El mundo esta cambiando a pasos agigantados, y este cambio tiene un claro responsable, la inteligencia artificial. Apenas lleva unos años con nosotros, pero su crecimiento está siendo de proporciones inimaginables.
No vamos a decir todo el mundo, pero sí casi todo, ha adoptado esta tecnología, válida para todos los campos industriales, para casi cualquier tipo de trabajo, para uso personal, para uso profesional.
La IA está conquistando el mundo y la industria responsable, está explotando esta mina de oro al máximo, Más allá de los efectos que puede tener su evolución en todo el mundo a nivel humano, a nivel de las personas, que ven cómo su puesto de trabajo podría estar en riesgo, los efectos que ya está teniendo sobre el medio ambiente y la energía son desbastadores.
Hacer funcionar estas tecnologías, y sobre todo al rendimiento que lo están haciendo, a disposición de todo el mundo, para tareas sencillas o para tareas complicadísimas, supone un gasto brutal, de agua, por ejemplo, pero, sobre todo, de electricidad.
Por eso hay otra cosa que está aumentando considerablemente, la energía solar para lograr la máxima electricidad gastando los menos recursos posibles. Pero aquí entra en juego otro factor, el sol no brilla las 24 horas del día, excepto durante seis mese solo en los polos, y para aprovechar al máximo la energía, entra en juego las baterías, hasta ahora, obviamente, incapaces de soportar tanto gasto.
Y decimos hasta hora, porque Google acaba de dar un golpe sobre la mesa, apostando por algo inesperado, una batería de hierro y aire de la firma Form Energy: el gigante tecnológico ha comprometido, según fuentes del sector, unos 1.000 millones de dólares, unos 874 millones de euros al cambio, para instalarla junto a un centro de datos en Minnesota.
Form Energy y Google
Form Energy es una empresa, fundada en 2017 en Somerville, Massachusetts, y ha captado unos 1.048 millones de euros para lograr evolucionar su tecnología y llevarla al mercado.
Hace dos años, en el 2024, lanzó la planta Form Factory 1, construida en Weirton, Virginia Occidental, tardaron un año en levantarla, son 51.000 metros cuadrados, e hicieron falta 400 trabajadores.
El acuerdo con Google es total, y consiste en la instalación de su sistema de baterías de 300 megavatios y 30 gigavatios hora junto a un centro de datos, y estará junto a un centro de datos que está construyendo Google en Pine Island, Minnesota.
Para poder alimentar este centro, harán falta 1,4 gigavatios de energía eólica y 200 megavatios de energía solar, y es aquí donde entra en juego la batería Form Energy, ya que va a cubrir los huecos que dejen el viento y el sol durante varios días seguidos, un hito que no se puede realizar con una batería de litio, y menos a esa escala, no es rentable.
Un detalle importante del acuerdo: el proyecto se canaliza a través de Xcel Energy, la eléctrica local, que será quien instale y opere el sistema, mientras que Google paga toda la factura mediante una tarifa especial, bautizada como Clean Energy Accelerator, diseñada para que los clientes residenciales de Minnesota no vean subir su recibo de la luz.
Detrás del proyecto hay pedigrí: la empresa nació de los laboratorios del MIT y su consejero delegado, Mateo Jaramillo, es un ex directivo de Tesla Energy. Pero conviene matizar los plazos, porque el propio Jaramillo ha reconocido que los primeros módulos para Google no se enviarán hasta finales de 2028, cuando la fábrica de Virginia Occidental esté escalada hasta los 500 megavatios de capacidad de producción anual y una plantilla de al menos 750 personas.
Así funciona la batería
Debemos fijarnos en el principio de oxidación para entender el principio de la tecnología iron-air. Cuando se descarga, el hierro reacciones con el oxígeno del aire y se convierte en óxido. Esto libera electricidad durante el proceso, y al cargarse, el óxido queda reducido de nuevo a hierro metálico, por tanto, queda almacenada la energía para la próxima descarga.
Como resultado, obtenemos una batería que está capacitada para mantener suministro durante 100 horas, es decir, más de cuatro días. Por tanto, estamos hablando de unas cifras inalcanzables para ninguna tecnología fabricada hasta ahora.
Cada módulo tiene el tamaño aproximado de una lavadora y una secadora puestas una al lado de la otra, y aloja una pila de unas 50 celdas de un metro de altura bañadas en un electrolito acuoso no inflamable, similar al de una pila doméstica. La contrapartida es una densidad energética muy inferior a la del litio, algo irrelevante en una instalación fija, donde el espacio importa mucho menos que la duración y el coste.
Eso sí, desde Form Energy afirman que estas tecnologías no deben competir unas con otras, deben complementarse, porque un sistema rentable requiere de activos de almacenamiento a corto plazo, y eso lo da el, ion-litio, pero también a largo plazo, y eso lo da el hierro y el aire. También han presumido de durabilidad y seguridad: al no haber riesgo de fuga térmica, no hace falta ni sistema antiincendios, y la propia empresa asegura que puede almacenar energía a menos de una décima parte del coste por kilovatio hora de una batería de litio.
Más allá de Google
Google solo ha sido el primero, pero seguro que van a llegar muchos más detrás. Form Energy tiene en marcha otros proyectos, como el de Minnesota junto a Great River Energy, que consta de un sistema de 1,5 megavatios y 100 horas de duración, que es equivalente a 150 megavatios hora, lo que va a convertirse en la primera demostración de cara al comercio de cómo funciona esta tecnología en una red eléctrica real.
También tiene sobre la mesa un proyecto aún más grane, en Maine, de 85 megavatios y 8.500 megavatios hora, financiado en parte con una ayuda de 147 millones de dólares del Departamento de Energía de Estados Unidos.
Y la lista no acaba ahí: Georgia Power tiene contratado un sistema de 15 megavatios y 1.500 megavatios hora, hay proyectos con ayudas públicas en California y Nueva York, y la propia Xcel Energy ya tenía aprobada desde 2023 una batería de Form de 10 megavatios y 1 gigavatio hora en la central de carbón de Sherco, que cerrará por fases antes de 2030.
El movimiento tampoco es aislado dentro de la propia Google: Alphabet pagó 4.750 millones de dólares en diciembre por la desarrolladora renovable Intersect, TotalEnergies acaba de firmarle 1 gigavatio de energía solar en Texas, y mantiene acuerdos con la geotermia de Fervo en Nevada y la batería de CO2 de Energy Dome. La energía se ha convertido en el verdadero cuello de botella de la IA, más incluso que los chips.
El mundo está cambiando a pasos agigantados, y la llegada de la Inteligencia Artificial está poniendo en juego la capacidad energética del planeta. Para ser autosuficiente, y por qué no, para evitar un posible colapso, Google ha tomado cartas en el asunto y hace un movimiento al alcance de auténticos líderes mundiales. Mientras tanto, la IA sigue avanzado, va camino de volverse el motor del mundo, así que hacen falta buenas baterías para mantenerlo en movimiento.
El primer examen de verdad, en cualquier caso, está a la vuelta de la esquina: la instalación de Cambridge, en el propio Minnesota, debe entrar en servicio este mismo año, y de sus resultados dependerá que el resto de gigantes tecnológicos se lance en tromba a por la batería de 100 horas. Si cumple lo prometido, las centrales de gas de respaldo de los centros de datos tienen un problema serio.













