Cuántas veces hemos optado por cuelga fáciles o cualquier opción similar para no tener que coger el taladro y perforar la pared para colgar un cuadro. Y es que si alguna vez has tenido que colgar un cuadro en una pared de hormigón, sabes lo que es sufrir con el taladro. El polvo, el ruido, la broca que se recalienta… Estamos hablando de una pared de 20 centímetros y ya sudamos la gota gorda, así que imagina si lo que quieres perforar son 10 kilómetros de roca maciza. A ese grosor añádele que la temperatura en el fondo ronda los 400 grados centígrados. Las brocas convencionales, por muy duras que sean, se funden o se rompen mucho antes de llegar.
Ese ha sido el gran problema de la energía geotérmica durante décadas. No es un secreto que bajo nuestros pies hay un calor prácticamente infinito. El centro de la Tierra está a más de 5.000 grados, y aunque no necesitamos bajar tanto, con llegar a unos pocos kilómetros de profundidad ya tenemos temperaturas suficientes para generar electricidad sin parar, día y noche, llueva o haga sol, el problema es llegar. Siempre ha sido llegar.
Ahora, un grupo de ingenieros del MIT ha decidido dejar de intentar perforar la roca… y ha optado por fundirla. O más bien, vaporizarla. Y lo hacen con un arma secreta que parece sacada de una película de ciencia ficción: un haz de microondas de alta potencia. La misma tecnología que usan los reactores de fusión nuclear para calentar el plasma a millones de grados, reconvertida en un taladro de rayos que derrite el granito como si fuera mantequilla.
Convertir la roca en mantequilla… sin que nada explote
Cuesta pensar en un rayo láser apuntando a la roca y aplicando tanto calor como para derretirla sin que explote por los aires. Suena a imposible, pero es lo que están haciendo. La tecnología se llama perforación por ondas milimétricas, y la está desarrollando una empresa llamada Quaise Energy, nacida en el MIT. El corazón del sistema es un dispositivo llamado girotrón. Suena a nombre de súper héroe, pero no dejar de ser una versión monstruosamente potente del magnetrón que tiene tu microondas de casa.
Un microondas doméstico tiene unos 1.000 vatios de potencia. Un girotrón industrial puede tener más de un millón de vatios. Ese haz de energía, dirigido contra la roca, no calienta el ambiente: calienta la propia roca de forma tan intensa y concentrada que la superficie se funde y se vaporiza al instante. Literalmente, desaparece.
El proceso es sorprendente ya que primero las microondas se disparan contra el fondo del agujero. La roca se calienta en milisegundos a más de 2.000 grados y se vaporiza. Un gas a presión (normalmente nitrógeno o aire comprimido) sopla los restos hacia arriba, como si fuera una aspiradora gigante. Las paredes del túnel no se derrumban porque el calor las vitrifica (las convierte en una capa de vidrio sólido) que las sella y las refuerza.
El resultado: un agujero limpio, circular y con paredes de cristal. Y lo mejor de todo: no hay desgaste. No hay broca que cambiar, no hay pieza mecánica que se rompa con el calor. El haz de microondas no se cansa. Solo necesita electricidad y un poco de gas refrigerante.
Lo curioso es de dónde sale la idea, porque no nació en la industria petrolera, sino en la de la fusión nuclear. Paul Woskov, ingeniero del Plasma Science and Fusion Center del MIT, llevaba décadas usando girotrones para calentar plasma cuando, en 2008, el propio MIT lanzó una convocatoria en busca de nuevas tecnologías de perforación geotérmica. Woskov ató cabos: si estos haces calientan plasma a millones de grados, una roca no debería resistirse. De aquellos experimentos nació Quaise Energy en 2018, fundada por Carlos Araque, ingeniero del MIT que pasó años en Schlumberger, el gigante de los servicios petroleros. El círculo se cierra solo: tecnología pensada para la energía del futuro desbloqueando el calor que la Tierra guarda desde siempre.
118 metros de roca vaporizada: la prueba de que funciona
No estamos hablando de una idea loca sobre el papel. Quaise Energy ya ha demostrado que su tecnología funciona en el mundo real. En 2025, la empresa realizó una prueba de campo exitosa en Texas, donde lograron vaporizar 118 metros de roca en condiciones reales.
Los números de aquella prueba, en una cantera de granito de Marble Falls, explican el revuelo. El haz llegó a avanzar a un ritmo de 5 metros por hora: unas 50 veces más rápido que los 0,1 metros por hora a los que muerde una broca mecánica ese mismo granito. Y lo consiguieron a la primera. El agujero, eso sí, aún es modesto: unos 10 centímetros de diámetro, frente a los 21,6 que pide un pozo comercial. Unos meses antes, en abril de 2025, Quaise ya había montado su girotrón sobre un equipo de perforación petrolera real de Nabors Industries, uno de los mayores contratistas de perforación del mundo e inversor de la propia Quaise, creando el primer equipo híbrido capaz de alternar broca convencional y ondas milimétricas.
El siguiente paso es mucho más ambicioso. En los próximos meses, Quaise planea realizar la primera prueba de flujo geotérmico en Oregón. Y el lugar elegido no es cualquiera: es un área volcánica activa. Allí, el calor subterráneo está mucho más cerca de la superficie, lo que facilita llegar a las temperaturas mágicas que buscan: 400 grados centígrados.
¿Por qué 400 grados? Porque a esa temperatura, el agua se vuelve «supercrítica». No es ni líquido ni vapor, es algo intermedio que tiene una densidad energética enorme. Una planta geotérmica supercrítica puede generar hasta diez veces más electricidad que una planta geotérmica tradicional con el mismo caudal de agua. Es como pasar de una moto de 50cc a un coche de Fórmula 1.
Conviene ponerle nombre y letra pequeña a ese plan. El proyecto de Oregón se llama Project Obsidian y se levanta junto al flanco sur del volcán Newberry, una zona tan caliente que el terreno gana unos 100 grados por cada kilómetro de profundidad: con 3,5 kilómetros de pozo ya se superan los 300 grados. La primera fase contempla una planta de 50 MW operativa, como muy pronto, en 2030, y una segunda fase de 250 MW, para las que la empresa busca unos 200 millones de dólares. Eso sí, los primeros pozos de este 2026 se perforarán con técnicas convencionales —la prueba de circulación está prevista para finales de año— y el taladro de microondas no entrará en acción en Oregón hasta 2027 como muy pronto. El régimen supercrítico de los 400 grados es la meta de las fases siguientes, no de esta primera.
Energía infinita, 24 horas al día, 7 días a la semana
Si esta tecnología funciona a gran escala, cambia las reglas del juego energético. Hoy dependemos del sol y del viento, que son maravillosos pero no siempre están. La geotérmica, en cambio, produce siempre. Da igual si es de noche, si está nublado o si no corre una brisa. La Tierra está caliente las 24 horas del día.
El potencial es inmenso. El representante estadounidense Jake Auchincloss, que visitó las instalaciones del MIT, lo explicó claramente: esta tecnología podría llevar energía geotérmica a todo Estados Unidos, no solo al oeste montañoso. Incluso a estados del este, con rocas más frías, se podría llegar lo suficientemente profundo como para encontrar el calor necesario.
Además, no se necesitaría construir todo desde cero. La industria de los combustibles fósiles ha dejado un legado de pozos perforados, tuberías y turbinas que podrían reaprovecharse. La idea de Carlos Araque, CEO de Quaise, es clara: «Quiero que la industria del petróleo y el gas quiera hacer geotermia cuando crezca».
Los plazos son largos
Suena a panacea, pero aún está lejos de ser la solución a todos los males. La tecnología aún tiene retos por delante. Perforar 118 metros está muy bien, pero las plantas geotérmicas necesitan pozos de varios kilómetros de profundidad. Y la roca real no se comporta siempre como la del laboratorio: tiene grietas, bolsas de agua caliente a presión, fracturas inesperadas…
Para calibrar la montaña que queda por escalar, basta un dato histórico: el agujero más profundo jamás perforado, el pozo superprofundo de Kola, en la antigua URSS, se quedó en 12.262 metros tras casi dos décadas de trabajo. A esa profundidad, con la roca a unos 180 grados, el material se volvía casi plástico y el pozo tendía a cerrarse sobre sí mismo. Quaise habla de bajar a entre 10 y 20 kilómetros en unos 100 días de perforación por pozo. Antes tendrá que demostrar cosas más terrenales: su siguiente hito es completar el primer kilómetro con ondas milimétricas, previsto para este mismo 2026.
El propio representante Auchincloss reconoció que la tecnología «todavía está a años de distancia de funcionar en un estado con roca fría como Massachusetts». Y la propia empresa Quaise habla de la próxima prueba en Oregón como un paso más, no como la solución final. Pero la dirección es la correcta.
La energía geotérmica profunda ha sido durante décadas el «eterno prometedor»: todo el mundo sabía que era una fuente de energía limpia y constante, pero nadie conseguía hacerla económicamente viable. Las microondas pueden ser la llave que abra esa puerta.













