se apresurarán a replicar para cumplir con sus metas net-zero.

Para el panorama político de Polonia, este movimiento representa una seria llamada de atención en materia de competitividad económica. Evidencia la paradoja de un Estado que, mientras compromete ingentes recursos públicos en planificar infraestructuras que tardarán más de una década en materializarse, contempla cómo su mayor fortuna prefiere desviar su capital, sus alianzas tecnológicas con colosos como Google y sus soluciones energéticas de vanguardia hacia el extranjero. En la vertiginosa carrera global por liderar la transición hacia fuentes limpias, Michał Sołowow ha decidido no esperar a la burocracia de su país, eligiendo el territorio británico como la pista de despegue definitiva para la energía del futuro.

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