Si Interlagos es un templo es porque es un lugar capaz de curarlo todo, hasta a cualquier categoría herida. En el trazado brasileño, por arte de magia, se desata la locura de repente, entre las mágicas eses de Senna y las tormentas salvajes que van y vienen. Toda la parrilla arrancó y terminó con intermedios (con paso por seco) y por eso Fernando Alonso dejó otra maniobra para la historia, yendo más rápido que los Ferrari y humillando a Lewis Hamilton en el tramo inicial de la carrera. Max Verstappen recordó por qué está en el olimpo de la Fórmula 1, remontando hasta el podio en veinte vueltas.
Terminó segundo, con su compañero Isack Hadjar tercero y con Lando Norris ganando con maestría y liderando durante 47 giros. El británico gestionó con brillo y tuvo mucho ritmo desde que se apagaron los semáforos, con condiciones de mojado. La salida fue de lo poco tranquilo que hay en Brasil a pesar de que todos arrancaran con intermedios. La pista se estaba secando, sobre todo el último sector, y apenas transcurrieron unos giros hasta empezar a montar ruedas de seco. Antonelli fue el beneficiado de la salida y se puso primero aunque Hamilton tampoco se puede quejar: partía desde el fondo de la parrilla y ganó diez posiciones en apenas dos vueltas.
Tanto él como Verstappen se subieron al top diez en la vuelta cuatro. Prontísimo. Dos cohetes. El neerlandés comenzó encendido y le quitó las pegatinas a Hamilton en la subida, asomándose a la recta de meta. Luego atacó a Piastri y Albon en las eses y los pasó en la vuelta seis, ganando catorce puestos en las primeras vueltas. Alonso, por su parte, todo lo contrario: conforme la pista se fue secando, fue perdiendo posiciones, como era de esperar. Menos mal que evitó un KO total cuando un Haas le obligó a salirse de pista en la tres.
El ritmo del Aston Martin sin agua era una incógnita y el asturiano peleaba con Sainz por la P14 en la vuelta siete. Con el asfalto húmedo, estuvo como pez en el agua mientras los Ferrari sufrían. Tanto, que Alonso adelantó y humilló a Hamilton por el exterior de la curva seis. Una de esas maniobras que no se olvidan en la vida: un Aston Martin a un Ferrari. Otra obra de arte del bicampeón. El español fue a por la caza de Leclerc haciendo gala de su gran ritmo. Se los comía en las frenadas a los coches rojos. Surrealista situación.
Así va el Mundial
1Antonelli3806Norris22117Alonso7Sainz y Hamilton fueron los primeros en montar slicks, apostando por los blandos en la vuelta dieciséis. Acertaron las condiciones y el resto de la parrilla les siguió. Entre tanto caos del pitlane, Russell trompeó en la calle de salida y Antonelli, tras las paradas, siguió liderando. A su Mercedes le ocurría algo extrañísimo que nadie en el equipo entendía: trompeó en la uno y cedió el liderato. Luego le pasaron Hadjar y Verstappen por los problemas que tenía el italiano, que se salió de pista en la uno de nuevo.
Varios pilotos bloquearon en la primera curva, de hecho. Alonso, con un ritmo bestial y recortando varios segundos a Hamilton, no podía con Albon. Recortaba en la zona revirada pero el Williams se alejaba en las rectas de forma escandalosa hasta que el británico se equivocó en la uno y le cedió la undécima plaza. En la cabeza, lideraba Norris y creía que podía llegar hasta el final con un stint larguísimo. Red Bull hizo lo contrario con Verstappen y lo paró en la vuelta 46. Su compañero Hadjar le había dejado pasar unas vueltas antes y propuso no parar e ir hasta el final con blandos.
Era su oportunidad de terminar delante de su compañero mientras rodaba segundo, a doce segundos del líder Norris. El británico al final sí que paró, en la vuelta 50, y salió en cuarta posición, con Piastri, Antonelli y Hadjar delante. El francés no quería parar pero al final todos lo hicieron: nadie llegó hasta el final y el ritmo con blandos nuevos era fortísimo. Al final de la carrera, hubo amenaza de lluvia para recordar que Interlagos es una preciosa locura. El primer valiente en probar intermedios fue Alonso, a falta de diez vueltas, enfilando un final de carrera salvaje, aunque no pudo remontar y se quedó en la duodécima.
No hubo tanto caos como se esperaba, excepto por el trompo de Hamilton antes de quitarse los blandos. Sainz tardó mucho en parar y perdió mucho tiempo con los blandos. El madrileño cruzó la meta en decimonovena plaza en una carrera para el olvido.










